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MÚSICA DEL CARIBE COLOMBIANO

CONOCIENDO NUESTRA MÚSICA: CARIBE COLOMBIANO

El Caribe Colombiano es conocido por las distintas mezclas de ritmos, sonidos, sabores y colores que se viven a través de su gente. Cualquiera que llegue a visitarlo tiene la oportunidad de experimentar la gran acogida que el Caribe brinda.

De las características más importantes de esta región, está la música: uno de los pilares fundamentales de su cultura. Desde la península de la Guajira hasta el golfo de Urabá se escuchan diversos cantos, ritmos y el sonar de instrumentos propios de la región.

Tres grandes continentes, América, Asia y Europa, se unieron para darle vida a la música que representa el Caribe, así como las razas indígena, negra y blanca abrieron paso a la creación de instrumentos de fricción, percusión y viento, que con el pasar de los años, terminarían mezclados para representar a toda una región y un pueblo: sus alegrías, tristezas, desamores y sentimientos. 

Muchos de los ritmos creados gracias a esta combinación, fueron completamente autóctonos, mientras que otros se originaron gracias a las variaciones de ritmos ya existentes de estos continentes. La Cumbia, la gaita, el bullerengue, el mapalé, la puya, el son vallenato, la tambora y la champeta son algunos de los tantos sonidos representativos que tanto ponen a gozar a nacionales como a extranjeros en las grandes festividades de la región. Mientras tantos, para poder originarlos, muchos instrumentos como la gaita, la caja, la guacharaca, la tambora y el tambor alegre, fueron creados o modificados. 

Juventino Ojito, director de Son Mocaná, ganador de varios congos de oro consecutivos, habla acerca de la conformación histórica de los ritmos del Caribe.

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Al norte del país, Valledupar es conocida por ser el corazón del vallenato, género musical declarado por la UNESCO como Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad y que cuenta con instrumentos como el acordeón (instrumento de origen europeo pero popularizado en esta región), la caja (tambor pequeño de cuero de chivo) y la guacharaca). Hoy esta ciudad es cada vez más conocida por ser la sede del Festival de la Leyenda Vallenata, el cual reúne una vez al año a trovadores, cantantes, compositores y acordeoneros de Colombia y el mundo, disputándose el título de Rey Vallenato, otorgado por jurados al mejor intérprete del acordeón. En Valledupar, el acordeón es tan importante que cuenta con múltiples representaciones artísticas en la ciudad. Una de ellas es la Casa Museo del Acordeón, que se ha dedicado a contar la evolución de este instrumento y los diferentes formatos en donde se ha reproducido la música vallenata. (ProColombia, 2018)

Otro género importante de esta región es la cumbia, la cual se vive con mayor fulgor en el centro de la región, en ciudades como Barranquilla, en donde tiene gran protagonismo gracias a los Carnavales, siendo también un importante punto de referencia la Depresión Momposina. La cumbia es una de las expresiones culturales más representativas de Colombia ante el mundo, este ritmo nacido gracias a la mezcla  cultural entre los indígenas, los afro descendientes y los hispanos en la época de la colonia española en el siglo XXVII “mezcla diferentes instrumentos musicales como la gaita (una especie de flauta de 80 centímetros creada por los indígenas kogui), el guache, las maracas tradicionales y los tambores” (Marca Colombia, 2018).  Este ritmo musical nacido en el Caribe Colombiano es considerado la madre de los ritmos afrocaribeños, esparciéndose por toda Latinoamérica a lo largo del siglo XX, por lo cual, hoy es un género músical ampliamente popular con distintas interpretaciones y variantes. De las canciones más representativas de la cumbia colombiana son: La Pollera Colorá, La Piragua, La Cumbia Cienaguera y Yo me llamo Cumbia. Según el periódico Panorama Cultural, “En los últimos años ha aumentado el interés por la herencia musical de este ritmo, y muchos jóvenes han tomado las gaitas, maracas y tambores, como base fundamental de sus composiciones, en donde el ritmo es impuesto por el tambor costeño. Es un retorno a las raíces que favorece a toda la cultura colombiana en general. “

