LURUACO:

AL PIE DEL FOGÓN

“Ella fritaba y luego íbamos con ella a ayudar a fritar, después dejó el trabajo y nos dijo “bueno, cojan la mesa”

Al detenerse el bus, los pasajeros comenzaron a murmurar. Unos con emoción, otros a manera de queja, pero un sonido se distinguía de entre todos: el tintinear de las monedas pasando de una mano a otra. Una vez las puertas del vehículo fueron abiertas, un hombre con una ponchera y una jarra con un zumo color amarillento subió, llamando la atención de los que allí se encontraban. El aroma a maíz frito mezclado con carne inundó el cerrado lugar, despertando entre los viajeros ganas voraces de devorar lo que fuera que el personaje tuviera en dicha vasija plástica. Los turistas recurrentes ya sabían lo que se encontraba dentro del recipiente, por lo que no fue extraño escuchar la pregunta que se repitió más de una vez:

—¿Me vendes una arepa e’ huevo?

La redonda fritura a su vez daba idea del lugar en donde los pasajeros se encontraban: Luruaco, aquel municipio atlanticense famoso por la producción de dicho manjar. La crocancia externa combinada con la suavidad interior convierten a la Arepa con Huevo de Luruaco en un atractivo turístico que posee detrás una historia que se ha entretejido de generación en generación. Una receta que se ha enseñado, literalmente, al pie del fogón. Para el surgimiento de la insigne fritura habría que remontarse a las épocas donde la difunta Pabla Melgarejo fritaba en las fiestas para descifrar el origen de tan famosa receta.

ESCUCHE AQUÍ LA HISTORIA “LA PETICIÓN”.

LA RECETA

Son las 4:00 de la madrugada y la señora Lucas Castillo está haciendo su propia masa de maíz. Dicho acto es algo que le aporta singularidad a sus frituras pues ésta es diferente a la Promasa, aquella harina que es utilizada por las fritangueras de la ciudad que lejos de ser una ventaja para las ventas, por el tiempo ahorrado en la preparación de los productos, termina covirtiéndose en un punto en contra pues el sabor de dicho alimento no es el más exquisito de todos.  Por esto, Doña Lucas prefiere seguir el método tradicional, donde efectúa uno de los procedimientos más antiguos para preparar la masa que posteriormente convertirá en deliciosos fritos. Aquel le fue enseñado por su madre y que repite los fines de semana cuando, al arribar a Luruaco, se dirige al puesto familiar:

Dato: antes de echar a cocinar el maíz se debe apartar un poco de éste, el cual será añadido a la masa en caso de que ésta se pase de cocción.

Al tener la masa lista, Doña Lucas se moviliza a la vía principal del municipio de Luruaco. Luego de dos cuadras y media caminando bajo el inclemente sol atlanticense, llega al puesto que le fue heredado por su madre, la legendaria Rosa Amelia “Chiquita” Montero, quien a su vez recibió el lugar de su madre Pabla Melgarejo. En este lugar se encuentra con Socorro Castillo, una de sus hermanas quién con suma experticia utiliza sus manos para darle forma a los alimentos, aquellos que hambrientos transeúntes no dudan en acercarse para comprar. además de la tradicional y aclamada arepa con huevo, Castillo tiene una gran variedad de fritos en el puesto, como los patacones rellenos con pollo, carimañola, la arepa de huevo con carne, papa rellena con pollo y bebidas representativas de ésta clase de puestos como el guarapo y el jugo de corozo.

Es en este lugar donde realiza un segundo proceso: con la masa que su hermana ha preparado con antelación, elabora las tortas que luego de varios pasos se transforma una arepa con huevo que tiene el sabor más singular de Luruaco.

