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El consumidor anónimo

Por: Yesmin Villanueva

En algún momento de tu vida has escuchado a alguien hablar sobre la marihuana o el consumo de esta droga. Y tal vez hayas visto o conozcas a alguien que consuma marihuana o que sea adicto a ella. Lo cierto es que cuando te imaginas este escenario de personas consumidoras de drogas, fácilmente aparecen personas de la calle, viviendo debajo de un puente o en una esquina, personas sucias, mal vestidas y peligrosas. Y aunque este escenario existe en la vida real, muchos consumidores están lejos de ella.

Un consumidor de droga puede estar en tu entorno, convivir frecuentemente contigo y ni cuenta te das que consume drogas, hasta que un día cualquiera ella o él te dice bajo confianza “yo consumo  drogas, yo fumo marihuana”.

Este fue mi caso, un miércoles del mes de mayo del 2022 a eso del medio día, salía de mi clase de Periodismo con la misión de encontrar a un consumidor de marihuana que quisiera contar su historia.

Cuando esperaba el ascensor en el piso 9 para irme, me encontré a Sebastián Martínez (*nombre ficticio para proteger la integridad del personaje original*), un amigo de la universidad y le conté. Él como de costumbre tenía su vape en la mano, vapeó varias veces y me dijo “yo fumo”, quedé sorprendida.

A Sebastián le gusta vestir cómodo y casi siempre está de deportivo. Me contó que la primera vez que consumió marihuana fue a eso de los 14-15 años en el colegio y fue con un amigo. Lo hizo por simple curiosidad y hasta el día de hoy, con 21 años, lo sigue haciendo porque le gusta. 

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Dijo que consumir marihuana le daba tranquilidad, “tranquilidad a la hora de pensar las cosas”. Cuando lo hace, su mente se despeja y encuentra calma dentro de sí mismo.

Hoy en día, hay muchas formas de consumir la marihuana, una peculiar manera que es muy conocida entre los jóvenes es en los brownies. Sin embargo, Sebastián la consume por medio de su vape o en un bareto, que es la forma más común de consumir marihuana.

El consumo y el efecto de la marihuana depende de cada consumidor, Sebastián lo hace diariamente, más que todo en la mañana o en la tarde. Al día, él calcula que consume entre 1 ó 2 gramos y el efecto casi siempre le dura todo el día, aunque a veces no sucede así.

Cuando él me dijo que a veces fumaba en las tardes, recordé un episodio que viví con él. Una tarde en una clase que teníamos juntos, llegó un poco retrasado y entró algo afanoso. Yo estaba con dos compañeras más y una de ella me dijo “mírale los ojos,  los tiene rojos”. La otra compañera le dijo “deja de fumar”, él se sentó a nuestro lado y nos dijo “que na’, estaba durmiendo y me agarró la tarde”. Todos nos reímos, pero yo nunca me imaginé que esos ojos rojos eran producto de la marihuana.

El alto consumo de la marihuana la convierte como la droga más adictiva, superada solo por el consumo del alcohol y por supuesto del tabaco. Al ser una droga adictiva, el consumo es más común en los jóvenes. Sebastián dice que él se encuentra en el punto en el que puede controlar el consumo, porque tiene una hora destinada para hacerlo. No la necesita a cada momento como otros consumidores, que si no la consumen frecuentemente en el día se desesperan.

A Sebastián le gusta mucho la música y dice que cuando se pone a escribir sus canciones consume una dosis de marihuana para relajarse y dejar volar la imaginación. Sin embargo, cuando graba en el estudio, prefiere no hacerlo y estar en sus cinco sentidos”.

No todo ha sido fácil para Sebastián, a los 16 años su familia se dio cuenta de que él consumía,  y llegaron los problemas a su casa, pues  para ningún padre es agradable enterarse de que su hijo es consumidor de drogas; pero con el tiempo ellos entendieron las razones por la cual Sebastián consumía, y respetaron su decisión. Sin embargo, a pesar de la aceptación, Sebastián es muy discreto al momento de consumir.

Cuándo Sebastián empezó a fumar lo tenía que hacer en la calle, pero entonces tenía muchos problemas con la Policía. En muchas ocasiones, intentaron llevárselo retenido.

En reiteradas veces, sus padres lo pusieron a reflexionar sobre lo que estaba haciendo y a demostrarles de que si podían confiar en él y recuperar la confianza que se había perdido. En este tiempo que pasó internado solo podía salir a hacer ejercicio bajo la supervisión de sus padres,  o sea, ellos lo acompañaban y cada 15 días le hacían exámenes de orina para corroborar que no seguía consumiendo. Toda esta situación a Sebastián le generaba mucha ansiedad diariamente, tanto así que, los doctores le mandaban pastillas para calmarlo.

Le pregunte ahora a Sebastián si ha pensado en dejar de consumir marihuana, y me responde que en algún momento lo hará, pero creé que eso dependerá de cómo sucedan las cosas en su vida. “Si lo veo necesario lo haré, si no lo seguiré haciendo hasta que me aburra y no la vea necesaria”.