Por: Javier Franco Altamar
La reciente película ‘Michael’ sobre el ‘Rey del pop’ Michael Jackson ofrece tantos elementos valiosos que es menester recomendarla. Porque es una mezcla muy poderosa entre el relato dramático, la puesta en escena de cada personaje, y el espectáculo musical implicado en la sola presencia del artista.
Es fácil suponer que no todo mundo pudo asistir a alguna de las presentaciones en vivo de Michael Jackson, por lo que esta cinta, en un principio, hasta podría ser tenida como una bonita oportunidad para hacerlo. Pero incluso para quienes sí lograron tener al frente al artista en una tarima, ver la película es volver a experimentarlo. Y mejor aún, porque la cinta permite acompañarlo más de cerca, estar a su lado y hasta seguirlo en su coreografía. Es de admitir que los primeros planos son fenomenales, imágenes fuera del alcance de las masas apretujadas de los coliseos.
Por todo esto, podrá entenderse que si bien esta cinta tiene mucho de espectáculo musical en sus dos horas de duración, la ventaja es que no es uno solo, sino fragmentos impactantes de cada uno, lo que sugiere una experiencia viajera en el tiempo, sin moverse de la silla. O bailando frente a ella, como se ha visto a algunos asistentes de sala disfrazados con los atuendos del personaje.
Y hay más: la experiencia en la sala ofrece el ingrediente adicional de que vamos viendo al genio desarrollándose en una línea cronológica, desde sus tiempos de brillos iniciales infantiles, hasta sus momentos de cumbre. Recordemos que él nació en Indiana en 1958, triunfó con varios de sus hermanos en la agrupación ‘The Jackson 5′, tocó la primera cima en los años 80 con el superálbum ‘Thiller’, y murió a los 50 años de edad en Los Ángeles, California.
La conexión entre cada etapa es clara, y los espectadores vamos caminando con el artista hasta su mitificación. En esa ruta, lo apreciamos interpretando su más sonados éxitos; pero, al mismo tiempo, acompañamos su crecimiento como el ser humano misterioso e inaccesible que quiso ser, o que le tocó ser: póngalo como quiera.
Hay algunos críticos que echan de menos el acceso a la siquis del personaje por haber puesto, la película, su mayor acento en lo musical, pero esto no es cierto. Primero, porque es imposible. Michael Jackson no podría entenderse, jamás, sin su estatura musical. Por otra parte, hay escenas y diálogos en los que saltan a la vista sus pensamientos, su derrotero moral, sus principios, su dimensión filantrópica, y lo que piensa del amor, la paz, la niñez y los animales, por ejemplo.
En todo caso, para no dañarles la experiencia, lo que no se dice sobre Michael Jackson en la película, se insinúa; al mismo tiempo, lo que no se insinúa, se muestra, y se hace a través de fenomenales actuaciones.


La cinta está dirigida por Antoine Fuqua, y fue escrita por John Logan. Ambos aspectos son destacables, pero la interpretación de Michael, por cuenta de su sobrino Jaafar Jackson, es un portento. Puede que haya en el mundo muy excelsos imitadores del ‘Rey del Pop’, pero una cosa es caricaturizarlo y otra es caminar, hablar, cantar y bailar como él, con el mismo rigor perfeccionista. Los entendidos explican que todo eso fue un esfuerzo de años, facilitado por el biotipo familiar: y vaya que funcionó.
Tanto para Jaafar como para el niño Juliano Krue Valdi, quien interpretó al cantante en su infancia, la película significó su debut como actores. En el caso del niño, su elección fue casi natural porque este muchachito ya era muy visible en redes sociales, donde compartía coreografías inspiradas en el repertorio del artista.
El elenco secundario incluye a Nia Long, KeiLyn Durrel Jones, Laura Harrier, Jessica Sula, Mike Myers, Miles Teller y Colman Domingo. Este último se faja una intimidante representación de Joseph, el padre de Michael, que transmite todo lo que se sabe de él y lo que significó -para bien o para mal, o para las dos cosas- en la carrera de su hijo.
Todo esto que acabo de escribir puede resumirse así:
Si usted ha admirado toda la vida a Michael Jackson, la película funciona como gimnasia espiritual para reforzar esa admiración. Si nunca asistió a ninguno de sus conciertos, en la sala de cine podrá sentirse en uno de ellos. Si asistió a alguno de esos conciertos, en la sala podrá experimentarlo desde otras perspectivas más potentes. Y si no sabía nada sobre este artista, podrá acceder, como mínimo, a tres de sus dimensiones: la musical, la sicológica y la filantrópica.
En este estricto plano musical, quien se enfrenta por primera vez a Michael en esta película, podrá contar, en lo sucesivo, con un parámetro con el cual comparar a sus ídolos de hoy. El riesgo es que todos ellos podrían hasta quedar muy mal parados. Eso, si la película lo impresiona, como lo está haciendo con el resto de los terrícolas.