UN SABOR SINGULAR

Pero el inicio de esta tradición se remonta mucho tiempo atrás, incluso antes de la famosa petición con la cual se realizó la primera arepa con huevo. Hacia comienzos del siglo XX, en el municipio de Luruaco, las parrandas, como son popularmente llamadas las celebraciones de diversas índoles, se extendían por varios días. En medio de una de estas festividades, Doña Pabla Melgarejo vio la posibilidad de rebuscarse gracias a el festejo que tomaba lugar en frente de su hogar. Fue así entonces como Melgarejo, al segundo día de fiesta, tomó maíz, lo coció, lo molió y lo separó en dos masas. De una saldrían arepas dulces, a las cuales le añadió azucar, y de la otra arepas de sal, que mezcló con algo de anís. Al tercer día, Doña Pabla ya había agotado todo el maíz para hacer las arepas debido al éxito de estas, y de ahí en adelante continuó con la venta del producto en distintas celebraciones. Años más tarde decidiría poner un puesto en la vía principal del pueblo.

Con el pasar del tiempo, Doña Pabla Melgarejo se retiró, dejando así el puesto a su hija Rosa Amelia Chiquita Montero. Así lo mencionó la misma, quien con dificultad debido a los 96 años que ostenta, recuerda que fue su propia madre quien les enseñó a fritar, para luego, años más tarde, dirigirse con ella al puesto y ayudarla con la venta de los alimentos. Afirma, en repetidas ocasiones, que “después ella dejó el trabajo y nos dijo “bueno cojan la mesa” y ahora se la di a las hijas mías”. Aunque en la época de Melgarejo habían varios puestos de fritos, fue durante los años de Chiquita que éstos se popularizaron y se convirtieron en lo que son hoy en día: lugares de visita obligatoria una vez se pisa el suelo luruaquero. Doña Chiquita, durante más de 60 años ha sido el rostro de la arepa con huevo, es conocida en todo Luruaco y el Atlántico como la responsable de que se haya perpetuado una tradición, además de haber sido la legítima heredera de la receta que contenía la primera arepa con huevo.

"Chiquita Montero" | Galería

Tras haber aprendido en su infancia a hacer fritos gracias a las enseñanzas de su abuela Pabla Melgarejo, Lucas Castillo Montero ponía en práctica la tradición familiar todas las mañanas a la hora de preparar el desayuno para sus hijos. Su jornada empezaba en al mercado en Cartagena donde, pese a sus deseos de tener una masa hecha por sus propias manos, debía dirigirse a este lugar para comprar una que venía ya preparada. No contentos con disfrutar del desayuno solos, sus hijos compartían con sus vecinos los productos hechos por su madre. Los fritos de Doña Lucas se hicieron famosos en el barrio y atrajeron a los habitantes cercanos quienes, de un momento a otro, empezaron a encargarle dichos alimentos. Sin embargo, debido a su trabajo como enfermera a tiempo completo, solo dedicaba los fines de semana a hacer fritos como arepa de huevo con carne, carimañola, empanadas, entre otos que había tenido la fortuna de aprender en su natal pueblo.

Lucas Castillo afirma que parte del éxito, y del sabor sin igual que tienen las arepas de su familia es hacer las cosas con amor en lugar de hacerlo por dinero. Según su creencia, si se hacen las cosas con entrega, dedicación y mucho corazón el resultado es mejor en calidad. Añade que el hecho de ejercer su actividad con ese sentimiento tarde o temprano le da a la persona beneficios económicos.

Esta tradición culinaria que practica Doña Lucas ha sido pasada de generación en generación de mujeres a mujeres. Los hombres de la familia Castillo Montero cumplen otros roles pero nunca vinculados a la cocina. Curiosamente, los varones de otras familias si lo han hecho, aunque no directamente con la acción de fritar. Éstos se encargan de ejercer una práctica destinada solo a los hombres, que se trata de vender en los buses que hacen su tránsito por la vía La Cordialidad desde y hacia ciudades aledañas como Barranquilla, Cartagena y Santa Marta. Hombres uniformados con pantalón clásico azul turkey y camisa manga larga blanca se suben a determinadas rutas de buses ofreciendo los fritos a las personas que se movilizan entre los diferentes departamentos.

