El verdadero costo de la moda: los datos detrás del ‘slow fashion’
Según la red independiente Fashion United Business Intelligence la industria de la moda está valorada en 3,000 millones de dólares y representa el 2% del Producto Interno Bruto del mundo. Es un modelo de negocio que ha sido acogido y explotado por los grandes empresarios, combinado con la necesidad de adaptarse a las nuevas tendencias, innovación y exclusividad, ha conllevado a la consolidación del concepto “fast fashion” o “moda rápida”, estas son prendas que siguen las últimas tendencias, han sido diseñadas de forma acelerada, a bajo costo y que pasan de moda cada temporada.
Un estudio de la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) reveló que la industria de la moda es la segunda más contaminante del mundo, destacando que confeccionar unos jeans requiere aproximadamente 7.500 litros de agua, el rubro de un vestido utiliza 93.000 millones de metros cúbicos de agua al año, además, “la industria de la moda produce más emisiones de carbono que todos los vuelos y envíos marítimos internacionales juntos”, manifiesta UNCTAD. En los ultimos años, se estima que la industria de la moda ha experimentado un crecimiento desmesurado, dando lugar al fenómeno de la moda rápida. (Martínez de Albéniz, 2014).
Las cifras alarmantes presentadas en esta y demás organizaciones, sumado a las catástrofes naturales o enfermedades causadas por razones medioambientales, hicieron que algunos consumidores y empresas tomarán medidas de acción en la industria de la moda, dando paso al “Slow Fashion”, más que ser una tendencia , se adopta como una filosofía que motiva a un consumismo inteligente, fabricaciones amigables con el medio ambiente y apoyo a pequeñas empresas artesanales locales.
MARCAS LÍDERES
La organización GreenPeace realizó un estudio para determinar las sustancias tóxicas que contienen las prendas de las 20 marcas más compradas a nivel mundial. Las compañías estudiadas fueron: Benetton, Jack & Jones, Only, Vero Moda, Blažek, C&A, Diesel, Esprit, Gap, Giorgio Armani, H&M, Zara, Levi’s, Victoria’s Secret, Mango, Marks & Spencer, Metersbonwe, Calvin Klein, Tommy Hilfiger, y Vancl.
Greenpeace adquirió 141 prendas de ropa entre las 20 marcas, provenientes de 27 países distintos, tanto en tiendas on-line como en establecimientos físicos, las cuales abarcaban una variabilidad entre sexos, tallas y tipos de prendas. Posteriormente se analizaron en el laboratorio de la Universidad de Éxeter en Reino Unido. Los resultados fueron desfavorables, se comprobó la presencia de químicos en todas las muestras, además, se hallaron sustancias cancerígenas en los colorantes y otras sustancias químicas responsables de la no bio-degradación y contaminación de las prendas.
Lo preocupante es que estas empresas están posicionadas por todo el mundo, solo la firma Inditex , dueña de marcas como Zara, Pull&Bear, Bershka, entre otras, posee 7.272 tiendas, sin contar los distribuidores. Asimismo cada una de las grandes marcas mencionadas anteriormente, son distribuidas por todo el mundo, y con ello, todos los químicos contaminantes que estas poseen.
“Las grandes marcas del sector no pueden estar mirando constantemente a otro lado y decir que ellas no pueden controlar la totalidad de lo que produzcan sus proveedores”, asegura Sara del Río, química que trabaja para Greenpeace con el sector textil.
“MODA RÁPIDA, CONTAMINACIÓN RÁPIDA”
Fue un capítulo de la investigación de GreenPeace donde se hizo referencia al nivel de “desechabilidad” con que las prendas eran fabricadas. En el estudio se explica las necesidades de las empresas de fabricar prendas a un costo accesible, pero sacrificando la calidad de los materiales, los cuales tienen una esperanza de vida útil de aproximadamente 35 semanas, para luego convertirse en un desecho tóxico perjudicial para el medio ambiente.
El constante cambio de colecciones y generación de nuevas tendencia, multiplicado por el número de prendas que deben ser producidas para abastecer las tiendas a nivel mundial da como resultado a una cantidad incontrolable de desechos.
“La velocidad con la que han reaccionado algunas marcas a nuestras campañas demuestra que son conscientes del problema de la contaminación que genera el sector en los países fabricantes y que son capaces de adaptarse a un modelo más limpio en un tiempo razonable”. Afirmó Del Río.
CONTAMINACIÓN POR PROCESOS DE PRODUCCIÓN
Uno de los materiales más utilizados en la industria de la moda es el cuero, el cual en su proceso de producción produce un olor asfixiante, que junto con sustancias como el cromo, expuestos a altas temperaturas puede causar cáncer de pulmón ocasionado por la inhalación del mismo. Otra sustancia cancerígena es el cuarzo, utilizado para la fabricación de los jeans desgastados. El polyester, spandex, nylon y rayón, son unos de los materiales más famosos a la hora de fabricar prendas, sin embargo, pueden durar hasta 500 años en desaparecer. El algodón a pesar de ser un material muy usado y de ser biodegradable es el responsable de uso de pesticidas y el uso excesivo de agua.
