Por: Daniela Carreño Bolívar
El evento, titulado Conversando con Margarita Rosa de Francisco, se llevó a cabo el jueves 3 de abril a las 5 p.m. en el Auditorio NIDO – Palacio de la Proclamación, en el Festival Internacional de Cine en Cartagena de Indias. Una tarde de reflexión y gratitud en la que la actriz compartió su visión única sobre la vida, el arte y la autenticidad.
De Francisco, una figura reconocida en el mundo artístico, fue galardonada con el Premio Toda Una Vida, Víctor Nieto Núñez, en la 41° edición de los Premios India Catalina. Este reconocimiento es el más importante de los Premios y se le otorga a quienes han dejado huella en la industria del cine y la televisión colombiana.
La galardonada también recibió el Premio Actriz del Siglo, hecho que califica como “reconfortante”. “Es el resultado de un trabajo colaborativo”, declaró, dejando claro que el reconocimiento no es solo suyo, sino de todos los que han sido parte de su trayectoria.
Durante el conversatorio, Margarita Rosa De Francisco compartió sus reflexiones sobre el arte, la incertidumbre, el miedo y el desafío de una mujer que busca trascender la belleza física. “Cada decisión implica una renuncia”, explicó. Y, aunque reconoce el miedo como un sentimiento familiar, nunca ha cedido ante él. En lugar de evitar la incertidumbre, ha aprendido a enfrentarse a la toma de decisiones, incluso cuando estas se traducen en errores. “He cometido errores, pero me siento muy conforme con ellos”, afirmó con una sonrisa.

Uno de los recuerdos más desafiantes para Margarita fue su paso por la producción Fidel, en la que tuvo que hablar en inglés y se enfrentó a lo que describe como su “instinto de autodestrucción”. Para ella, el cine siempre ha representado una profundidad que le genera miedo.
En el evento, también mencionó la deconstrucción necesaria para crear su personaje en la obra El Paraíso y recordó un consejo valioso de un profesor: “Vuélvase loca ya”. Una invitación a liberarse de las restricciones y a ser completamente auténtica. “Fue un antes y un después”, comentó.
Aunque se considera más una actriz de telenovela que de cine, experiencias como El Paraíso han transformado su camino hacia una mayor profundidad. En este filme dirigido por Enrico María Artale, su personaje tenía apenas diez minutos en pantalla, pero la intensidad de la actuación la hizo sentir como si estuviera enfrentando el mismo miedo. “Me permitió descubrir un cuerpo distinto, algo muy liberador”, compartió. La transformación física y mental fue uno de los mayores desafíos de su carrera, y Margarita lo asumió con valentía.
Pese a dichas exigencias físicas y estéticas, Margarita no teme al paso del tiempo. “Me siento envejeciendo con mucha alegría y alivio”, expresó. Acepta su cuerpo con sus imperfecciones, reconociendo el esfuerzo que ha hecho para mantenerlo. “Tengo un proxeneta interior que me ha tratado con mucha violencia”, bromeó, aludiendo a su disciplina y a veces, exigencia extrema.
A pesar de su enorme carrera, De Francisco no se considera aún una “artista”. “Todavía no he logrado un círculo completo de experiencia artística”, afirmó. Se describe a sí misma como una actriz que escribe, y se prepara para graduarse en filosofía, lo que ha sido una experiencia enriquecedora.
La actriz compartió que siempre ha vivido acompañada del existencialismo, el terror a la vida y la incertidumbre de la muerte.
La terapia psicoanalítica le ayudó a atravesar ese miedo. “La vida no tiene cura”, reflexionó. La filosofía le ha permitido aceptar que a ciertas preguntas que nunca se resolverán por completo, y ha aprendido a vivir con ellas.

El arte ha sido para ella un refugio, un espacio donde ha puesto su alma a pasear. En su opinión, el arte es la manifestación del ser, y es ahí donde realmente comienza la obra. El arte le ha dado la oportunidad de alejarse, aunque sea por un momento, de las preguntas filosóficas y existenciales que la aquejan.
Por último, aceptó que, aunque le importa el reconocimiento, lo que realmente valora es verse reflejada en la mirada de los demás, incluso si esa mirada no siempre es positiva. “Me gusta reconocerme en la mirada de los otros, aunque no sea agradable”, señaló con sinceridad.