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Portada por: Joshua Cruz.

Escrito por: Emily Soto Lizarazo y Marisell Acuña Pérez

Este 6 de febrero las calles de Barranquilla se llenaron de luces y colores durante uno de los eventos más emblemáticos de la ciudad: la Guacherna. Como todos los años, miles de personas salieron a disfrutar del desfile; sin embargo, para muchos asistentes la fiesta se vio manchada por los sobreprecios en la silletería a pesar de la regulación anunciada por la Alcaldía. 

Días previos a la celebración se generó debate por la alerta de precios elevados por las sillas para ver el desfile. Luego de conversaciones con la Secretaría de Gobierno, la Secretaría de Control Urbano y Espacio Público y los representantes de silleros, se anunció que el precio oficial de la silletería sería de $45.000. No obstante, esto no se cumplió. 

En conversación con distintos asistentes a lo largo de la carrera 44, solo algunos compraron al precio anunciado, ya que el valor cambiaba dependiendo de la ubicación a lo largo del recorrido, la cercanía de la fila y el encargado del alquiler. 

Diana Gómez, una de las espectadoras del desfile, manifestó que compró sus sillas en $60.000 cada una entre las calles 68 y 69, luego de encontrarse con ofertas que llegaban hasta los $150.000 en primera fila. Asimismo, había paquetes turísticos que incluían acompañamiento, baño privado y solo una botella de agua y una cerveza por $200.000, como se ve en las siguientes imágenes: 

Chats con los precios de servicios para la Guacherna proporcionados por Diana Gómez.

Por otro lado, según una fuente que prefirió mantenerse anónima, también se presentaron problemas a la hora de reclamar las sillas compradas. Luego de hacer negocios con un hombre en el sector y de comprar cuatro sillas por $300.000 (75.000 cada una), al llegar al lugar le dijeron que no conocían a quien les había vendido.  

Después de discusiones, regateos y de que trataran de dejarles en la segunda fila porque la primera “era para los gringos”, los asistentes pudieron ubicarse en sus asientos correspondientes. “A mí mamá también le pasó. Ella alquiló 6 sillas, $300.000 las seis. Mi mamá pagó y ahora ella no está viendo la Guacherna. Le robaron. Se fue llorando porque le dijeron: no, nosotros no conocemos a quien se las alquiló”, menciona otra asistente del evento.

Factura con el precio de las sillas proporcionada por una fuente anónima.

A lo largo del desfile no hubo unificación de precios. De un lado a otro de la carrera 44, incluso en una misma calle, las sillas oscilaron entre los $75.000 a los $50.000 pesos sin ninguna explicación. Los precios bajaban en algunas ocasiones entre más lejos se estaba del inicio del recorrido, en la calle 70. Solo en algunas zonas como en los alrededores de la Plaza de la Paz. las sillas costaron $30.000 sin importar a quién se le preguntara.    

Esta falta de control también se evidenció en situaciones paradójicas. En algunos sectores del recorrido se observaron filas completas de sillas vacías durante gran parte del desfile. Según testigos, varias personas que habían alquilado estos puestos no lograron cruzar al otro lado de la vía antes de que esta fuera cerrada por la logística del evento, por lo que perdieron el acceso a los asientos ya pagados. A pesar de esto, quienes administraban la silletería aseguraron que no podían permitir que otras personas se sentaran ni revender los espacios, ya que “ya estaban cancelados”. 

Sillas vacías ya pagadas. Fotografía por: Marisell Acuña Pérez.

Además de la silletería, los asistentes también tuvieron que asumir otros gastos para disfrutar del desfile. Las bebidas presentaron precios elevados: cervezas que llegaban hasta $5.000 pesos, con promociones ocasionales, y la espuma carnavalera alcanzó valores superiores a los habituales. Los precios de esta variaban entre los $8.000 y los $10.000. El uso de baños privados en viviendas cercanas al recorrido tuvo un costo adicional de $2.000 pesos. No obstante, en algunos combos turísticos ofrecían este servicio por $10.000, lo que incrementó aún más el gasto de quienes permanecieron varias horas en el evento. 

Ante los sobreprecios de los servicios durante el desfile, varias personas optaron por alternativas gratuitas para disfrutar de este: como observar a las comparsas desde los bordillos, muros, balcones, o parados durante horas detrás de las silleterías, además de aquellos que tuvieron la oportunidad de verlo desde sus viviendas. 

Aunque la Guacherna es una celebración popular, los sobreprecios hacen cada vez más difícil disfrutarla sin contar con el dinero necesario. A los altos precios de la silletería se suman gastos como la comida, las bebidas, y el uso de baños, lo que incrementa el costo de permanecer en el desfile. Esto termina condicionando la experiencia de los asistentes a su capacidad económica y evidencia una brecha entre el carácter tradicional de la fiesta y la forma en que hoy se vive en las calles de Barranquilla

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