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Amanda Miguel Fuentes

Una lágrima resbala sobre su mejilla. Contiene recuerdos de la calle. No de una, sino de dos veces que resurgió de las cenizas, de dos veces que volvió a dormir en cartones, en el frío pavimento. Dos decepciones amorosas hicieron despertar sus inseguridades. La primera fue su puerta a la depresión y las drogas. La segunda, un aparente salvavidas que la sacó de su propia destrucción, pero que luego la traicionó, volviéndola aún más dependiente del bazuco. De ambos amores tiene hijos y no quiere que repitan sus pasos.

Esta es la vida de Amanda Miguel Fuentes Ardila, una mujer, joven de 34 años, oriunda de banco magdalena, quien estuvo marcada por las sombras al ser hija de la calle en dos ocasiones.

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Con una risa picara y juguetona dice que le gusta todo de la comparsa Salón Burrero Pa’ La Calle, tiene 1 año de estar moviendo las caderas al ritmo de la vida. El carnaval la ha hecho imparable, al poder vivir nuevamente y recargarla de fuerzas para un año de retos por superar. Está terminando sus estudios de básica secundaria, esté 2020 completará 8 y 9 grado.

Tiene sueños. entre esos, compartir su sazón en la cocina y qué mejor que en su propio restaurante. Así como comprar un apartamento para vivir con su hija Valentina. Pero esos sueños se vieron truncados por el desamor, un problema con el padre de su primogénito, del cual prefirió no hablar. Su cura, para el dolor, fue el bazuco, que daba una sensación ahogamiento y la hacía olvidar.

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A los 16 años, Amanda tuvo su primer hijo. Fue a esa edad cuando empezó a vivir en las calles. Su bebé le fue arrebatado de sus brazos, quedó bajo custodia del padre. Hoy, lo único que conoce de él es a través de una pantalla, por medio de facebook, para ver a ese joven que ya cumplió la mayoría de edad y que ahora vive en Bucaramanga.

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Al parecer la vida le volvió a sonreír a Amanda cuando menos lo esperaba. Ella vivía en el sector antes conocido como la zona de la cachacal, un lugar ubicado en el barrio san roque consumido por el vicio, con más de 10 ollas de expendio de alucinógenos, una constante incertidumbre con sensación a muerte y cubierta por basura.

Allí un ángel vestido de hombre, se ganó su confianza e hizo que recuperara su esencia como madre y mujer.

Quizá no tuvo la oportunidad de cuidar a su primogénito. Pero dedicó por 12 años su tiempo para velar por los 3 hijos de su nueva pareja, que se convirtieron en hijos propios. Con este hombre, tuvo a su hija Valentina. Su motor de superación. Pero al parecer la magia de su ángel guardián se agotó muy pronto.

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Y allí estaba nuevamente Amanda, durmiendo en las calles del centro de Barranquilla, reciclaba para sobrevivir y pagar una pieza que costaba 12 mil pesos.

Nunca robó, tampoco  se prostituyó, de eso está orgullosa y segura que nunca robará. Su más duro problema ha sido la droga.  Pero ya lleva 8 meses sin consumir.

Su mayor motor, Valentina, tiene 14 años. Por ella, tiene el sueño de comprarse un apartamento y enseñarle a sortear los problemas de la vida.

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Pensar en sus sueños, le hizo acordar del carnaval. Se ríe, y nos cuenta que tiene pena de salir a bailar en la guacherna. Su risa es de nervios. Como la de una oportunidad que hemos deseado de hace mucho y cuando por fin se presenta, descubres emociones que antes pasabas por alto. la emoción se apoderó de su ser, deslumbrada por el hecho de bailar en una de las fiestas más preferidas por los barranquilleros y que le da antesala al carnaval de Barranquilla.

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 Bajo una Barranquilla alumbrada por el farol del cielo, tocados neones , verde esperanza y carnaval, labios pasión y una sonrisa que no cabe en el rostro, posa Amanda antes el flash de las cámaras alrededor de ella. se siente famosa. es famosa, son la comparsa exaltada por la alcaldía de Barranquilla, como un reconocimiento a la superación. No deja de sonreír ni un instante, da saltitos de emoción, los ojos están a punto de desbordar lágrimas de alegría, lanza besos a la cámara, le baila a la multitud que los acoge con el más bonito del calor humano.

No se le escapa ni una foto. no para de moverse, saludar, está llena de energía nuevamente. Se abre la puerta de salón burrero y junto a sus compañeros renace la nueva Amanda. cargada de vibras positivas, baila champeta, al son de Esthercita Forero, de los tambores. no para hasta barrio abajo. en cada paso deja un miedo, en cada beso una inseguridad, en cada vuelta renace y en el farol la luz que ilumina su vida. es de la calle, pa’ la calle, pero a hacer feliz a la gente, a ser feliz, cumpliendo sus sueños al ritmo de la más linda de las fiestas, el carnaval.

 

 

 

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