
Brilla bajo la oscuridad de un cielo imponente la reina de Salón Burrero Pa’ la calle. Madeleine, encabeza la comparsa con su traje verde neón. En su rostro no hay reflejo de cansancio mientras deslumbra por la carrera 44 en plena Guacherna, a pesar de las largas horas de ensayo.
Sus ojos están cubiertos por un manto de lágrimas rebosantes. Una grata sonrisa para superar los momentos difíciles y llenarse de la alegría que desborda la gente. Mientras les aplauden no solo por su coreografía, sino porque son triunfadores de la vida. Madeleine lo tiene claro.
[embedyt] https://www.youtube.com/watch?v=AoXAaI4Xty0[/embedyt]
La adicción por el alcohol la atrapó cuando tenía 27 años. Era su método para pasar el desamor. A esa edad, fue acogida por la calle.
[embedyt] https://www.youtube.com/watch?v=CKg73ydwDJk[/embedyt]
En su mirada hay decisión, pero también arrepentimiento y consuelo.
La prostitución fue una de sus estrategias para sobrevivir.
Hay dolor entre sus palabras. Se describe como vulnerable, pero echada pa’ lante. La carretilla pasó de ser su refugio y su aliada en noches de desesperación, a convertirse en una herramienta para construir sueños. Ya no duerme sobre el cartón, ahora lo utiliza para tener ingresos y reunirse con sus hijos.
[embedyt] https://www.youtube.com/watch?v=bwW87kddMBg[/embedyt]
Es madre de dos niñas y un niño. No quieren que ellos la vean como la Madeleine de hace un par de años, consumida en el vicio y el alcohol. Si no como su madre, la mujer que superó adversidades y está ahí para ellos. Como la ha mantenido la fe en Dios.
[embedyt] https://www.youtube.com/watch?v=caJ8SGmgLpY[/embedyt]
Madeleine siempre ha sido coqueta. Antes trabaja como puerta a puerta, impulsadora o trabajos informales, pero nunca perdía su vanidad. Incluso los primeros días en la calle, sentía pena al tener que dormir en un cartón.
Sonríe. Es una risa a medias. Pero luego nos cuenta sobre su traje. Que será una sorpresa, la recubrirá de vida y de fortaleza. Así quiere ser vista por sus hijos.
Ya en la carrera 44 mueve la cadera, dejando a los lados las inseguridades. Gira sobre si misma al compás de las palmas, dando la sensación de renacer, como el ave fénix, desde las cenizas al revestirse de un nuevo ciclo de vida. El vestido de Madeleine, con boleros naranja y amarillo son como las llamas del ave, y significan larga vida. Eso es lo que ella espera, no para recuperar el tiempo perdido con sus hijos y familia, sino para darles todo el tiempo de ahora en adelante y decirle que el carnaval es el ciclo que reaviva su ser y le recuerda que ella sí salió de las cenizas, más fuerte que nunca.