Un género reconocido en toda la región Caribe, por ser originario de las zonas afrodescendientes de la ciudad de Cartagena, es la Champeta. Muy vinculado con la cultura del corregimiento de San Basilio de Palenque, el primer pueblo libre de América declarado por la unesco como Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, gracias a su lenguaje (Palenquero), la comida y su música, compuesta sobre todo por tambores que aprenden a tocar los jóvenes desde muy pequeños. La champeta nació bajo la fusión de ritmos africanos y caribeños: la chalupa, una variante de la cumbia y el sukus, la rumba africana. Su término es un diminutivo de la palabra “champa”, una especie de machete y la “rula”, una herramienta utilizada para el trabajo de campo y la cocina, por lo cual, el termino provoco que este genero fuese asociado a la pobreza y al bajo nivel educativo de las clases bajas. Según el portal Red de Bibliotecas “La Champeta ha logrado transformar su imagen marginada y es hoy un movimiento musical que hace parte del panorama sonoro nacional, al punto de que la gala de clausura del Hay Festival Cartagena 2015, fue un homenaje a este género, teniendo como invitados principales a tres de sus exponentes más representativos: Viviano Torres (Ane Swing), Luis Towers y Charles King. “  Estos también indican como la champeta tuvo un gran auge a finales del siglo XX y principios del siglo XXI, con interpretes del género como El Sayayín, Mr Black, Elio Boom entre otros (Red de Bibliotecas, 2015).

Así como estos intérpretes de la Champeta, muchos son los que han exaltado la cultura de la música del caribe Colombiano en el panorama nacional como internacional. Por ejemplo, los Gaiteros de San Jacinto, grandes representantes de la gaita como instrumento de origen Caribeño, son una agrupación que conserva la música tradicional de este instrumento junto con los tambores africanos y las maracas indígenas. Este grupo nació a mediados de la década de los 40 en el municipio de San Jacinto en el departamento de Bolívar. En noviembre del 2007, fueron ganadores del premio a mejor álbum folclórico en los Grammy Latinos, en donde también tuvieron la oportunidad de presentarse en el escenario junto con Calle 13.

Otro grupo con proyección internacional que interpreta ritmos del Caribe Colombiano  es Kombilesa Mi, que significa ‘Mis amigos’ en español, es una fusión del Rap Folclórico Palenquero. Nueve artistas se dedican a preservar y difundir sus tradiciones a través de la música con canciones que se cantan en lengua palenquera y se acompañan al son de los tambores. Otro grupo, ‘Las alegres ambulancias’ también es conocido por su representación internacional. Conformado en su mayoría por adultos mayores, sus ritmos son caracterizados por el sonido del Lumbalú, un ritual funerario de su cultura en donde intervienen danzas y cantos para honrar a los muertos con tambores que hoy en día alegran a personas de todas partes del mundo. 

Historia de la música en el Caribe

Hace siglos atrás, tal vez con los indígenas americanos, la música del caribe tuvo sus inicios. Cuando todavía habitaban en las islas antes de la llegada de los europeos, en medio de ceremonias, como la denominada areito, en la que los participantes cantaban al son de los tambores y bailaban en círculos alrededor de de esas “cosas” hechas con madera hueca, matracas y otros instrumentos de percusión.

Con el pasar del tiempo, la música empieza a surgir como producto de la interacción entre esos esclavos africanos y los colonizadores europeos, en colonias de colonización, como Cuba y Puerto Rico, y colonias de plantación, como las Antillas británicas. Las primeras, atrayendo a un gran número de europeos, los cuales fueron dando lugar a florecientes culturas de música criolla.

