Camila es una joven cinéfila de 25 años de edad que va por lo menos dos veces por semana al cine, sus preferencias al momento de escoger una película abarcan todo tipo de género, directores y culturas, sin embargo, aunque nació en Colombia y ha vivido toda su vida en este país, rara vez ve cine colombiano.
Puede que resulte un poco incoherente pensar que, siendo esta joven una colombiana de pies a cabeza, muy poco vea el cine que se produce en su país. Al preguntarle sus razones, ella hace un gesto con su boca, levanta sus hombros y dice: “pues, no sé, tal vez porque los actores son muy malos y el presupuesto que utilizan para su realización no es suficiente”. Ella reconoce que en los últimos años, el cine colombiano ha tenido leves mejoras que han ido aumentando con el surgimiento de nuevos directores con una visión diferente a lo que se venía haciendo, no obstante, esos son solo unos pocos y todavía le hace falta mucho por mejorar.
La realidad del cine colombiano
Las salas de cine se llenan en su mayoría para ver películas como “Transformers: El lado oscuro de la luna”, “Los minions”, “Capitán América 2” entre otras películas que han sido de las más taquilleras en los últimos 20 años. Sin embargo, el panorama en el cine colombiano no ha sido igual, son pocas las películas que llegan a ser taquilleras, siendo “La estrategia del caracol” de las más vistas con 1.600.000 espectadores. Luego de 22 años aproximadamente con el estreno de El abrazo de la serpiente (2015) el cine colombiano volvió a tener alas y a recibir buenas críticas por parte de expertos. De hecho, de acuerdo con el diario El Tiempo (2016) “el fin de semana luego de su estreno, el filme tuvo 15.095 espectadores, en 6 meses llegó a 105.000”.
Las anteriores cifras permiten dar cuenta que el cine colombiano no es valorado ni se le ha dado la importancia suficiente, aún cuando se tiene en cuenta que hace parte de un proceso histórico que involucra a la industria y el arte. Es notorio que el cine colombiano no ha logrado ser rentable como industria y esa es una de las razones por las que es muy escasa la producción audiovisual que se da en el país. Es más, en comparación con países como México, Argentina y Brasil, los productos audiovisuales que se realizaban en Colombia eran pocos, pero igual se estaba avanzando y como muestra de ello está la película argumental sonora de 1941 “Flores de Valle”, así como otras películas entre los años 43 y 45, muchas de las cuales carecían de técnica y lo que hacían era imitar comedias musicales de México.
A partir de los años 50 se comienza a dar pasos hacia la construcción de una estética cinematográfica formal, con temáticas propias y con miradas sociológicas, contando ya con trabajos de montaje y de planimetría, hasta que en 1978 se crea la Compañía de Fomento Cinematográfico (Focine), una entidad adscrita al Ministerio de Comunicaciones que permitió la realización de 29 largometrajes en un lapso de diez años, logrando también que las historias contadas ya tuvieran un mejor tono con un mejor lenguaje, es decir, que el surgimiento de Focine permitió dar más sentido y disparar la producción de cine en Colombia, así como también el surgimiento de nuevos directores y productores.
Cabe mencionar, que en los últimos años se han reconocido grandes producciones no solo a nivel local, sino también en el plano internacional a tal punto de generar muchas expectativas en torno a la industria cinematográfica colombiana. Es preciso mencionar que el camino fue inaugurado por Sergio Cabrera con “La estrategia del caracol” (1993), “La gente de la universal”(1994) de Felipe Aljure y “La vendedora de rosas” (1998) de Víctor Gaviria. Sin embargo, la creatividad de estos largometrajes no fueron suficientes debido a la falta de financiamiento y sobre todo, debido al difícil panorama que tiene el cine colombiano por las historias regionalistas y el reflejo de lo que somos como país.
En la actualidad Colombia goza con una creciente actividad cinematográfica debido a la Ley de Cine 2003 que ha permitido que en el país surjan iniciativas entorno a esta actividad con la creación del FDC (Fondo para el Desarrollo Cinematográfico). A pesar de que ya hay una ley institucionalizada, el cine colombiano sigue sin tener una trascendencia formal, sobre todo en el país y es precisamente por ello que se hace casi que imposible encontrar material acerca de una película colombiana en internet y lo peor es que las que están en cartelera duran menos de 2 semanas en las distintas cadenas de cine, a lo que se le suma el hecho de que no cuentan con tanta publicidad por lo que muy pocas personas llegan a saber de los estrenos.
