Por: María de los ángeles Pérez Polo
La moda ha evolucionado con el paso de los años. Más que cubrir el cuerpo o darle abrigo, funciona como una forma de expresión artística que nace de una interacción cultural, de una necesidad de transmitir ideas y generar debates sin necesidad de palabras literales, sino decisiones estilísticas, volúmenes y textiles.
Sin embargo, al observar las pasarelas, surge una duda inevitable: ¿Para qué se crean prendas tan “raras” que aparentemente nadie usaría?
Las pasarelas exageran conceptos para crear impacto, mostrar la creatividad técnica del diseñador o diseñadora, y provocar a la sociedad a través de historias. Una prenda extravagante captura la atención, pero son sus rasgos sutiles los que dictan las tendencias de la temporada.

En la película “El diablo viste a la moda” (una película casi referente en estos temas) la escena dónde Miranda Priestly explica magistralmente como el suéter azul cerúleo (celeste en adaptaciones al español) que está utilizando Andy no es una simple elección trivial de una tienda de descuento, sino que corresponde al resultado final de un proceso que comenzó años atrás en las pasarelas de alta costura no es más que una ilustración de lo que sucede en la industria de la moda real.
La moda como narrativa y escape del artista
Más allá del mercado, la moda evoca emociones. Se trata de narrar historias o sensaciones inexplicables, como los diseños intrincados y flowy de Iris Van Herpen, donde las modelos parecen esculturas líquidas que flotan, o el surrealismo de Elsa Schiaparelli, quien desafió la lógica de las formas.
Muchas veces, la extravagancia es el mejor recurso para escapar de la realidad o para representar lo que sienten sobre ella. Diseñadores como John Galliano o Alexander McQueen demostraron que una vida en ocasiones problemática puede crear moda diciente: obras de arte que se complejizan al estar en movimiento. Desde el punk hasta la sátira de Ágatha Ruiz de la Prada con su colección de 2009 inspirada en alimentos, la “rareza” es una herramienta política y social.
“Lo feo es atractivo. Lo feo es emocionante. La investigación de la fealdad es, para mí, más interesante que la idea burguesa de la belleza”. — Miuccia Prada.

Esta visión es compartida por grandes mentes de la industria. Jean Paul Gaultier confesaba su amor por aquellos llamados “monstruos” que, en realidad, solo destacan por su belleza única. Por su parte, Carol Lim y Humberto Leon sentencian: “Somos raros, nos gustan las cosas raras y queremos seguir trabajando con cosas raras”.
Más que defender la extravagancia, defiendo su necesidad. La moda debe irrumpir en la normalidad cotidiana. Sin la valentía de proponer un sombrero largo de punta o un vestido con mensajes disruptivos, ¿cómo podría evolucionar la industria, las alfombras rojas o los escenarios de los conciertos?
La respuesta no requiere de definiciones complejas ni conceptos técnicos; a veces, solo se necesita un buen drapeado o una cola larga de luces para entender que la rareza es el motor del cambio.