La amplia población negra libre que circulaba por ahí y la importación relativamente tardía de esclavos permitieron conservar y promocionar las prácticas musicales neoafricanas que se habían empezado a dar y es así como en el siglo XIX, la burguesía local en estas colonias que cultivaba formas de música criolla vivas y nacionalistas, fueron dando lugar a géneros como la habanera y el danzón.

Pero las cosas no siempre son fáciles de mantener y cuando en las plantaciones británicas las represiones culturales empezaron a ser más severas y el comercio de esclavos finalizó antes de lo esperado, las tradiciones neoafricanas fueron perdiendo fuerza. Y así, la música de la burguesía criolla tampoco logró florecer en estas colonias, por el pequeño número de residentes europeos allí existentes.

Fue entonces cuando en el siglo XX, con la llegada de los medios de comunicación (especialmente las grabaciones de discos y las retransmisiones de radio), se estimularon la aparición de estilos musicales comerciales de baile popular, a expensas de la música tradicional. Aunque a pesar de ellos, estos nuevos estilos pop se vieron influenciados por la música popular de Estados Unidos (y hasta competían con ella), sin embargo, florecieron al combinar la música estadounidense con las tradiciones locales y en la década de 1940, el bolero cubano se hizo famoso en gran parte de Latinoamérica.

En la década de 1960 y en medio de la creciente ola de música, empezaron a surgir conjuntos más pequeños a medida que los amplificadores y los instrumentos eléctricos fueron invadiendo el mercado, ya que los directores de banda trataban de evitar los altos costes de mantenimiento de estos conjuntos. En este periodo entonces, las comunidades de inmigrantes caribeños de las ciudades de Estados Unidos empezaron a jugar un papel decisivo en la creación y difusión de la música popular caribeña. Especialmente la ciudad de Nueva York, la cual se convirtió en un centro muy activo de producción y consumo de música popular latinoamericana.

Luego, en las décadas de 1960 y 1970, surgió la salsa como popular reinterpretación de la música bailable cubana, al tiempo que el reggae jamaicano se extendía por todo el mundo. Los principales intérpretes de estos dos géneros, el cantante de salsa Rubén Blades y el de reggae Bob Marley, promocionaron estos ritmos con un contenido sociopolítico idealista, optimista y activo, y en la década de 1980, por el contrario, los géneros musicales latinos dominantes en esta región eran más sentimentales, como la salsa romántica y el merengue, de corte más ligero.

Finalmente, en la década de 1990, ha surgido una nueva generación de intérpretes caribeños, como el artista jamaicano Buju Banton y el cantante dominicano Juan Luis Guerra.

Reflexionar sobre la música y los ritmos del Caribe también implica nombrar a los distintos intérpretes de esta, ya que estos han hecho eco de ella y la han llevado a surgir, mantenerse y renovarse, creando nuevos estilos; como Francisco Zumaqué, quien ha construido una carrera en la que no solo han primado las canciones populares, sino también la producción de proyectos musicales de mayor envergadura.

Zumaqué es un músico que se caracteriza tanto por su versatilidad como por el amplio dominio que tiene de las distintas técnicas de composición musical contemporáneas.

Sus canciones hacen parte de la musicografía no solo caribeña, sino colombiana, pues se integran en el imaginario de una nación que ha cantado en cada partido de la selección de fútbol Colombia Caribe, mejor conocida por el estribillo “Sí, sí, Colombia; sí, sí Caribe”, o la que se ha escuchado interpretar en cada elección de la Señorita Colombia “Las mujeres de mi tierra”.

La idea es darle la importancia al pasado de la música, tener la visión correcta y práctica de lo que está pasando el día de hoy, y comenzar a visionar o visualizar cómo queremos que sea el futuro de nuestra música. Que no sea simplemente dado por elementos de tipo comercial. Existe una cultura caribe que es de orden popular y una cultura caribe de mayor profundidad, la que debe pretenderse  que incursione en la música de cámara y sinfónica que sería la que eventualmente quede para los años próximos.