Asimismo, es importante recalcar que en 2017 se registraron 3.684.450 espectadores de cine nacional, mientras que en el mismo año se registraron 59.582.576 espectadores para las 304 películas que se estrenaron. Viendo más a fondo, la película más taquillera de ese año en las salas de cine colombiana obtuvo un total de 3.896.113 asistentes, más de lo que todas las producciones nacionales juntas obtuvieron en un período de un año. Estas cifras permiten concluir que el total de los asistentes a cine colombiano fue de un 5.9%, una cifra bastante baja.
¿Qué tanto se ve cine colombiano en Colombia?
Al igual que Camila, hay quienes se sienten identificados con esta situación, disfrutan de ver cine pero no cine colombiano, restándole importancia y valor a lo endémico. Según la encuesta de consumo cultural realizada por el DANE en el 2017, el 52,2% de los encuestados vieron cine y de ese porcentaje el 62,5% sí vio cine colombiano. No obstante, aunque según estas cifras más de la mitad de los encuestados respondió favorablemente al consumo de las producciones nacionales esto no se ve reflejado en el reconocimiento ni en el auge de las películas en el país y mucho menos internacionalmente.
Oscar Arias, experto en cine, opina que: “el acto de ir a una sala de cine, no necesariamente implica el hecho de que los espectadores acudan masivamente a ver el cine colombiano. Existe una hegemonía entorno a la oferta cinematográfica en el país. No solo en Colombia, sino a nivel mundial donde la industria norteamericana, específicamente “Hollywood” ha manejado la distribución con sus títulos. La distribución del cine colombiano se aferra al territorio nacional y poco a poco ha ganado espacio alrededor del mundo.” y que este espacio debe ser de constante creación por parte de los cineastas y por la distribución que las producciones tenga en el resto del mundo. Por su parte, el realizador audiovisual Álvaro Serje, concuerda en que la industria estadounidense es más taquillera o crispetera con relación a la nacional pero eso realmente no es el problema, sino que el poco reconocimiento de las películas del país, se debe a que los colombianos no creen en el cine que producen aquí y, a que los directores deben pensar más en un público internacional.
La encuesta arrojó además que en las primeras cinco casillas de los géneros más consumidos por los colombianos se encuentran: acción (22,94%), comedia (17,93%), ciencia ficción (15,03%), suspenso (11,35%) e infantil (11,01%). Aunque el género predominante es acción, lo cual va relacionado con la influencia que ha tenido el cine de Hollywood en nuestra cultura, en un segundo lugar está la comedia o humor y haremos un énfasis en esta parte. Si aleatoriamente seleccionamos a dos personas del común, preguntándoles si han escuchado de películas colombianas lo más probable es que respondan que sí, seguidamente mencionarán a las que han sido destacadas en el panorama internacional nominada a los Óscar hasta acabar mencionando las diferentes ediciones de “El Paseo”. Estas últimas, debido a que es normal que relacionen el concepto de “producciones colombianas” con películas que “dan risa”.
Precisamente este experimento se hizo con dos estudiantes de la Universidad del Norte, de los cuales uno está a favor del cine colombiano y otro no tanto. El primero de ellos menciona que el cine colombiano es un cine en crecimiento: “en los últimos años el número de películas y de trabajos cinematográficos ha incrementado; los nuevos guionistas y productores han permitido que gane visibilidad, pero hasta ahí. Los colombianos no van a ver cine colombiano.” Además, plantea que las producciones colombianas que ha visto tales como García, El abrazo de la Serpiente y Pájaros de Verano “son buenas producciones con situaciones reales, cero comerciales y buen trabajo de cámaras, lo que las llevó a ser nominadas y ganadoras de varios premios”. El otro estudiante afirmó que en su vida solo había visto una o dos películas colombianas por televisión y no las recomienda en absoluto: “me vi El Paseo 1 y 2 y la verdad me parecieron malas, los actores eran pésimos y se exageran las situaciones de la cotidianidad a tal punto de tornarse ridículo”.
En este sentido, Arias sostiene que “existe una comedia centralista por decirlo de alguna manera, donde son los personajes del interior quienes a través de una fórmula buscan construir imaginarios, arquetipos y narraciones entorno a distintas situaciones enmarcadas dentro del género de la comedia”. Manifiesta además que existe una historia sobre el género de la comedia que merece ser analizado y que ha permitido que los espectadores se movilicen a las salas con títulos como: El Paseo 1, 2 y 3; El Coco 1 y 2 o Uno al año no hace daño. “Estos títulos sólo por mencionar algunos han encontrado espacio gracias a la asistencia a salas que es lo que al fin y al cabo hace que una película encuentre espacios o no dentro de la taquilla”. Sobre este tema Serje cree que se producen comedias porque “hablan más de lo que somos nosotros y lo que al local lo hace reír aquí y solo nosotros sabemos de lo que están hablando, entonces al ir a ver comedia van más tranquilos, más serenos”, también considera que la comedia funciona como un catalizador de todos los infortunios que ocurren en Colombia y que dan cuenta de la personalidad de cada colombiano, enfatizando también en que este género puede explorarse más a fondo sin necesidad de presupuestos exorbitantes y que pueden combatir con algunas producciones de Hollywood.
