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Por: María José Bossio Molina Y Sara Ortega Meza  [En Alianza Informativa con el CERI]

En Nepal, durante las últimas semanas, se desarrollaron intensas manifestaciones que, aunque ya concluyeron, dejaron un saldo de víctimas mortales y un clima de incertidumbre política. Las protestas, protagonizadas principalmente por jóvenes de la llamada Generación Z, surgieron como respuesta a una serie de reclamos sociales que iban desde la denuncia de la corrupción hasta la exigencia de mayores oportunidades económicas. De esta manera, lo que comenzó como un movimiento estudiantil y ciudadano terminó convirtiéndose en un episodio que expuso con fuerza la brecha entre una sociedad que demanda transformaciones profundas y unas élites políticas que, pese a las presiones, no lograron dar respuestas inmediatas. 

Cómo inició todo 

Las manifestaciones se originaron a raíz de la decisión del Gobierno de bloquear varias plataformas de redes sociales que no cumplieron con el requisito de registrarse ante las autoridades locales, y que concluyeron con un saldo de al menos 19 personas fallecidas y la dimisión del primer ministro Khadga Prasad Oli el pasado 9 de septiembre. Según el entonces primer ministro Oli, la medida buscaba frenar delitos cibernéticos y combatir la difusión de rumores que, a su juicio, alteraban la “armonía social”. Sin embargo, la restricción fue interpretada como un intento de censura a una generación que ha nacido y vivido en una era digital, y por consiguiente, desató una ola de movilizaciones encabezadas principalmente por jóvenes de esta llamada Generación Z.  

Aunque el Gobierno levantó la medida que bloqueaba el acceso a plataformas digitales, el retroceso no logró frenar la indignación social, ya que miles de jóvenes continuaron en las calles denunciando la corrupción, el nepotismo y la falta de oportunidades económicas. De este modo, lo que comenzó como una reacción inmediata frente a la censura digital terminó convirtiéndose en un movimiento de mayor alcance que expuso el descontento acumulado en la nación. 

Según Annapurna Express, Existen aproximadamente 1700 personas que abandonan El País a diario por motivos laborales y 100000 alumnos anualmente para estudiar. A esto se le suma que la mayoría de la economía nepalese se sostiene de las remesas, lo cual refleja la crisis económica persistente. Además, la tasa de desempleo juvenil rodea el 10%.

De la manifestación pacífica a la protesta violenta 

Si bien las manifestaciones iniciaron con un desarrollo pacífico convocado por el colectivo juvenil Hami Nepali, pasado el mediodía sus protestas escalaron cuando un grupo de manifestantes intentó entrar al Centro Internacional de Convenciones Birendra (BICC), actual sede del Parlamento, rompiendo las barreras policiales, y 19 personas resultaron abatidas al intentarlo. Es aquí donde, tras los hechos, el entonces primer ministro presenta su dimisión. 

Esta represión por parte de la policía a través de lacrimógenos, cañones de agua y municiones reales se dio debido a la autorización por parte de las autoridades del distrito de Katmandú de usar la fuerza a quien invadiese el espacio público. 

Las medidas se incrementaron el martes 9 de septiembre con la imposición de toques de queda en la ciudad de Phokara, porque a este punto la protesta ya se había expandido a otras ciudades. Y, a pesar de que este día se levantaron las restricciones de uso a las redes sociales, la manifestación tenía un sentido más profundo y exigía más transformaciones.  

Ese mismo día, manifestantes irrumpieron en la oficina del primer ministro y en la sede del Parlamento de Nepal, prendiéndoles fuego. En Katmandú también atacaron la vivienda del ex primer ministro, donde su esposa perdió la vida debido a las graves heridas sufridas durante el asalto.  

Gobierno retoma funciones entre escombros 

A pesar de ser destruidas sedes del Parlamento, la Corte Suprema y varios ministerios, el gobierno interino de Nepal ha empezado a retomar funciones. Oficinas gubernamentales operan desde carpas o edificios dañados, mientras se elabora un plan oficial de reconstrucción. Así mismo, escuelas y universidades han reanudado clases de manera parcial. 

De acuerdo con lo reportado por Swiss Info, el secretario jefe Eknarayan Aryal advirtió que la magnitud de la destrucción en Nepal es considerable y que el proceso de evaluación de los daños tomará tiempo, aunque se prevé iniciar en los próximos días.  

Los sucesos ocurridos en Nepal se enmarcan en un proceso social amplio y no en hechos aislados. Fueron los jóvenes quienes asumieron la vocería tras percibir una vulneración a sus derechos, y con ello marcaron el rumbo de las demandas de transparencia y de la reconstrucción institucional y social que hoy atraviesa el país. La crisis política sigue abierta; varios dirigentes renunciaron tras las protestas, sin embargo, la primera ministra interina, Sushila Karki, ha recibido el respaldo de amplios sectores juveniles. Aun está por verse si las movilizaciones en Nepal y otros países de la región constituyen una posible “Primavera Asiática”, como afirman algunos analistas. 

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