En muchos aspectos es más marcada la diversidad que la unidad de la música caribeña, a pesar de que pueden trazarse algunos rasgos comunes. La mayor parte de la música de esta región combina rasgos africanos con rasgos occidentales; esta síntesis, que comenzó con la colonización europea y la importación de esclavos africanos, todavía se mantiene en la actualidad. A este tipo de música se la denomina a veces criolla o, de forma más general, sincrética, haciendo alusión a una mezcla de elementos africanos y occidentales que dan lugar a una música típicamente caribeña. La influencia africana constituye también un denominador de estilo común a la mayoría de la música caribeña, que se manifiesta en forma de alegres sincopados o ritmos que enfatizan las partes débiles del compás, estas formas pueden ser también denominadas llamada-respuesta y ostinato, que se refiere a frases musicales repetidas, basados a menudo en sencillos acordes.

La producción musical del caribe debe mantener el estilo y tradición del ritmo que ha caracterizado a lo largo de los años. La preservación del identitario caribeño se conservará a medida que los intérpretes y realizadores musicales sigan fomentando ideas autóctonas que relaten historia, cultura, arte y poesía a través de sus composiciones.

Mathiu Ruz hace un recorrido histórico del bullerengue a través de canciones cantadas a acapella

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Región Caribe: Fomentando Nuestra Música

 La riqueza musical en colombia no sólo se refleja en la variedad de expresiones propias de nuestra geografía nacional, sino también en la gran cantidad de festivales y fiestas que se realizan a lo largo y ancho del país todos los años en todos los meses del calendario, donde los eventos musicales ocupan un lugar central. Este tipo de encuentros musicales no sólo contribuyen preservando y desarrollando  la tradición musical y fortaleciendo identidades regionales, sino que también identifican a Colombia como un país de folclor.

 

Sin embargo, resulta interesante que muchos artistas en Colombia y la Región Caribe, recurren a actividades alternas, como es el caso de los músicos de formación académica, quienes en la docencia encuentran un complemento de la actividad creadora, además de actividades como la contratación estatal en cargos públicos. Estas ocupaciones de los músicos profesionales en Colombia, la desarrollan a través de las distintas escuelas y centros de música que existen en en el país y la región, siendo esta una labor que aporta al mantenimiento de la cultura musical autóctona.

 

Debido a esto, es importante conocer cómo se encuentra la educación musical caribeña de la región y si el gobierno está participando activamente en el fomento y desarrollo del talento musical a través de estos espacios.  Surge la pregunta de si en verdad se está fomentando, apoyando y mantenimiento la cultural musical de la región o  si es un tema que que se está dejando de lado. Cada día hay más instituciones educativas que eliminan la música de sus currículos, sin darse cuenta de que esta es una base cultural importante y en muchos casos se puede evidenciar que el programa de música lo dirigen profesores con muy poca experiencia o  al que le tienen que asignar carga académica para que sustente el sueldo.

 

Por tal motivo se ha decidido analizar el estado de las escuelas de formación musical que hay en el caribe a través de información recopilada con el Gobierno Nacional y distintas entrevistas a directores y docentes de estos centros. Se quiere hallar las falencias y productividades de parte del estado en estas actividades que mantienen vivo el patrimonio de una nación. El apoyo financiero que se ha destinado a estas prácticas es de suma importancia para poder continuar y expandir estos conocimientos que se quieren impartir a los niños y jóvenes talentos de la región.

 

Según estadísticas tomadas del Gobierno Nacional, se investigaron cuáles son los pilares de información y conocimiento que se están transmitiendo en el caribe Colombiano a través de la enseñanza y apropiación de los elementos autóctonos de la región. La instrumentalidad, los ritmos, los géneros, y la enseñanza de estos, son los principales promotores de la cultura e identidad del caribe. Es por esto que hemos indagado sobre la participación de los niños y jóvenes en el aprendizaje de los elementos musicales propios de la región.

