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Por: Arytsha Pérez, Sophie Esmeral, Mariangel Rodríguez, Charlotte Blanco y Luis Vergara

Aunque los periódicos y noticieros locales aplauden la culminación de la obra, la realidad es que los estudiantes denuncian que la infraestructura aún no está completamente terminada.

“Nos tocó aprender política, a pesar de ser estudiantes de arte, porque era la única manera de resistir dentro. No estamos todos aquí todavía, pero nos sentimos complacidos de que el legado de Bellas Artes resiste”, cuenta Joel Oliveros, estudiante de Artes Dramáticas de noveno semestre y representante estudiantil mientras recorre los pasillos de la magna Facultad de Bellas Artes que aún siguen en remodelación. Joel, al igual que muchos estudiantes, sueña con el día en el que todos los programas puedan reunirse en la misma sede y que el edificio vuelva a ser lo que una vez fue.

Han pasado casi tres años desde la fecha inicialmente prometida, luego del estallido social del 2021 que llevó a un acuerdo entre el Ministerio de Educación y el Ministerio de Cultura para el inicio de la remodelación. Aunque el pasado 4 de agosto, se realizó la inauguración oficial del renovado Edificio de Bellas Artes, con la presencia del Gobernador del Atlántico, Eduardo Verano, y representantes de la comunidad académica, la realidad sobre el edificio es otra: muchos de los espacios prometidos siguen sin estar listos o fueron renovados de forma incorrecta, lo que mantiene a gran parte de los estudiantes desplazados.

La ejecución de la obra, que se inició en abril de 2022, tomó dos años más de los anunciados por la Gobernación y la universidad, que estaba prevista para junio de 2023. Finalmente, el 21 de junio de 2025, la Gobernación del Atlántico, junto con la Universidad del Atlántico y el Ministerio de Educación Nacional, entregaron la remodelación del edificio, con un presupuesto que ascendió a 40.972 millones de pesos, más de 11.000 millones por encima de lo proyectado inicialmente.

Un proyecto que prometía una intervención en los seis bloques del edificio, abarcando más de 6.800 metros cuadrados, que incluirían la recuperación de bloques, el teatro, el museo y los jardines, tal como lo indicó la Gobernadora del Atlántico de ese momento, Elsa Noguera. Sin embargo, a medida que avanzaron los trabajos, los plazos fueron postergándose.

El génesis de la remodelación

Tras el derrumbe de los primeros techos del emblemático edificio de Bellas Artes, el 18 de junio del 2017. La comunidad universitaria no esperó un día para movilizarse, reuniéndose en asambleas para trazar hojas de ruta y lograr la remodelación de las instalaciones de Bellas Artes. Así se creó el movimiento estudiantil “Bellas Artes Resiste”. Esta fue una dinámica que tardó ocho años, y llevó a múltiples movilizaciones y manifestaciones artísticas y políticas.

“Se firmaron acuerdos, los cuales fueron cumplidos parcialmente. Quizás un 70 por ciento u 80 por ciento, y por eso nos tocaba seguir movilizándonos para que se cumplieran. Actualmente, los acuerdos siguen sin cumplirse en un 100 por ciento”, dice Junior Villareal, líder y ex representante ante el Consejo Superior. El apoyo de la universidad fue muy relativo, esto ocurrió por la situación inestable que atravesaba la universidad en su rama ejecutiva, debido al cambio constante de rector. Una desventaja que afectó la adecuada continuidad del proceso, provocando el surgimiento de más movilizaciones de estudiantes que salían lastimados mientras exigían un mayor apoyo por parte de la Universidad del Atlántico, mientras que los líderes y lideresas fueron perseguidos por policías y funcionarios de la universidad para que guardaran silencio.

A pesar del acuerdo logrado entre el Ministerio de Educación y el Ministerio de Cultura, aún quedaba un problema por resolver: completar el dinero necesario para finalizar la obra. En aquel entonces, Joel Oliveros, consiguió hablar con el presidente de Colombia Gustavo Petro y manifestarle la problemática que por años habían estado viviendo los estudiantes. Fue así como, durante el paro del segundo semestre de 2023, los estudiantes lograron gestionar un anexo presupuestal de 13.000 millones de pesos para terminar el teatro. En ese contexto, viajaron a Bogotá para reunirse con el entonces presidente de la SAE, Daniel Rojas Medellín, quien actualmente se desempeña como ministro de Educación Superior.

Actualmente, todos los programas frecuentan el edificio de Bellas Artes, sin embargo, solo los estudiantes de Artes Plásticas y Artes Dramáticas imparten la totalidad de las clases en su alma mater. Por otro lado, Música y Licenciatura en Música pasan la mayor parte de su tiempo en la Academia de Arte y Cultura del Caribe – Sede 46. Mientras que, el programa de Danza tiene cuatro salones prácticos en la Sede Norte. Aunque no todos han regresado a la sede por completo, el retorno de algunos programas ha sido visto como un acto de reparación colectiva.

Las obras y el contratista de Bellas Artes

El Contrato DBS 002, firmado el 19 de enero de 2022, inició su ejecución el 26 de abril de 2022. Este establecía que, la universidad pagaría contra actas de recibo parcial, equivalentes al porcentaje del valor de la obra ejecutada; eventualmente se empezó a incluir un pago al terminar con los trámites necesarios para iniciar la obra, un pago mensual fijo y un pago contra entrega de la obra. Además, los pagos fueron influenciados por las extensiones y la adición de recursos a la obra. En un principio, este contrato tenia un costo de ciento setenta y cinco millones seiscientos noventa y un mil trescientos setenta y dos pesos ($175.691.362).