Como ya mencionamos anteriormente, el género más consumido por los colombianos es en gran medida la comedia, al preguntarle al nuestro experto qué hacer para fortalecer los otros géneros que también se producen aquí, nos respondió que “ojalá tuviera la fórmula secreta” dándonos entender que esto es un proceso de prueba y error en el constante hacer de la creación y la construcción de historias. Pero que “se pueden hacer aproximaciones y el cine de autor ha tomado gran relevancia en el siglo XXI. Una generación de cineastas noveles como lo fueron: Ciro Guerra, Cesar Acevedo, Oscar Ruiz-Navia, Cristina Gallego o Laura Mora han marcado el camino para una segunda generación retratada en Catalina Arroyave, Franco Lolli o Juan Diego Escobar. Este cine de autor ha marcado y abierto espacios en festivales permitiendo generar espacios donde el cine colombiano se ha promocionado, comercializado y vendido atrayendo las miradas hacia el país. A su vez, las políticas de estado han beneficiado y promovido la producción de distintos géneros, narrativas y estéticas”. Así mismo, es importante señalar que los géneros son cíclicos y que el que hoy es el más apetecido mañana quizás, no lo sea. Por esto, lo que realmente fortalece las producciones nacionales “es poder tener más espacios de visualización tanto en salas tradicionales, como alternativas, incluso a través de las distintas ventanas que nos ha traído la tecnología”.
La comunicadora y amante del cine Angélica Gómez, dice que el cine colombiano ha avanzado en los últimos años a pasos agigantados en cuanto a sus producciones y que esto se debe a que los directores se han atrevido a manejar temas más universales y atractivos para un público global pero con realidades nacionales, lo que ha hecho que se fortalezca el sello de la producciones colombianas. Sin embargo, considera que se deben seguir explorando otras temáticas o géneros de gustos más taquilleros. Por su parte, Serje, cree que para lograr un fortalecimiento en todos los géneros en los que se están realizando producciones, se debe comenzar por cambiar las fórmulas que estamos acostumbrados a ver en televisión, de alguna forma es educar a la audiencia para que vaya a ver otro tipo de cine, además, esto también debe ir acompañado de la forma en cómo se vende el producto o que tiempo dura en cartelera, es formar un público que salga de sus zonas de confort.
¿Qué plataforma utilizan los colombianos para ver cine?
En cuanto al tema de dónde ven las personas cine colombiano (plataformas, lugares, etc.), podemos observar que la gran mayoría de las personas encuestadas las ven en televisión (49.31%), mostrando así una gran aceptación de las producciones nacionales en la pantalla chica. El cine se encuentra en segundo lugar (32.18%), seguido de formatos como el DVD y el VHS que fueron utilizados por 1596 personas, el 10.95%, para ver películas colombianas; luego de esto se encuentran las personas que las observaron en internet o las descargaron, el 6.86% en total, estas personas muestran un interés en conocer más sobre la producciones colombianas, interés que probablemente comparten con aquellas personas que van al cine y con las que ven películas en DVD y VHS. En menor cantidad hay encuestados que vieron producciones nacionales en sus colegios, escuelas o universidades (0.67%) revelando que desde algunas instituciones educativas probablemente se está intentando inculcar una cultura cinematográfica nacional.
Rentabilidad de hacer cine en Colombia
Debido a la poca cultura que hay en Colombia entorno a apoyar el cine e ir a las salas de cine, algunos expertos encuentran poco rentable hacer cine en Colombia, viendo la rentabilidad desde la óptica de generar retornos aparte de la inversión. Sin embargo, según Arias la rentabilidad se ve en la medida que se hace cine para contar historias, cuestiona que “¿qué hubiese pasado si Ciro Guerra hubiese pensado en los números luego de <La sombra del caminante>?, seguramente nunca hubiese tomado una cámara nunca más. La idea era poder llegar a espacios, tales como festivales y poder generar dinámicas entorno a su obra. Los números después de todo llegan de una forma u otra. Siendo las buenas historias las que prevalecen”. Por ende, el hacer cine en Colombia o no hacerlo es una dicotomía bastante difícil de resolver, principalmente porque debe ser abordada en todos los eslabones de la cadena de valores teniendo en cuenta las percepciones de productores, distribuidores y exhibidores. Arias reiteró que “los esfuerzos van de un lado al otro y es el cine colombiano el que seguirá luchando más allá de las cifras en un informe”.