 

La tradición oral y cantada de este sector del país está fuertemente enmarcada por los instrumentos que han llevado a lo largo de los años la cultura y las leyendas narradas que surgen de los cantos y ritmos. La conservación de estas narraciones y el aprendizaje instrumental de estos ha permitido que diversas escuelas de formación musical adopten en sus filas niños y jóvenes que quieren mantener esta tradición. Cómo consideran muchos de los líderes y directores de estos grupos, es el espacio propicio para no dejar caer la tradición.


 

CESAR

La Academia de Artes Armonía (Valledupar), el de Centro de formación artístico y cultural Alberto Mendoza Ríos (La Jagua de Ibirico) y la Escuela de formación musical Alejo Durán (El Paso), fueron las escuelas escogidas para el sondeo de las prácticas y registros de actividad folclórica que se enseña en la región, y que, a partir de estos, se dé a conocer el apoyo y respaldo que existe por parte de la población para que estas tradiciones continuen vigentes.

Muchas son las modalidades llevadas a cabo en este departamento del país, desde la parte musical hasta la escénica. Teatro, danza, instrumentos, canto, son algunas de las disciplinas fomentadas por estos centros culturales. Tal como lo afirma el coordinador académico del Centro de formación artístico y cultural Alberto Mendoza Ríos, Kevin Mendoza, quien afirma que estos procesos ayudan de manera positiva ya que los programas van enfocados en la participación cultural de los niños para descubrir los talentos.

Mendoza recalca que es importante el apoyo que les ha sido brindado por parte de la administración municipal y el ministerio de cultura al ser una escuela modelo para replicar el proceso que están llevando a cabo en otros departamentos.  El impacto que esta labor tiene sobre la población ha llevado a la expansión de sus prácticas a varios corregimientos, ya que cuentan con un amplio portafolio de educadores expertos en temas musicales.

Por otro lado, existen escuelas como la Escuela de formación Alejo Durán que enfatizan más sus prácticas al género musical característico de este departamento como lo es el vallenato. Aquí se prioriza el aprendizaje de los instrumentos básicos de este género musical, como lo son el acordeón, la guacharaca y la caja. En esta escuela se propende a mantener la tradición por medio de la música del cantautor Alejo Durán.

En esta parte del departamento no se ve tan marcado el apoyo como en La Jagua, quienes con el apoyo de los educadores y los estudiantes este proyecto se ha podido mantener a flote y superar la falta de instrumentos para la cantidad de estudiantes. Una de las principales problemáticas en esta escuela es el transporte para el traslado, según informa Luis Francisco Campo Peinado, director de la escuela. “Uno siempre carece de los instrumentos que se necesitan para realizar todas estas actividades de formación, de los vestuarios que se necesitan para hacer estas prácticas y que muchas veces llegan invitaciones de diferentes partes y falta el apoyo en el desplazamiento”.

Campo destaca el hecho de que la tradición permanece gracias a la activa participación y colaboración de los profesores y estudiantes que brindan recursos para poder continuar con la sostenibilidad de estas actividades.

La Academia de artes Armonía basa más su énfasis en el desarrollo musical de los instrumentos propios de la región, pero no apunta a la preservación de estos, ya que su foco es enseñar el uso de los instrumentos. Esta academia está en pro del crecimiento y busca las maneras de incorporar nuevas participaciones artísticas para cobijar a más estudiantes en nuevas disciplinas.

Sebastian Gomez Cifuentes, encargado de la academia, contó que su población potencial son los niños de esta ciudad y que no cuentan con la suficiente información sobre los orígenes autóctonos instrumentales y musicales que existen en su región lo que les generaría más sentido de pertenencia, amor por sus raíces culturales, mayor identidad, mayor compromiso.

