Alex “Poatan” Pereira reclama su título como campeón de peso semipesado al vencer a Magomedov Ankalaev
Pereira celebrated while standing over the defeated Ankalaev / Getty Images
Ochenta segundos fue lo que bastó para que el silencio de la arena estallara. En ese lapso Alex “Poatan” Pereira volvió a ser campeón, volvió a ser leyenda. Lo que muchos creían imposible, vencer al ruso Magomed Ankalaev, el hombre que lo había dominado por más de 5:00 minutos en su anterior pelea, ocurrió frente a miles de testigos el pasado 4 de octubre en UFC 320, llevado a cabo en la T-Mobile Arena de las Vegas. Una derecha precisa, una ráfaga de golpes y codos, y el brasileño se levantó para reclamar lo suyo: el trono del peso semipesado de la UFC. No fue solo una victoria: fue la redención después de su derrota.
Alex Sandro Silva Pereira, apodado Poatan, que en la lengua tupí significa “mano de piedra”, es uno de los golpeadores más temidos de la UFC. De origen humilde, creció en una favela en São Paulo, Brasil y dejó la escuela para trabajar en una tienda de neumáticos a sus 12 años. Se forjó en el kickboxing donde se volvió una de sus armas principales para conquistar la UFC, donde ya ostentó títulos en dos divisiones.
Su estilo es definido por la frialdad, el cálculo y una potencia que no perdona a ninguna quijada. No es un peleador de suelo ni del control; es un cazador que espera el momento exacto para derribar a su presa. En un deporte a veces opacado por peleas en el suelo y basadas en el control hacia el oponente, Pereira representa lo contrario: el riesgo, poder y pasión que le da a la UFC un respiro de aire fresco.
Su objetivo desde su derrota contra Ankalaev era claro: recuperar el cinturón que le fue arrebatado y callar a la gente que dudó de él. Aquella noche de marzo, el ruso lo había dominado con paciencia y técnica, según UFC Stats, Magomed acertó 94 golpes significativos frente a 76 de Pereira, y un control de cinco minutos y cuarenta y dos segundos en total y cero del Brasileño. Arrebatándole el título como campeón y parte del respeto que se le tenía. Desde entonces, su silencio fue una promesa. No juró revancha con palabras, sino con trabajo. Y cuando regresó, lo hizo con una determinación tallada en piedra. No buscaba venganza, sino justicia. Quería demostrar que su caída no era su final, sino una oportunidad para mejorar como deportista.
El muro se llama Magomed Ankalaev, campeón ruso del peso semipesado, un especialista en wrestling y control del octágono. Muy característico de los peleadores de Dagestan . Lugar de donde esté luchador proviene. Ankalaev representa lo opuesto a Pereira: un peleador con un estilo paciente, metódico que gana controlando a su oponente. En su primer enfrentamiento, el ruso logró justamente eso: controlar la pelea al hacer dudar a Pereira, rompiendo su ritmo. Lo que forzó a su juego y se llevó la decisión unánime. Ankalaev parecía haber encontrado la forma de apagar la furia de Poatan, y la UFC lo consagró como su nuevo campeón de la división.
El día de la pelea, el brasileño camino al octágono no con confianza, sino con convicción. La multitud gritaba su palabra característica, “Chama”, mientras él carga su arco listo para cazar al hombre que le quitó su título. En la llegada de Ankalaev, se aseguró de no quitarle los ojos de encima. Como si supiera que hoy recupera su puesto como campeón de peso semipesado.

El brasileño Alex Pereira of Brazil (drcha.) golpea al ruso Magomed Ankalaev en su combate por el título de la categoría de peso semipesado de UFC, en Las Vegas, el 4 de octubre de 2025 © Sean M. Haffey / Getty Images North America/AFP
La revancha fue rápida y brutal. En la pelea, Pereira no esperó. Atacó desde el inicio con una presión que tomó por sorpresa al ruso, conectando 28 de 45 golpes significativos frente a sólo 4 de Ankalaev, según los datos oficiales de UFC Stats. Un derechazo cruzado partió el aire y la defensa del ruso. Ankalaev buscó el derribo; falló. En segundos, Poatan lo sepultó bajo una tormenta de golpes y codos que obligaron al árbitro a detener la pelea al minuto y veinte segundos del primer asalto.
En la entrevista posterior a la pelea, Pereira con la mirada tranquila al saber lo que logró con esa victoria, levantando una vez más el cinturón ante un público que rugía su nombre. Frente a la pregunta de Joe Rogan
“Fuiste por Magomed Anakalev con la venganza en tu mente, fue muy diferente a tus otras peleas, simplemente marchaste hacia él ¿fue éste tu plan llegando a la pelea?”
Poatan respondió:
“La venganza no es buena, mata el alma y la envenena, no es venganza, yo estaba preparado en este momento. Muchos no creían que estuviera en malas condiciones la pelea pasada. Pues lo vieron”
Además, dedicó su victoria al hermano fallecido de Jon Jones, en un gesto que mostró respeto y humanidad. Mostrando interés en una “super-pelea”, subiendo a la categoría de peso completo para buscar otro cinturón.
La victoria de Poatan trasciende lo deportivo. Es una historia de retorno, del hombre que se rehace tras ser derrotado, que enfrenta sus falencias y llega a la arena donde fue vencido para renacer. En 72 segundos, Pereira recordó al mundo por qué su nombre está entre los grandes de la UFC: porque pelea por más que solo demostrar su fuerza, pelea con un propósito. Ahora con el trono recuperado, un rival como Khamzat Chimaev dispuesto a subir de peso para pelear contra él, y la oportunidad de subir de división, sólo queda la pregunta: ¿Qué sigue para Poatan?