Por Sebastián Pérez
Leyendo a Alberto Abello Vives y sus todavía muy pertinentes columnas de opinión y artículos reseñados en un “librito” como en algún momento describió así al suyo, del mismo editorial Uninorte, el rector de la universidad; entendí con una mayor plenitud al programa o facultad, dirían algunos del otro lado del mundo, que había elegido. Estudiar esta carrera parece muy fácil e incluso, por momentos, algunos chistes y bromas poco cautelosas fundan conversaciones amenas. Sin embargo, ser periodista y, por consiguiente, comunicador social (pues jamás podríamos ser periodistas sin ser comunicadores), es una tarea muy cuesta arriba. Un reto. Un compromiso y una enorme entrega para con el mundo.
Los primeros amaneceres en los cimientos de la carrera, una marea de incertidumbre me atormentaba: ¿Es la carrera que quiero estudiar? ¿Y si no lo es? ¿Por qué esta y no cualquier otra? ¿Comunicación Social y Periodismo? Los pensamientos se iban agravando cuando equiparaba aquello que mis amigos o conocidos habían elegido con la tarea en la que yo me había embaucado: prejuicios y más prejuicios. Sin embargo, empezaron a llegar las primeras clases de periodismo y los espacios aquí en “El Punto”, como solemos llamarle, y un ágape inmediato apareció para eliminar la incertidumbre que me atormentaba. Nunca hubo un no por parte de la dirección y tampoco tuve algún problema con la elección de los temas que prefiero personalmente: el reportaje extenso que, además de informar, explica. Y las columnas de opinión. (A decir verdad, estas últimas, una ´moda` en la que apenas incursiono).
Puedo recordar muy bien la primera experiencia identificándome como “Sebastián Pérez, periodista”, frente a unos habitantes de La Peña, Sabanalarga y caminar con las piernas sumergidas hasta las rodillas porque esa población del Atlántico estaba al borde de volver a inundarse o al menos una buena parte del corregimiento se inundó. “La odisea de La Peña: al filo del recuerdo” fue el nombre de aquel reportaje que nunca vio la luz más allá de la clase. A partir de allí, han sido numerosos los trabajos que principalmente tenían como objetivo conseguir atravesar el peldaño de cada semestre y algunos otros aparecieron aquí. Conocí Bogotá cubriendo los muy célebres premios GABO 2024 que, ya en los suplicios finales de la carrera, renovó mi convicción de hacer un periodismo que informe, explique, innove, enseñe y aprenda de la mano de sus audiencias. Conocí sin quererlo y como un designio de la profesora Andrea Cancino, pues conoce muy bien mis gustos por algunos temas, a Mauricio García Villegas y supe que aún tenía muchos libros a los que leer. Todo como un reflejo intrínseco del aprendizaje periodístico que estoy seguro aún está muy lejos de culminar.

El Punto Noticias es un medio periodístico creado por estudiantes del magnífico y brillante programa de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad del Norte. De allí su nombre poco habitual: “casa periodística El Punto”. Y a quién muchas cosas, quienes nos embarcamos en el buque de hacer periodismo, debemos agradecerle. Somos un espacio creado para estudiantes periodistas que quieren ejercer el muy mencionado por mí “mejor oficio del mundo”, frase dicha por Gabo en sus épocas de periodista (pero eso ya lo he dicho antes), y ojalá —y lo sé— que se seguirá trabajando para ser un medio, en Barranquilla, que aporte al debate público. Pero para ello, debemos apropiarnos del entorno. Este medio tiene una máquina de expertos detrás de todos los temas habidos y por haber en esta y todas las partes del mundo y creo debe aprovecharse a ´rajatabla`. Ser partícipe de un contexto tan complicado como el de la prensa en nuestra ciudad es un reto y El Punto lo ha asumido y lo seguirá haciendo de la mano de los mejores estudiantes de Comunicación Social y Periodismo de esta parte del país, respaldados por unos excelentísimos expertos en todas las áreas del conocimiento.
Dicho todo esto y con un llamado a utilizar todas esas herramientas, de manera que impactemos para el bien de la sociedad barranquillera, he de agradecer una vez más a quien, como periodista, escritor y contador de historias, me ha visto crecer. A todos y cada uno de los profesores que por aquí pasaron, no sólo a quienes en las aulas hicieron un trabajo impetuoso para enseñarme, sino también a quienes sirvieron de fuente y aparecieron como voces de autoridad en los mil y un artículos que hice (mentira, no fueron tantos) y en aquellos que quedaron, por temas de tiempo, excusas infantiles y ambigüedades del ser estudiante; en el olvido, en charlas amenas con compañeros, amigos y profesores, como los muy diestros Juan Pablo Ferro y Javier Franco, o sencillamente en la caja del olvido de “Google o OneDrive”.
Agradecimientos espaciales también a mis familiares que me han leído y a todos y cada una de las personas que por los pasillos, como Julio el señor de la librería de KM5, sirvieron de empuje para creerme el cuento y afinar la pluma. Y por terminar con el nombre con el que empezó este artículo y el primer texto que leí de él (El último periódico ayer), entendiendo que mucho de lo que se haga en este formato no perdura: “Nadie más procura ya leer el comentario que nació en la madrugada, para ser pronto en la tarde materia olvidada”.
Gracias.
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Julio Medina
Animo.mi.amigi
Eres un apasionado de esta.preofedion que por un momento tan duro está pasando
Pero valientes como tú son necesarios para que está labor tan necesaria para la sociedad siga adelante