En el departamento del Cesar se destaca el apoyo por parte de ciertos entes gubernamentales  que permiten la realización de los jóvenes en el ámbito musical. También es notorio que el aprendizaje adquirido perfila al gusto de los niños, a medida que van creciendo, por sus raíces vallenatas y la afinidad por los instrumentos con los que han crecido, escuchado o tocado a lo largo de los años.


MAGDALENA

En el departamento del Magdalena se encuentran alternativas de libre formación para los jóvenes, aquí se destaca el hecho de la promoción de estas actividades musicales para que los adolescentes aprovechen los espacios brindados por las escuelas que permitan recuperar a los jóvenes de escenarios de riesgo, como lo son, las drogas, el alcohol, el pandillerismo y este tipo de actividades.

La Fundación Abel Antonio Villa (Zapayán) y la escuela Raices Cienagueras (Ciénaga) pudieron dar a conocer los aspectos importantes que ellos, como escuelas de formación, disponen a los estudiantes que se unen a las filiales de su institución. El vallenato es el género musical que se busca rescatar y mantener en el legado histórico del departamento, con autores base como Guillermo de Jesus Buitrago (El Jilguero de la Sierra Nevada de Santa Marta) y Abel Antonio Villa (El padre del acordeón), se pretende enseñar a los jóvenes los elementos autóctonos de la región.

Existen limitaciones de ambas escuelas a la hora de impartir clases, la mayoría de niños y jóvenes que asisten a los talleres dictados se encuentran retirados de la zona y esto expone un poco la vida e integridad de estos, ya que el recorrido que les toca realizar para llegar a los centros de enseñanza lo realizan a pie desde sus hogares. Otra problemática es el contado material con el que cuentan para dar las clases, en este punto vemos como instituciones como la Fundación Abel Antonio Villa tiene alrededor de 120 estudiantes y pocos instrumentos, sumándole el hecho de que no cuentan con un lugar propio para dictar las clases. A base de préstamos de locaciones como estaderos y salones comunales se dictan las clases en este municipio del Magdalena.

A pesar de que existen limitaciones para el sostenimiento de estas actividades,  el apoyo del ministerio de cultura con estas labores de adjudicación y apropiamiento de la cultura e identidad caribeña que se imparte a los jóvenes es positiva para continuar realizando estas acciones que benefician al municipio, el departamento y la región. Por medio de capacitaciones a los docentes, para que estos estén mejor preparados, los jóvenes estudiantes gozan de los conocimientos que los profesores disponen para cada una de las clases que se llevan a cabo en estos municipios.

José Acosta Alvarez, instructor de música en Raíces Cienagueras, afirma que a pesar de la llegada de nuevos géneros musicales diferentes a los tradicionales de la región sigue el interés de algunos niños en estas muestras clásicas propias de la identidad del vallenato. “Existe un cambio bastante drástico porque estamos viendo que la juventud ahora escucha más que todo el reggaeton, la música que es de afuera y tener que implementar, por ejemplo, a un niño de 8 o 9 años que escucha reggaeton enseñarle música de Buitrago es bastante duro”.

Con tan solo un año desde su origen, la fundación Abel Antonio Villa ha contado con gran cobertura en el municipio de Ciénaga, como afirma Robert Calanche Villa, secretario de la fundación. “Queremos que en este proyecto de formación los jóvenes adquieran sus conocimientos y transmitan estos conocimientos de generación en generación”, afirma Robert Calanche, quien ve como este programa que le están brindando a los jóvenes ha servido para rescatar el patrimonio del juglar al que le rinden homenaje con esta escuela.

A punta de acordeón, caja, guacharaca y canto el Magdalena mantiene viva la tradición de este género vallenato que ha caracterizado a la región caribe. Con limitaciones pero con ganas de aprender y trascender en la región, las escuelas en el Magdalena siguen con el legado que ha sido heredado por sus clásicos músicos y compositores.


