Sea con Jean, short o falda
Como un dia cualquiera, Laura se despierta para su clase de 6:30 am en la Universidad del Norte, como todas las veces, a las cinco. Enciende la radio y escucha claramente cuando dicen que será una jornada muy calurosa. Es ahí donde decide qué vestimenta se pondrá, ya que un jean y una blusa muy gruesa le harán pasar un mal rato debido a el clima. Mientras sigue debatiendo consigo misma, termina de hacer toda su rutina mañanera; se prepara su desayuno, arregla su cuarto, se baña, y llega el momento de elegir.
Analiza su closet de pies a cabeza y piensa en el calor que podría sufrir todo el día si elige ropa que la cubra mucho, pero, por otro lado, la ropa descubierta la hace dudar debido a la inseguridad que vive la ciudad. Con miedo, se termina yendo por la segunda opción, con un short de jean y una blusa suelta. Será un día muy largo y Laura teme, no tanto de si algo malo le pueda pasar, sino de ser observada malintencionadamente.
Sale de su casa y se pone sus audífonos, los cuales son los que la acompañan en el día a día. Tiene que caminar unas tres cuadras para tomar el bus que la lleve a la Universidad, la cual, además, está muy lejos de su casa. Aproximadamente 30 minutos, si no es más, dependiendo del flujo vehicular. Cuando camina, ve de frente a un par de hombres que la observan y comentan entre ellos. Laura no sabe qué hacer, pues tiene que caminar entre ellos para llegar a la esquina donde coge su bus. Al pasar, escucha como uno de los sujetos le grita “¿A dónde vas tan linda?”, y ella simplemente lo ignora y sigue caminando. Tal vez puede que no sea algo vulgar, o intimidante, pero incomoda, y mucho. Suficiente para que Laura sienta desconfianza. Trata de ignorar ese incómodo suceso y continúa su trayectoria. Sin embargo, mientras espera el bus lo recuerda una y otra vez. Es increíble como unas simples palabras, las cuales al parecer son inofensivas, suenan por su cabeza una y otra vez. Cuando llega a la parada, ve a varias personas esperando también, por lo que, al llegar el bus, todos suben por orden de llegada. Mientras espera su turno, Laura ve de lejos como el conductor la observa.
Al momento subir y entregar el valor de su pasaje, el conductor le sonríe de manera atrevida, y cuando recibe el dinero, le agarra la mano de una forma totalmente innecesaria, como si estuviera intentando provocarla. Ella, ya tímida por lo que sucedió hace unos minutos, no sabía qué pensar con lo acababa de suceder. Prefirió subirle el volumen a sus audífonos y tratar de no pensar en ello, pero una vez más, fue imposible. Fueron los 30 minutos más largos de su vida, tratando de que su cabeza evitará esos dos sucesos, que, en tan poco tiempo, le habían robado casi el 100% de su tranquilidad.
Al llegar a la Universidad, quiso cambiar el chip y enfocarse completamente en los estudios, pero ese comentario y esa mano seguían retumbando la mente. Llega al salón y uno de sus compañeros le coquetea, con un cumplido lindo, “qué linda estás”. Sin embargo, debido a todo lo que ha recibido hoy, ella no sabe qué hacer y ni siquiera le sonríe. Aunque no parezca, esos simples detalles le afectan cada vez más.
El día de clases transcurrió normal, altibajos en las notas, pero nada que no se pueda mejorar. Llegan las seis de la tarde y es la hora de irse, Laura quiere estar en su casa, pero sin tener que pasar por ese arduo camino. Y no sabe si ahora pueda ser peor, pues el día oscurece y la noche trae más peligro. Al montarse al bus, en la media hora de camino no hubo contratiempos. Laura sigue cubriéndose con sus audífonos. Pero, así como le toca caminar para coger el bus de camino a la Universidad, de regreso la deja en el mismo lugar. Ella solo pensaba en esas cuadras que iban a parecer eternas.
Al llegar, curiosamente estaban los mismos hombres que se encontró en horas de la mañana. Otra vez, no había forma de evadirlos, tenía que pasar por ahí sí o sí. Y, como era de esperarse, estos hombres volvieron a coquetearle, pero esta vez no fue de una manera muy sutil. “Qué piernas, mami”, fueron las palabras que usó aquel hombre, las mismas que hicieron que Laura saliera corriendo sin parar hasta llegar a su casa. Al llegar a su casa y rompe en llanto, al no saber cómo manejar es tipo de situaciones que normalmente le ocurren.
Es cotidiano ver como hombres desconocidos le hacen este tipo de comentarios a mujeres que ven en la calle, sin pensar en todas las consecuencias que esto puede traer. Según estadísticas de la ONU, 8 de cada 10 mujeres sufren de acoso callejero, y, de esas víctimas, solo 3 son capaces de denunciarlo. Vivimos en una sociedad donde se normalizan este tipo de situaciones, así que hombre, piensa bien antes de ‘piropear’ a una mujer, pues, aunque lo hagas por amabilidad, esto puede traer muchas repercusiones en su día a día.