“Después ella [Pabla Melgarejo] dejó el trabajo y nos dijo “bueno cojan la mesa” y ahora se la di a las hijas mías”

Rosa Amelia "Chiquita" Montero

LA INDUSTRIA

Es crocante, pero suave por dentro. Sabe a huevo, pero también a carne molida, maíz y verduras picadas. Huele a manteca, cruje en la boca y danza dentro de ésta. Se acompaña con suero, picante o una mezcla de ambos y el dulce contraste de un jugo natural o gaseosa. La arepa con huevo es una serie de contradicciones que no tiene sentido hasta que se prueba, y no hay mejor espacio para desatar el placer de probar tal frito que en un festival realizado por los dueños de la tradición. 

El Festival de la Arepa con Huevo es el mayor espacio de promoción y difusión del producto insignia de Luruaco. Este evento se ha llevado a cabo desde hace 29 años durante el mes de junio y participan las señoras que se encuentran vinculadas a la Asociación de Productoras de Arepa de Huevo (ASOPRAL). En él se celebran los concursos de la Arepa con Huevo Tradición,  Innovación, Multiforma y Mejor Mesa de Fritos del festival. Con estos concursos se pretenden aumentar y perfeccionar la calidad de los productos, de la atención y de la presentación de la mesa de frituras.

Según Emmanuel Morales, director de ASOPRAL, la gastronomía de Luruaco es el resultado del mestizaje entre indígenas, españoles y negros. De estas razas, los indígenas habrían aportado el maíz, los negros el tema de las frituras y los blancos el consumo de huevos. A su vez añade que estas tradiciones parten del folclor y de la interacción entre culturas, y que por lo general son aportaciones anónimas. Es precisamente éste quien menciona que la asociación que dirige busca organizar la producción y comercialización de la arepa de huevo, la cual es producto de dicha tradición.

Este evento ha contado con jurado periodistas, fotógrafos y expertos en cocina, entre los que se destacan Carlos Gaviria, quien fue ganador en el año 2017 del premio al mejor libro de cocina del mundo y Leonor Espinosa, considerada la mejor chef de colombia y quien dictó talleres a las señoras sobre atención al público y manejo del producto. La tarea del jurado durante el festival es la de degustar los fritos teniendo en cuenta variables como la textura, el sabor, la crocancia y la delgadez de las arepas en el caso de las categorías de innovación y tradición.

Conozca a las participantes y ganadoras del reciente Festival de la Arepa con Huevo de Luruaco

Para la categoría del mejor puesto se califica teniendo en cuenta la presentación estética, el uniforme de la participante, la tenencia de los implementos de aseo necesarios y carisma a la hora de atender.  También deben descalificar a aquellas cocineras que empleen condimentos químicos o artificiales en los productos.

Dato: la marca del producto es “Arepa de Huevo de Luruaco” que está registrada en la Superintendencia de Industria y Comercio.

El festival dura tres días y los premios se entregan en el último día, las ganadoras son llevadas a festivales ya que el Festival de la arepa de huevo hace parte de la red nacional de eventos gastronómicos de Colombia. Además de los concursos, el festival cuenta con otros espacios como “La mesa pedagógica” en la cual se les enseña a los visitantes a realizar el producto. A su vez, el evento cuenta con tarimas, danzas, y presentaciones de grupos folclóricos para la diversión de todos los asistentes.

De acuerdo con Lucas Castillo, la tradición de la arepa de huevo es un motor económico del municipio, que ha ayudando a muchas madres del municipio que, por medio de esta actividad, han logrado sacar a adelante a sus hijos y a sus hogares, y que esto se debe a que se ha guardado la fórmula hasta nuestros días.

Mientras tanto, en una esquina de la calle principal de Luruaco, su hermana Socorro Castillo Montero lanza una arepa en un recipiente de aceite hirviendo, tal como hicieron su madre y su abuela muchos años antes, y al igual que en esos tiempos la gente sigue haciendo fila por una arepa con huevo hecha con mucha dedicación pero, por encima de todo, “con mucho amor”.

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