Ahora bien, si lo que se busca es fortalecer la industria cinematográfica colombiana en un panorama general no solo nos debemos basar en el análisis o crítica del producto final sino en el proceso que se lleva a cabo para obtenerlo. En este sentido, Arias al igual que Serje, sostiene que una medida que se podría implementar sería el educar al público. No solo educarlo para que vea el cine, sino para que entienda qué es lo que hay detrás de las cámaras. Generar espacios de debate y reflexión en la academia que estimulen no sólo la producción, sino también la distribución, “hemos fortalecido el músculo de producción, ahora hay que hacer estrategias de comercialización y divulgación de nuestro cine”. También afirma que el generar alianzas público-privadas es una buena herramienta para no solo depender de los recursos que se generen como tributos del estado: “los privados deben apostarle al cine para generar alivios tributarios que puedan generar que muchos cineastas puedan llevar a cabo sus proyectos.” Finalmente concluye que “creo que lo primordial está en que, después de todo, quien tenga una buena historia pueda llevarla a buen puerto, bajo cualquier costo, estímulo o apoyo”.
Asimismo,sobre esto, Serje afirma que la industria colombiana va por buen camino, “me parece que lo que ha pasado en los últimos años es importante, creo que la industria colombiana está dando muestras de buena salud con una cinematografía que va creciendo cada año y tiene propuestas muy interesantes, creo que debemos permitir que sea una cinematografía más variada, una sana, o sea puede tener películas como las de Sábados Felices y puede tener el Abrazo de la Serpiente. Me parece que eso habla muy bien de la cinematografía del país y creo que eso no debería perderse, que debería mantenerse y no satanizar las comedias de Dago García o de Caracol porque no esta mal que se hagan y porque apelan a un público que no se apela. Creo que el estado ha hecho un buen trabajo con el cine fortaleciendo políticas públicas de apoyo a cinematografía y me parece que la industria privada debería apoyar de vez en cuando, meterse la mano al dril para apoyar a esta industria en general y desafortunadamente la pata que hace falta es el público, el gran problema es que no responde como se espera, no responde de manera muy concentrada en unos pocos títulos, entonces ojalá haya un público colombiano formado que pueda soportar mejor una industria donde haya una variedad de películas y no una misma formulada repetida. Esta es la tarea pendiente del cine colombiano”.
En este orden de ideas, existen un sinnúmero de predicciones sobre lo que le depara al cine colombiano, esto debido al creciente auge que ha tenido en los últimos años. Arias está de acuerdo con que hay que potenciar las ideas de la periferia, superando la centralización de ciudades como Bogotá, Cali o Medellín, fortaleciendo estrategias en el mundo digital para facilitar el acceso al cine colombiano. De esta forma, se podría llegar a construir redes en el cono sur de América para que no solo a través de los festivales se pueda ver el cine colombiano. Son muchas las tareas y escenarios que puede tener el cine colombiano en el futuro. Lo importante no es solo verlo en las salas sino promoverlo en nuestro diario vivir para así poder generar empatía a lo que muchos colombianos consideran más de lo mismo.
Por otra parte, Álvaro Serje manifiesta que se espera que siga creciendo, que siga constituyéndose como una cinematografía saludable, variada que permita diferentes voces y expresiones de la identidad del país, de la cultura del país, enfatizando en que “esperaría que pudiera ser un cine que le hable al público colombiano para que responda mucho mejor”. Se esperaría que continúe creciendo no solo como industria, en términos de números y cifras, sino encontrando una voz propia, encontrando directores que hablan desde lo colombiano, desde ese sentir muy propio que es el sentir de un país o una nación. “Yo anhelaría que no creciera solo en términos monetarios, me parece importante que lo haga pero que lo haga como una cinematografía que pueda proponer un cine con una voz y una mirada propia que identifique lo que significa ser colombiano y que le presente al mundo lo que significa Colombia”.
Lo que resta por decir es que esperamos que aquellos que, al igual que Camila, rara vez consumen cine colombiano, redescubran nuestra cinematografía que cada día toma una nueva voz que se hace más fuerte. Asimismo, que no olviden que esa fuerza y reconocimiento también se lo otorgamos nosotros al ir a las salas de cine para disfrutar de ellas, y de esta forma, como ciudadanos consumidores de cine, podamos ver a Colombia a través de un lente.
Este reportaje se realizó utilizando la base de datos del DANE sobre la encuesta Consumo Cultural realizada en el año 2017, en el siguiente link podrán acceder a un archivo en excel donde se encuentran disponibles los datos que utilizamos para realizar tanto las gráficas como las conclusiones a las que llegamos: https://drive.google.com/file/d/12ednHwo-3Xe4Ix21LlsztRZYwt8h9zwR/view?usp=sharing