La obra dejó de ser viable bajo sus términos originales, casi 15 meses después de su fecha de inicio, y se prorrogó el plazo del contrato, extendiendo su duración hasta el 30 de septiembre de 2023, adicionándose la suma de trescientos cuarenta millones ochocientos treinta y nueve mil cuatrocientos cuarenta y seis pesos ($340.839.446,00) al valor del contrato. Esta situación continuó postergándose y aumentando su costo hasta agosto del presente año, cuando finalmente fue inaugurado.

En los informes oficiales, las empresas contratadas, Yacaman Vivero SAS y BF Construye SAS, explicaron que los constantes incrementos en los costos de los materiales fueron la razón principal de los atrasos en la entrega. Cabe destacar que BF Construye SAS estuvo vinculada a diversos escándalos de corrupción en el pasado, lo que hace más controversial a la ejecución del proyecto.

Por otra parte, el mayor financista de la remodelación ha sido la Gobernación del Atlántico, que aportó casi el 78% del total del presupuesto. La universidad asumió un 18% y el Ministerio de Educación Nacional contribuyó con el 3%. Además de aportar recursos, la Gobernación ha estado a cargo de la gestión administrativa, incluyendo la obtención de licencias y permisos, y ha participado en la “mesa de seguimiento” junto con estudiantes, docentes y la Oficina de Planeación para asegurar la transparencia en la ejecución de la obra.

Lo que la remodelación no solucionó

En la inauguración de la obra, durante la rueda de prensa, los estudiantes de Música y Artes Dramáticas manifestaron sus quejas sobre la falta de atención a sus necesidades: los cubículos para música no están terminados, los pisos no son aptos para el peso de los instrumentos, y el teatro sigue en remodelación. El descontento estudiantil no es solo por los espacios no habilitados, es por el incumplimiento de promesas hechas por las autoridades.

Según Gabriela Negrete, estudiante de Licenciatura en Música: “Son pocos los salones que están funcionando, hay enchufes dañados y los estudiantes prefieren adaptarse a salones específicos, aunque no cumplan la mayoría de las condiciones”, afirmó. Esta falta de infraestructura adecuada ha generado malestar en la comunidad estudiantil, que esperaba contar con espacios renovados y funcionales para sus clases.

Desde el estallido social de “Bellas Artes Resiste”, muchos estudiantes cumplieron su sueño de tener un título universitario, pero no alcanzaron a gozar de espacios dignos para dar sus clases; sin embargo, aquellos que lucharon por años, como Junior Villareal, siguen regresando a su alma mater para dar la cara por las nuevas generaciones. Las peticiones iban cambiando con el tiempo, aunque inicialmente se solicitaba la pronta reparación de los techos caídos. Con el tiempo, la lista de quejas se hizo más grande: estudios, levantamientos arquitectónicos, remodelación de bloques que presentaban falencias, construcción del teatro y galería; e incluso se le exigió a la universidad que pagara un arquitecto y diseñador.

Los estudiantes han enfrentado muchos retos a lo largo de este arduo proceso, en el que luchan por su derecho a una educación de calidad, entre esos, mantener la excelencia académica y la producción artística. Todo esto presentó un inconveniente, al no contar con aulas que cumplieran los requerimientos técnicos como: insonorización, pisos de madera, altura adecuada, espejos y talleres de artes plásticas. Lo que viven los estudiantes de Bellas Artes, es una situación que evidencia la urgencia de una infraestructura digna y funcional, capaz de impulsar el talento y garantizar que cada disciplina cuente con las herramientas necesarias para su formación completa como artistas.

Lo que le espera a Bellas Artes

A pesar de las dificultades, algunos estudiantes reconocen los avances alcanzados tras la larga espera. Keyla Miranda, estudiante de tercer semestre de Artes Dramáticas, afirmó: “Hay que reconocer que hay salones arreglados, más amplios y grandes. Fue un gran avance; es cuestión de tiempo y aún mantenemos las expectativas”.

El pasado 24 de noviembre, se realizaron unas últimas pruebas acústicas y de iluminación en el teatro, con la supervisión de profesores, egresados y estudiantes. Solo queda esperar la renuncia del rector, Leyton Barrios, para que el paro se de por terminado. Se espera que la inauguración oficial sea tras el regreso a clases, para que los estudiantes puedan disfrutar de este nuevo espacio.

La comunidad universitaria continúa a la espera de los instrumentos y las dotaciones necesarias para el funcionamiento de todos los programas. Además, sigue pendiente la remodelación del jardín y de los salones que aún no se encuentran habilitados. Actualmente, la comunidad estudiantil mantiene sus exigencias para que se culmine la construcción del teatro y la galería, así como la entrega completa de los equipos e insumos prometidos.

El panorama de la Facultad de Bellas Artes refleja tanto los logros alcanzados por la lucha constante de los estudiantes como las deudas pendientes. Las obras y dotaciones no deben verse solo como cumplimento de promesas, sino como una inversión en el futuro creativo y cultural del país. Solo cuando el arte y la educación se prioricen de manera equitativa y sostenida, podrá hablarse de un progreso real para Bellas Artes y su papel dentro de la universidad.

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