Varios escenarios deportivos de Barranquilla y el Atlántico, se encuentran deteriorados, debido a la falta de buena administración y mantenimiento.
El Coliseo cubierto de Barranquilla fue cerrado por completo a mediados del 2008, cuando se canceló la entrada libre a cualquier ciudadano, debido al peligro inminente que representaba entrar al lugar por causa del abandono y la falta de mantenimiento. Desde entonces y hasta el sol de hoy, no se ha hecho nada con ese espacio. Lugar que hace muchos años fue insignia de Barranquilla, en donde jugaron grandes glorias del boxeo, como Kid Pambelé y Rocky Valdéz.
Fue fundado hace 53 años, con el fin de darle un espacio de práctica y recreación a deportistas y aficionados al boxeo, la lucha y el levantamiento de pesas. Sin embargo hoy día, del coliseo sólo quedan recuerdos, maleza, varillas oxidadas, escombros y basura.
Caminando por los alrededores del lugar, lo primero que observo es el evidente deterioro, grietas, maleza y descoloridos graffitis que decoran la zona. Tres indigentes han echo de este su hogar, uno duerme en el piso a las afueras del coliseo y los otros dos hablan en las escaleras; me observan extraño, parece que les molesta mi presencia. Sin embargo, veo a un señor en el parqueadero y sigo avanzando.Una vez me encuentro frente a las rejas de la entrada, cuyas barandas están oxidadas y sin pintura, noto que no hay nadie adentro, tampoco forma de entrar, pues están amarradas con una cadena oxidada y un viejo candado. Al fondo deja verse una vieja silla de plástico y una radio encendida, debe haber alguien allí, el encargado del lugar, quizás. Con una moneda golpeo las barandas de la reja. Instantes después, detrás de una cortina roja que funciona como puerta, sale un señor de edad con cabello blanco y medio calvo, que en tono desafiante me dice: -“a la orden niña ¿qué quiere?”-, le respondo que hago un trabajo periodístico y le consulto si puedo preguntarle acerca del coliseo, su respuesta lo dijo todo: – “¿para qué? ya yo aquí hablé el otro día con esa niñas que vinieron. Ya vino el Heraldo, la televisión, Jorge Cura… ¡no, no, no! vuelva en una hora y habla con el vigilante”- ; le dije gracias y me marché.
Como no podía entrar, caminé alrededor del coliseo, teatros, universidades e incluso escenarios deportivos como la piscina olímpica y la liga de karate hacen parte de su entorno; sin embargo, la inseguridad del lugar, se torna angustiosa.
Justo al lado queda un parque, se encuentra en las mismas condiciones que el Humberto Perea, allí los indigentes y viciosos aprovechando las circunstancias, han hecho de éste su lugar. La parte detrás del coliseo, que antes era el gimnasio de pesas, se ha convertido en punto de encuentro para muchas personas de la calle. Incluso, podría haber entrado allí pero, por seguridad y sanidad fue mejor no hacerlo. El fétido olor a heces humanas, orín fermentado y basura, imperan en el lugar. El espacio ahora cumple las funciones de basurero y baño público para los que albergan o pasan de urgencia por allí.

Al terminar el recorrido, nuevamente me acerqué a la entrada pero seguía ahí el mismo señor, imagino que no ha llegado el vigilante, decido entonces acercarme a otra persona que está en el parqueadero. Moreno, con una gorra del junior y un par de baldes de agua a su lado, Guillermo Giraldo, con nostalgia y tristeza en su mirada me dice que lleva más de 40 años lavando y parqueando carros allí, “yo estuve aquí desde que inició el coliseo y lo he visto como se destruye y lo dejan perder por descuido (…) afortunadamente parece que lo van arreglar, el doctor Ignacio Consuegra lo quiere restaurar. El año pasado pusieron las maquetas aquí (señala al frente), pero hasta no ver no creer (se ríe) ya esta vaina lleva como 20 años así y nadie hace nada”.
El señor Giraldo me cuenta que antes se hacían muchos eventos en el coliseo, como ferias y hasta el conocido Festival de Orquestas. Según él, en el segundo piso quedaban las oficinas de Carnaval S.A, la oficina de los minusválidos y al frente los teatros ABC. Todos los viernes hacían velada de boxeo y de lucha. A su vez, me cuenta un par de anécdotas de su labor y sobre los que antes trabajaban como administradores del lugar: “un guajiro mala gente que al principio venía a pie, al tiempo lo veías en zipotes camionetas y me mandaba a quitar de aquí; ahora lo veo caminado por ahí a pie otra vez y yo sigo aquí. Una vez le grité patrón aquí sigo ¿oyó? de aquí nadie me quita”.
Anteriormente, los que lavaban carros mantenían el parque en buen estado. Lo regaban y cuidaban pero, hace un tiempo la Triple A, empresa de alcantarillado y acueducto de la ciudad, les quitó el servicio.
Emocionado me cuenta que él vio a Rocky Valdez pelear ahí, y a otros grandes boxeadores, pero, por falta de administración el coliseo lleva alrededor de 20 años en decadencia. Dice que actualmente los boxeadores practican en el metropolitano y luchan en el Jumbo ,“allá donde los ricos, pero eso no es lugar para todo el mundo, y en el Metropolitano puede entrenar pero los sacan cada vez que hay partido. No hay un lugar especial para ellos. Está olvidado este lugar (…) aquí sólo piensan en el fútbol”. Después de una charla amena y larga, me despido del señor, quien me grita: “ya sabe, si necesita hablar con el doctor Consuegra me dice, él es llave mía.”
Rodeado de hermosos espacios dedicados a la cultura, el arte, el deporte y la academia, este escenario deportivo que en algún tiempo logró ser tan emblemático como el de su lado (Teatro Amira de la Rosa), hoy día es discriminado y olvidado por sus gobernantes. El Humberto Perea parece una isla donde no hay ley ni orden, donde los abandonados hacen parte del abandono; donde el ambiente es tenso, angustiante y deprimente, en vez de ser alegre, saludable y divertido como hace años los fue. Solo se espera que al igual que el señor Guillermo, exista alguien que se preocupe tanto por el lugar y anhelen que sea recuperado algún día.