
Por: Dido Polo Monterrosa
El transformismo, según indica Wikipedia, es “un sustantivo usado para referirse a la caracterización o disfraz mediante el cual una persona (generalmente de sexo masculino) adopta las costumbres (maquillaje, vestimenta, gestos, forma de hablar) que se le asignan al sexo opuesto”.
Para Mairon Mendoza, un chico de 24 años oriundo del municipio de Polonuevo, Atlántico, el transformismo es el arte de mostrar la belleza en una persona en cualquiera de los dos sexos y la sonrisa que tiene de oreja a oreja hace hincapié en lo felíz que se siente de ser un proceso y del personaje que lidera el carnaval gay de Barranquilla: Reashell Muñoz Acosta.
En el momento que Mairon Mendoza saca sus pinceles, labiales y pelucas empieza uno de los procesos más asombrosos que una persona pueda llegar a ver. Las manos del chico en movimiento indican que es hora de prestarle el cuerpo a Reashell.
“Estoy muy feliz de ser un proceso y en medio de todo este proceso deslumbrar el arte” -Reashell Muñoz
Mairon va desapareciendo poco a poco, cada vez que va aplicando un nuevo producto que saca de su enorme morral de maquillajes le va dando vida a la rubia ojos verdes, es inevitable creer que existe un toque de magia en este proceso. Para los más cercanos a Mairon, verlo es algo tan común como respirar.

El ambiente empieza a reconocer la presencia de Reashell, Mairon observa con cautela el reloj y sabe que ya es hora de ir cambiando los temas de conversación con aquellos que se encuentran en el lugar. El proceso se convierte en un espectáculo de risas, anécdotas (de Reashell, claro está) y mamadera de gallo. Victoria Muñoz, transformista y amiga de Mairon expresa que todo ello hace parte de “la parafernalia de los bagajes del transformismo”. La tan refinada frase, me mueve las fibras y me lleva a pensar en que este proceso ya no lleva magia sino que se convierte en un arte.
Un arte que implica talento, disciplina y seguridad, pues es llevar la imagen de la mujer a su expresión artística más elaborada.
Al terminar de maquillarse, aún quedan rastros de Mairon, el cabello y su ropa lo delatan, pero Reashell decidida, sabe que es momento de que se marche del todo. Toma su peluca rubia con destellos cenizos y la peina con delicadeza, como si de una bebé se tratara. Al agachar su cabeza, acomodar la peluca y levantar el rostro Reashell dice: ¡llegué yo!

Pero eso no es todo, debe buscar la vestimenta adecuada para el evento, saca un vestido blanco, que de inmediato es arrebatado de sus manos por Marisabel Mendoza, su madre, para darle ese toque por el que toda madre se preocupa: que no tenga ni una arruga. Marisabel lo plancha y le ayuda a ponérselo, con mucho cuidado sube las correderas que se ajustan perfectamente a las curvas de Reashell.
Todo está casi listo, solo saca unos tacones (altísimos, de hecho) y esconde los pies de Mairon ahí. Ahora sí no queda ninguna prueba de que el rubio ojos café estuvo ahí.
