Por: Daniel Salas Rangel
Avellaneda volvió a vivir unas semifinales de Copa Libertadores después de 28 años, en un duelo vibrante y trabado entre Racing y Flamengo, quienes habían dejado la serie abierta tras la victoria del Fla 1-0 con un autogol de Marcos Rojo.
Desde la previa, las declaraciones de Gustavo Costas, entrenador de Racing, dieron de qué hablar al afirmar que llegarían a la final de Lima. Un reto para Flamengo, que buscaba demostrar por qué es uno de los mejores equipos de Sudamérica, y un impulso para la moral del hincha de La Academia, que veía posible disputar su segunda final de su historia.
Lleno de bengalas y colores, el recibimiento no decepcionó: y elevando las expectativas para un nuevo capítulo entre argentinos y brasileños.
Racing salió a buscar el gol desde el primer minuto, jugando con una línea defensiva adelantada y tirando balones largos en el frente de ataque para provocar el error del bloque defensivo del Fla. Así fue como, tras un centro de Facundo Mura, Conechny tuvo la oportunidad de empatar la eliminatoria, cabeceando a quemarropa, pero Agustín Rossi respondió con una atajada magistral que bien podría valer un título.

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Después de unos primeros minutos con dominio local, los brasileños respondían con más efectividad, teniendo en los pies de Varela y De Arrascaeta las oportunidades más claras, pero al igual que en el partido de ida, Facundo Cambeses fue el héroe bajo los tres palos del conjunto de Avellaneda. Bajo ese panorama terminó el primer tiempo: ocasiones para ambos lados, pero con Flamengo con pie y medio en Lima.
La segunda mitad comenzó con la polémica expulsión del ecuatoriano Gonzalo Plata, quien propinó un manotazo en la pierna de Marcos Rojo. Fueron casi 10 minutos los que se perdieron entre la indecisión del árbitro por confirmar la infracción y la presión del Mengão para que se revisara la jugada, aunque sin éxito.
Con la necesidad de un tanto y un hombre de más, Costas dio entrada a tres atacantes: Duván Vergara, Luciano Vietto y Adrián Balboa, con la esperanza de hacer el gol que los llevara al menos a la tanda de penales. Centros por la izquierda, centros por la derecha y tiros de media distancia no fueron suficientes para romper el cero ante un inspirado Rossi, resguardado por una defensa imbatible liderada por Leo Ortiz, quien no daba por perdido un balón.

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Al filo del final, Racing tuvo su oportunidad de oro con un disparo dentro del área de Vietto, que Rossi volvió a repeler, sentenciando así la eliminatoria a favor de los dirigidos por Filipe Luís, 1-0, que alcanzan su cuarta final en las últimas siete ediciones y teniendo la oportunidad de ser el primer club brasileño tetracampeón de Libertadores.
Por parte de Racing, la entrega fue total. Fue insistente durante los 90 minutos y lo intentó de todas las maneras posibles, pero no fue suficiente para romper la muralla brasileña comandada por un gran Leo Ortiz y un excepcional Rossi, cuyas atajadas antológicas vivirán en el recuerdo del hincha del Mengão y en la frustración de La Academia, que vio esfumarse una oportunidad única.