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Los piropos, esas frases que según Fredy Rodríguez, vendedor de minutos en el barrio Chiquinquirá, tienen como único fin halagar la belleza de una mujer, hacen que ellas, antes que sentirse halagadas, se sientan intimidadas y vulneradas.

Fredy, mientras atiende el puesto de minutos y recargas en la terraza de su casa, no desaprovecha ninguna oportunidad en la que una mujer bonita pase frente a su mesita de madera para hablarles utilizando expresiones como: “¿De qué juguetería te escapaste muñeca?” o “¿Tienes novio? No te preocupes que yo no soy celoso”, pues considera que no está mal decirle un piropo a una mujer. Algunas se ríen, otras lo ignoran, pero algunas simplemente dejan dibujar en su rostro un semblante de molestia.

“Unas son groseras, me dicen iluso, pero yo no me puedo quedar callado cuando veo una belleza de esas, no entiendo por qué se molestan, uno nada más quiere decirles que se ven bonitas” dice Fredy; ¿Ha pensado alguna vez en cómo se siente una mujer cada vez que le dice un piropo? Le pregunté, y él me contestó: “Yo digo que se sienten mal, por la cara que hacen y que algunas me dicen groserías, pero es como un instinto, a uno le nace decirlo, yo no lo hago por morboso, allá arriba si hay unos viejitos que son morbosos con las muchachas, pero uno se los dice con respeto y ellas son groseras”.

A partir de una encuesta se pudo conocer que el 91% de las mujeres perciben los piropos que tanto le gustan a Fredy, como acoso. Puede ser que sean malinterpretados por parte de la mujer, pero es evidente la incomodidad por parte de ellas. Sin embargo, él defiende el uso del piropo, cree que no se trata de humillar a la mujer, sino al contrario, de exaltarla.

A pesar de estar pendiente del número que le piden marcar en el celular, si pasa una mujer tiene que decirle algo:

“Pues yo nunca se lo he dicho para que se sientan acosadas, uno nada más quiere quedar bien con una mujer bonita” afirma Fredy y continua: “Pues mire señorita, también hay que ver que las mujeres a veces se asustan con verlo a uno, lo ven feo y pobre y creen que uno les va a hacer un daño, pero uno nada más quiere es quedar bien”; Pero si piensa en que se sienten mal, ¿por qué lo dice?; “Porque uno es un hombre y la belleza de la mujer lo llama mucho a uno, entonces cuando pasa una mujer bonita uno no quiere quedarse callado”; ¿No cree que eso es una actitud egoísta?; “Yo no soy egoísta con nadie, uno nada más quiere que la mujer se sienta a gusto con uno, si cuando uno tiene una novia ellas quieren es que uno les diga que se ven bonitas”.

El 55% de las mujeres alguna vez ha tenido la valentía y el coraje de responder ante la intimidación que perciben, pero 3 de cada 10 mujeres que respondieron, la reacción del hombre fue decir cosas aún más obscenas y groseras. Es por miedo a esto, que el resto de las mujeres no se atreven a defenderse, incluso, de quienes se defendieron, el 21% afirma que sintió aún más miedo.

“Pues yo no soy grosero con ninguna, yo trato de ser respetuoso con todas, si una me dice algo me quedo callado, o a veces les digo que uno nada más quiere decirles que se ven bonitas, yo no les digo más nada… a los que sí he visto que son más groseros son los viejitos de la tienda de allá arriba que le dije, cuando mi mamá me manda a hacer el mandado del almuerzo a la tienda yo los veo y las muchachas les da rabia y les contestan, pero ellos les dicen groserías, ahí sí está uno de acuerdo con las mujeres del acoso en la calle y eso, pero de los piropos bonitos no, esos se deben recuperar para que no maltraten a las mujeres”.

Fredy es fiel defensor de los piropos, los usa cada vez que puede desde la terraza de su casa en la mesita de minutos pero como lo dijo él, hay personas irrespetuosas que dicen obscenidades para llamar la atención de la mujer, la ofenden con sus palabras. A pesar de ello, sean groseros o no, 9 de cada 10 mujeres se sienten intimidadas frente a los piropos, al fin y al cabo, se han convertido en una forma silente de acoso.

Daniela Pacheco Rangel

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