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Por: Arytsha Aholibama

El pasado 7 de enero, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, conversó con el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump — en una llamada que habría durado 55 minutos — para tratar temas sobre narcotráfico, seguridad regional y desacuerdos diplomáticos.

En medio de tensiones, tras el  ataque militar estadounidense en Venezuela que causó la muerte de al menos 100 personas, entre esos, 31 militares cubanos, 24 militares venezolanos y una civil colombiana, Yohana Rodríguez Sierra, además de la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Florez, el presidente Petro y Trump colocaron las cartas sobre la mesa y se abrieron al diálogo, dejando el camino libre a una posible reconciliación entre ambas naciones.

En los meses previos, los intercambios públicos estaban marcados por fuertes acusaciones. Trump llegó a describir a Colombia como un país “muy enfermo, dirigido por un hombre enfermo”; y, cuando le preguntaron sobre la posibilidad de una acción militar contra Colombia, respondió: “suena bien”. Mientras que el presidente Petro dijo en uno de sus discursos: “Un clan de pedófilos quiere acabar la democracia en Colombia”, haciendo referencia a la larga lista de acusaciones hacia el presidente Trump.

La llamada entre Petro y Trump, fue la primera formal desde que ambos asumieron sus cargos, que se realizó gracias a los esfuerzo del embajador de Colombia en Estados Unidos, Daniel García Peña, y el senador Rand Paul, republicano por Kentucky, quien, según Petro y García Peña, desempeñó un papel decisivo en la organización de la llamada telefónica entre los dos mandatarios. Durante la conversación, ambos líderes acordaron trabajar en áreas de interés común, incluyendo acciones conjuntas contra grupos armados como el Ejército de Liberación Nacional (ELN) en la frontera con Venezuela, así como explorar cooperación en seguridad y narcotráfico. Asimismo, Trump invitó oficialmente a Petro a reunirse próximamente en la Casa Blanca, en Washington D.C., para continuar el diálogo en persona y buscar un marco de cooperación más estable.

“Fue un gran honor hablar con el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien llamó para explicar la situación de las drogas y otros desacuerdos que hemos tenido. Aprecio su llamada y tono, y espero reunirme con él en el futuro cercano”, escribió el presidente Donald Trump en Truth Social. Por otro lado, el mandatario de Colombia nombró este suceso como “histórico” y que desde hace 34 años lo más importante para él, es la paz. “La paz se encuentra hablando”, afirmó Petro durante su discurso en la Plaza de Bolivar en Bogotá.

Tras esta conversación, Petro afirmó que la imagen que Trump tenía de él, estaba alimentada por cizaña que llevaron sectores de la derecha colombiana cuando viajaron a Estados Unidos, y que él desmontó esta narrativa, mostrándole datos a Trump, como las más de 2,800 toneladas de cocaína incautadas durante su gobierno, según cifras del Ministerio de Defensa.

Pese a este acercamiento diplomático, el futuro de la relación bilateral se mantiene incierto. El Congreso de los Estados Unidos avanzó en una resolución para limitar nuevas acciones militares sin autorización legislativa, debido a fricciones internas en Washington sobre la política exterior en América Latina. Al mismo tiempo, sectores de la sociedad colombiana han manifestado tanto respaldo como rechazo a la postura del gobierno frente a Estados Unidos.  

Por medio de la red social X, el candidato presidencial, Abelardo De La Espriella dijo: “El Presidente Trump domando jaguares en decadencia. Con una sola movida arrodilló al narco régimen y a su cómplice”. Mientras que el candidato, Iván Cepeda aseguró en una entrevista a W Radio: “Estamos ante circunstancias preocupantes y que ponen en peligro la estabilidad, la paz y la soberanía del Estado colombiano. Me complace que haya habido diálogo entre Petro y Trump, siempre son bienvenidos, pero aquí se juzga por los hechos y los que vemos son de intervención, agresión y control contra países que no acaten los lineamientos estratégicos e intereses de EE.UU.”.

Petro describió la llamada como “amable”, pero también dejó claro que no ocultaría sus creencias para apaciguar a Trump y que trataría de exponer sus argumentos mediante el diálogo. Este giro en la relación entre Colombia y Estados Unidos —de distanciamiento y acusaciones a un diálogo directo y posible cooperación— marca un momento clave en la política exterior latinoamericana, con implicaciones estratégicas para la región y para la manera en que ambos gobiernos aborden desafíos compartidos en los próximos meses.

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