
En medio de una multitud consumida por sus propios miedos, reposando sobre el andén, con la muerte rozando los talones, están madres, padres, hijos y hermanos rechazados, repudiados, aislados por adicciones o enfermedades mentales y quienes libran batallas internas día tras día.
Son habitantes de calle, son humanos, igual que tu y yo, su único pecado fue dejarse seducir por la curiosidad y aceptar la droga en su cuerpo, sin lograr superar las dificultades que pone la vida. Hoy, el Carnaval les ha permitido cargarse de energía para liberarse de las cadenas de sus inseguridades.

La vida los golpeo, pero así mismo los levantó. Después de muchos años, estás personas encuentran una oportunidad para renacer y seguir adelante. La comparsa “salón burrero” les ha permitido descubrir habilidades, talentos y características que en su tiempo fueron ignoradas o simplemente desterradas de sus vidas.
Hoy en día se visten de polleras, se adornan con lentejuelas y se cubren con sombreros. Salen a las calles de Barranquilla, pero no a reciclar sino a desfilar.