Los desechos provenientes de estos productos textiles terminan en vertederos, que finalmente son un peso medioambiental enorme para el planeta.
CONDICIONES LABORALES
El estudio de GreenPeace específica los lugares de producción de las prendas. Países como se encuentra China, Turquía, India, Bangladesh, Tailandia, Marruecos, Pakistan, entre otros.
La organización Global Labor Justice reportó la denuncia a las fábricas de H&M y GAP en 2018 por el abuso verbal y físico a sus empleadas cuando no alcanzaban la meta de producción. Los salarios que estas personas ganan no son proporcionales al servicio que prestan, por el contrario, la falta de ventilación de las fábricas, las actividades monótonas, los químicos y productos a los que están expuestos, ocasionan en ellos problemas respiratorios, de circulación, musculares e incluso enfermedades graves, cuáles tratamientos exceden incluso el salario que pueden ganar en un mes.
LA INDUSTRIA EN COLOMBIA
Colombia es uno de los países latinoamericanos donde más se consume y se produce moda, la industria está valorada en 28.4 mil billones de pesos, con 6,500 empresas en el sector. Actualmente está brindando 750,000 empleos provenientes de empresas nacionales, importaciones , valorado en 2.9 mil billones y exportaciones, valorado en 144 billones de pesos.
La marca líder sigue siendo Zara, seguido por Bershka y Stradivarius. Sin embargo las compañías nacionales no se quedan atrás, el Grupo Crystal dueño de Gef, Punto Blanco, Baby Fresh y Galaxy alcanzó unos ingresos $680.970 millones de pesos en 2017. El Grupo Arturo Calle dueño de Co&Tex, Rocha Alvarado & Cia, Baena Mora, AC Kids y AC Leather alcanzó $ 637.675 millones el mismo año. La compañía STF Group dueña de Studio F, Ela y Top One, produce más de 6 millones de prendas anuales valoradas en $609.377 millones.
Evidentemente la industria de la moda es importante en el mercado nacional, no solo debido a la necesidad consumir las nuevas tendencias, además es una de las industrias que más que genera oportunidades de empleo y de formar emprendimientos, lo que dinamiza la economía del país. Sin embargo no es ajena la problemática medio ambiental que generan estas empresas. En Colombia, un estudio del Ideam del 2012 estableció que el país emite 77.784.000 toneladas de dióxido carbono, siendo el sector de energía el responsable del 44% de esta contaminación. Dentro de este porcentaje, la industria manufacturera es responsable del 12,2% de emisiones en el ámbito energético.
Un estudio realizado por la Universidad Militar Nueva Granada la cantidad de residuos provenientes de la industria textil que son reciclados corresponde solo al 5%, mientras que el 95% restante “puede terminar en los rellenos sanitarios y plantas de incineración en todo el país”.
El Doctor en Ciencias Edgar Márquez, Profesor de La Universidad Del Norte, mantiene una postura positiva ante la solución de esta problemática. Afirma que si bien, se trata de una industria muy difícil, puesto que muchos se niegan a la idea de incluir materiales amigables con el medio ambiente dentro de las producciones, sin embargo para él una buena alternativa sería desarrollar compuestos saludables y biodegradables como los que usan los indígenas.
SLOW FASHION, LA SOLUCIÓN
El Slow Fashion respalda una filosofía de consumo responsable de la ropa, los materiales que promueve son productos nobles que no contaminan el medio ambiente y que son biodegradables. Todo lo contrario a los productos utilizados en la “Fast Fashion”. Un estilo de vida a nivel mundial que considere la inclusión del “Slow Fashion” es un ideal que persiguen los apasionados por el mundo de la moda con materiales sostenibles y reutilizados. Asimismo, la utilización de prendas artesanales y locales que brinden al consumidor una vida útil del producto que se extienda más allá de 35 semanas.
El ejercicio de reinventar la moda y sacar el mayor provecho a una pieza es una tarea que día a día la fotógrafa, periodista de moda y estilo Raquel Ravelo realiza, afirma que lo primero para dar el paso a una corriente de la “moda lenta” es hacer conciencia del daño descomunal que se ocasiona siguiendo las tendencias y numerosas temporadas que la industria expone y vende de forma psicológica. “Cuando somos consumidores de moda masiva es como comer comida rápida, no hay un ejercicio de pensar que es lo que compone la comida y sus trasfondos, simplemente te sacias y así termina”. Explica Ravelo.
“Hay que tener el interés de aprender, porque una vez que conoces la realidad es más difícil ser indiferente, falta interés voluntad y conciencia”
Marcas de moda mundialmente reconocidas buscan en primera instancia el beneficio económico sin considerar las problemáticas en las que son los principales agentes y que a su vez, afecta a la sociedad global en general. Además, vivimos actualmente en una sociedad cuyos valores respaldan el capitalismo, la competitividad y el consumismo. Y todo se lleva a cabo con una velocidad vertiginosa, detener estos procesos en los países con mayor índice de consumo es un reto que debe asumirse de forma bilateral, productores y consumidores están llamados a ser agentes de cambio por el presente y futuro del planeta.