ATLÁNTICO

En este municipio fueron escogidas la escuela de música de campo de la cruz (Campo de la cruz) , escuela de Pito y Tambó del Cabildo Mokaná de Malambo (Malambo) y la escuela de formación musical Rafael Mendoza Araujo (Repelón), para hacer el respectivo sondeo de las prácticas y registros de la actividad folclórica que se enseña en la región en las cuales se encontró que aunque hay disposición por parte de sus directivas y entre sus prácticas se maneja el fomento de la música tradicional del caribe, no se cuento con el apoyo suficiente del gobierno o este es casi nulo.

Las modalidades que se llevan a cabo en estas escuelas del departamento, van enfocadas a la cultura musical como lo son la música tradicional, folclórica y de viento. Según afirma Edgardo Elías Pertuz, director de la escuela de Campo de la Cruz, La formación que se les está brindando a sus estudiantes es pertinente pues no llegan solo en lo musical sino en el personal de cada niño en el proceso de aprendizaje de cada uno  y constantemente se hacen reuniones y se tiene conformada la asociación de padres de familia donde se trabaja de manera conjunta con compromiso de ambas partes en el proceso de enseñanza de su hijos.

Elias Pertus, recalca también que uno de sus mayores obstáculos o problemas ha sido que no cuentan con una casa de cultura en el municipio de Campo de la Cruz y por esto deben estar pidiendo a las instituciones que le cedan un espacio para sus actividades. Esto se convierte en algo tedioso ya que no cuentan con una sede principal. Esta problemática se presenta en dos de las escuelas de este municipio,  viéndose así la falta de apoyo por parte de las respectivas administraciones.

Por otro lado, escuela de Pito y Tambó del Cabildo Mokaná de Malambo, cuenta con un centro para la formación de jóvenes y niños y ha tenido en años anteriores herramientas para ampliar sus sedes en diferentes municipios o veredas del departamento, pero esto es algo que no se ha podido concretar según afirma el coordinador de proyectos de la escuela, Henry Miranda Barrios, debido a la falta de recursos y apoyo por parte de la administración.

En el caso de la escuela de formación musical Rafael Mendoza Araujo, la enseñanza de la música autóctona y la inculcación de esta en los niños ha logrado preservar y mantener la tracción este tipo de ritmos, tales como el porro y ha generado en las personas el sentimiento de añoranza por parte de los padres y las demás personas, quienes apoyan en todo lo posible y asisten a cada presentación que hace la escuela. Por lo que el director musical de la escuela, Miguel Villa, plantea que aunque no se cuente con ningún tipo de apoyo de entidad gubernamental, ellos seguirán velando por la enseñanza y la preservación de la música autóctona del caribe colombiano.

Se debe resaltar cómo en la mayoría de estos departamentos, la labor del fomento de la cultura músical de la Región Caribe recae sobre los hombros de los directores y docentes de estos centros de aprendizaje. Varios son los casos en donde los padres de familia y los mismos centros con apoyo del municipio, tienen que recurrir a comprar instrumentos musicales por su cuenta, porque los brindados con apoyo estatal no son suficientes para la cantidad de estudiantes que tienen. Debido a su labor en los distintos municipios, cada vez siguen llegando más pupilos interesados en aprender sobre la música del Caribe y por lo tanto, se necesita que exista un apoyo constante por parte de la administración de cada departamento y del gobierno para que puedan seguir existiendo estos espacios que expanden la cultura músical de la región.

 *En la siguiente base de datos podrán encontrar todos la información referente a este artículo: https://docs.google.com/spreadsheets/d/1zkQBBfbgqPEipHOcg7EEwG5RCFK0HQ01uOD-ZGYe7t8/edit#gid=695876162[/prime_vc_contentblock]

Rosa Caraballo es una cantadora marialabajense, quien acompañada de jóvenes y niños de la escuela del municipio interpretan La Mazamorra.