Por: Natalie Aguilar y Anna Gómez
Miles de mosquitos de la especie Culex quinquefasciatus han comenzado a desplazarse masivamente desde su hábitat natural en la reserva de la Isla de Salamanca y las riberas del río Magdalena hacia las zonas urbanas de la ciudad tras el inicio de fuertes lluvias, lo que ha generado una creciente molestia y preocupación entre los habitantes.
El fenómeno, que se hace evidente a partir de las 5:30 de la tarde con la llegada de nubes de insectos que buscan refugio en las viviendas de la zona norte y los barrios cercanos al río, ha generado desespero en los habitantes. Según relató Leonardo Núñez –estudiante de derecho– en una consulta a estudiantes de la Universidad del Norte, el impacto ha sido tal que le ha tocado “ir en ropa abrigada, y además comprar mucho repelente”, mientras que otros alumnos, como Isabella Pérez y Alejandra Campo, reportan una proliferación del vector en espacios públicos que impide que las personas se detengan a descansar.
El experto Pedro Arango Padilla—licenciado en Biología y Química, especialista en Salud Ambiental, magíster en Salud Pública y ex coordinador del Programa de Prevención y Control de Enfermedades Transmitidas por Vectores de la Secretaría de Salud —explica que este vector biológico es agresivo, pero no transmite enfermedades, sino que causa disconfort en la comunidad. También resalta que está prohibido realizar intervenciones con insecticidas o herbicidas en el hábitat natural del mosquito, lo que hace que su migración sea un evento natural e incontrolable.
Aunque la ciudadanía desesperada exige jornadas de fumigación en la ciudad, el especialista advierte que esta medida no es viable, ya que daña el medio ambiente, resulta altamente tóxica para personas con problemas respiratorios o de la piel, y provoca que el propio mosquito desarrolle resistencia al insecticida. Por ello, la principal recomendación de autocuidado es cerrar puertas y ventanas a partir de las 6:30 p.m. y mantenerse alejado de tanques de almacenamiento de agua