La moda sostenible como un modelo alternativo requiere del consumidor y su proactividad para generar un cambio. En suma, lo que la moda sostenible pretende es causar el menor impacto posible al planeta y a las personas que producen, disminuyendo la cantidad de consumo y haciendo uso de materiales y sustancias orgánicas no dañinas para el medio ambiente. Por ende, eliminando los químicos que ponen en riesgo la salud de los humanos y el ecosistema. Es necesario pensar en el consumo que tiene un impacto menos negativo o más positivo en el medio ambiente, la sociedad, el individuo y los otros seres.
MARCAS QUE HACEN LA DIFERENCIA
El sector de la moda requiere de un cambio drástico, es el segundo más contaminante del planeta, la crisis climática identificada en las últimas décadas ha llevado a los consumidores a ser cada vez más conscientes de sus decisiones, en mínimas, a identificar que existe una problemática global. Hoy nuestros hábitos de compra y estilo de vida son claves para mitigar las frenéticas dinámicas que impulsan los impactos negativos de la industria.
En Colombia, la producción local y artesanal está abriendo su paso en la gran industria textil. Marcas como Paloma & Angostura, Fokus Green, Bareke, Little Ramonas y True love & Poems, buscan emprender su negocio de la mano de piezas que utilicen materias primas recicladas, garantizando condiciones laborales dignas y buenas prácticas en la moda de nuestro país para facilitar el consumo responsable.
Estas marcas han adoptado una filosofía de producción, incorporando prácticas más sostenibles desde lo ambiental y lo social para disminuir sus impactos perjudiciales sobre el planeta, generar bienestar en su entorno físico y, de esta manera, ofrecer en sus productos un valor agregado imprescindible para la nueva ola de consumidores conscientes.
La marca Paloma & Angostura fue creada con el propósito de implementar el “diseño de impacto” en sus prendas. Esto consiste en primera instancia en la contratación de “personas en proceso de reintegración o víctimas de la violencia”, a su vez, la aplicación de un código de conducta basado en la Organización Mundial de Trabajo, el uso de fibras naturales y biodegradables y la evaluación del ciclo de vida de sus productos. Asimismo, la marca Fokus Green, se enfoca en reducir su impacto ambiental a lo estrictamente necesario. Las camisetas que fabrican ahorran 2.500 litros de agua, esto es posible debido al uso de algodón y botellas PET recicladas. No contaminan las fuentes hídricas ni los suelos, por ser libre de pesticidas y colorantes artificiales. Con este modo de operación, Fokus Green eluden el consumo de 30 millones de litros de agua y recupera 50.000 botellas plásticas de los océanos anualmente.
Por su parte, Bareke es un centro de producción en Sampués, Sucre, esta empresa genera oportunidades laborales para los indígenas, artesanos y trenzadores de la región. La marca ofrece capacitaciones a la comunidad para después vincularla a ellos. Los habitantes de la zona aprenden todo un proceso sostenible de fabricación de bolsos de fibras naturales, incluyendo la siembra de las palmas y la tintura natural de los productos, a partir del uso de barro o de cáscaras de plátano.
Acorde con la filosofía slow fashion que defiende, Little Ramonas exige certificados de origen a sus proveedores, utiliza materias primas recicladas y realiza un proceso eco-amigable para curtir el cuero de sus prendas. Otras iniciativas de marcas como True Love & Poems promueven lemas tales como “nuestros closets sí pueden salvar el mundo”, asegura esta marca que se define a sí misma como “una plataforma de moda y sostenibilidad curada para fashionistas responsables”. En su tienda online, comercializa productos que cumplan con tres reglas: ser menos dañinos para el planeta, ser diferentes y estar hechos de forma justa. Así, esta iniciativa promueve la economía circular, la producción local y el comercio responsable en un sector que realmente lo necesita.
¿QUÉ CLASE DE CONSUMIDOR ERES?
Un estudio realizado por McNeil y Moore (2015) identifican tres tipos de consumidores dependiendo del comportamiento que tienen a la hora de consumir: consumidores propios, consumen en función de lo que desean; consumidores sociales, se preocupan por la imagen social que proyectan; y consumidores sacrificados, son aquellos que se esfuerzan por reducir su impacto y huella en el mundo.
El nivel de control y empoderamiento que poseen los consumidores frente a las decisiones que toman es fundamental a la hora de determinar qué los impulsa a comprar. La validación externa, los inalcanzables estándares de belleza, la presión social, la oferta asequible, y los productos ilimitados son las tentativas y trampas que mantienen a la sociedad en un ciclo consumista que perjudica y deteriora el medio ambiente. En los seres humanos el deseo de cambio y novedad es un factor importante y supone una barrera en el comportamiento del consumidor, ya que tienden a consumir por el status en el que se sitúan en el mundo (Jackson, 2013).
El Slow Fashion es una alternativa positiva para el medio ambiente y rentable para las empresas, que además ayuda a disminuir las posibles enfermedades causadas por químicos tóxicos. Cambiar los hábitos de consumo masivo es complejo pero no imposible, y los consumidores deben motivar a las empresas a realizar un cambio, que al final resulta bueno para todos.
