
La calle es muy muy dura, muy fea… pasas frío… pasas hambre… pasas muchas cosas…
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En medio de una multitud consumida por sus propios miedos, reposando sobre el andén, con la muerte rozando los talones, están madres, padres, hijos y hermanos rechazados, repudiados, aislados por adicciones o enfermedades mentales y quienes libran batallas internas día tras día.
Son habitantes de calle, son humanos, igual que tu y yo, su único pecado fue dejarse seducir por la curiosidad y aceptar la droga en su cuerpo, sin lograr superar las dificultades que pone la vida.
Un descuido, una noche de sueño, podría arrebatarles el último pedazo de vida que no ha sido destruido por las drogas y el alcohol al estar a expensas de la muerte en las calles de una ciudad que los vio crecer, a otros llegar, pero a todos caer en el estado más deplorable de su ser para convertirse en habitantes de la calle.
Una finísima capa de piel se escurre entre sus huesos, dada su extrema delgadez, prueba de los días y noches que han pasado sin probar un bocado de comida, la ropa ajustada con nudos improvisados para que no se caiga y un olor fétido, que por costumbre, ya no fastidia.
Pero hay algo que resalta por sobre todo lo físico, entre la multitud de habitantes de calle en Barranquilla, y es la inmensa fuerza de voluntad de 6 personas para dejar la adicción y librarse de las cadenas de la calle. Ellos a diferencia de quienes aún están en calle, sí lograron superar las dificultades que pone la vida.
Por medio del Programa Distrital de Recuperación e Inclusión Social de habitantes y exhabitantes de la calle de la Secretaría de Gestión Social de la Alcaldía de Barranquilla, Madeleine, Amanda, Franjelly, Jorge y Albeiro han podido decir nuevamente sí a la vida y encontrar personas que los escuchen, los entiendan y les puedan brindar el apoyo necesario para recuperar sus vidas y a sus familias.
Ahora, con un futuro brillante por delante, al tener la oportunidad de terminar sus estudios de primaria y secundaria, encontrar empleo, recibir salud, apoyo psicosocial, reencontrarse con su verdadera esencia y demostrar que son personas de primera y son también parte de la sociedad.
Un futuro , que ahora es presente y es así de brillante como las polleras coloradas que menean bajo el lucero del cielo en la carrera 44 ¡pa la calle! con trajes de monocuco, congo grande, cubiertos de lentejuelas y con sonrisas de esperanza y valentía.
Una oportunidad de Dios y la vida como varios de ellos mencionan, al haber empezado su transformación en el Centro día ubicado en la calle 17, donde podían bañarse, comer y conocer de la palabra de Dios. Donde también descubrieron su nueva pasión, un amor que no los juzga ni rechaza, el Carnaval de Barranquilla, para ser vistos como promotores de la tradición, como triunfadores, vestidos de alegría mientras bailan al son de la vida y al ritmo de los tambores en el carnaval de nuestra tierra adorada. Son hijos de la calle y el carnaval es de la calle, pa’ la calle.
Por primera vez, en la noche de guacherna, se abre la puerta de Salon Burrero Pa’ La Calle como símbolo de renacer de decir sí se puede, si yo me superé, tú también puedes hacerlo.
Suena la música y empieza el recorrido bailando en las calles donde solían dormir, sobre el piso que los vio caer, bailando sobre los temores que los hundieron en las drogas, sobre el pavimento que los tiñó con su mugre y polvo, donde fueron olvidados y marginados.
En su baile, van hacia adelante, nunca atrás, así es baile de sus vidas, siempre con la mirada en el presente y los sueños en la mente para no perder el ritmo, ni perderse en el camino.
¡Que vivan los carnavales de Barranquilla!¡Pa’ La calle! los animaban a seguirse contoneando y dejando a Salon Burrero Pa’ La Calle en alto. en compañía del Alcalde de Barranquilla Jaime Pumarejo y La primera dama, Silvana Puello quienes se sumaron al baile de la resilencia.
Barranquilla los reconoció con un sincero aplauso acompañados de ovaciones mientras ellos le bailaban a una nueva cara de la ciudad, feliz y esperanzadora.
Elevando las letras de Barranquilla al cielo mostrando el escudo de la ciudad que los vio renacer.
Son imparables, así como Barranquilla.
Se elevan las banderas de Barranquilla ondulantes en medio de la brisa nocturna , brillan los sueños de 67 exhabitantes de la calle quienes cambiaron las drogas por un farol que contiene resiliencia e ilumina sus vidas.
De las oscuras calles a los colores vibrantes que inunda el alma, papeles vuelan al aire y los bañan en una lluvia de colores, son libres, han dejado de cargar las cadenas de sus miedos e inseguridades, y de una sociedad que los rechazaba.
Son ovacionados, son los protagonistas de la fiesta, así como los protagonista de su vidas, de haber tenido voluntad y salir adelante y renacer de la calle a la fiesta de la vida.
Desde hace 3 años por medio del programa de atención integral a exhabitantes de la calle y los proyectos de vida con dignidad han tenido otra oportunidad para empezar a construir su proyecto de vida, viven temporalmente en hogar de paso ubicado en la Carrera 38 No. 35 – 58 ellos son la agrupación Salón Burrero Pa’ La Calle quienes entonan notas a la vida y dicen no a la delincuencia y las drogas.

