Por: Javier Franco Altamar
A Joselito, ese personaje cuyo sepelio representa el cierre del Carnaval de Barranquilla, se le está cantando desde hace más de 80 años, pero si fuera por las letras de esas canciones, muy poca información tendríamos del ilustre difunto.
Es más: esas canciones hasta nos ofrecen datos equivocados. Por ejemplo, en la más antigua de ellas, una de Lucho Bermúdez titulada Joselito Carnaval, grabada en 1943, se le dice a nuestro personaje en la tercera estrofa:
Joselito, Joselito, Joselito Carnaval (bis),
te acabaste para siempre, Joselito Carnaval (bis)
He dicho ‘tercera estrofa’ y ya me imagino a algún lector corrigiendo que, en realidad, es la primera; pero no es así. La versión a la que me refiero es una anterior a la que se escucha hoy, que fue grabada por la orquesta de Pacho Galán dos décadas más tarde. Ya hablaremos de las diferencias entre esas dos versiones. Por ahora, podemos intuir que lo dicho en la estrofa de marras viaja en vía contraria a la resurrección anual de nuestro personaje.
Si la canción perteneciera a tiempos más recientes -digamos, finales de los años 90 del siglo pasado- hasta podríamos argumentar que su sentencia responde a la desaparición paulatina de estos cortejos callejeros. Como bien sabemos, apenas hoy sobrevive como barrial el Joselito de El Recreo, pues los demás han resuelto presentarse en los desfiles del martes del Carnaval, sobre todo el del barrio Abajo denominado ‘Joselito se marcha con las cenizas’, creado en 1999.
Pero no: el contexto de la canción es distinto. Cuando apareció, no había barrio de aquella Barranquilla de 200 mil habitantes por donde no apareciera un cortejo de estos, llenos de mujeres y hombres disfrazados de viudas transportando a un muñeco en una tabla mientras lloraban ‘Ay, Jose’. Lo hacían de manera exagerada, con gritos de dolor y alusiones a lo desordenado e impúdico que era Joselito. La idea era ir recogiendo dinero en el recorrido, armando la escena cada cierto tiempo.
Otro ejemplo de estos yerros es la canción de Cuco Valoy, Los frutos del carnaval de 1979. Allí mencionan, muy de paso, a Joselito para informarnos que, luego de su muerte, “lo meten y lo sacan” de un cajón como si fuera parte del ritual, y eso no es así. Es más: cuando se usa un ataúd para transportarlo, en el caso de que sea un actor, allí permanecerá estático y con una máscara de maicena.
Pero vamos por parte, porque toca examinar varias canciones:
Volvamos a la original de Lucho Bermúdez, con su ‘Orquesta del Caribe’, una de las primeras de su recorrido como estrella de la música nacional. Arranca así:
Joselito te moriste y te has vuelto solo agua (bis)
se acabó el jamón con yuca de donde bebí mi agua. (bis)
‘La Caribe’ ya está triste, la ciudad de luto llena, (bis)
¿Qué será de Luis Bermúdez, que se va pa’ Cartagena? (bis)
No parece muy coherente la letra, sobre todo lo de nuestro personaje convertido en agua, y la alusión al jamón con yuca. Esto último, sin embargo, podría entenderse como referencia a un mapalé grabado antes por esta orquesta, titulado justamente, Jamón con yuca. La idea podría ser que acabó su reinado con la aparición de Joselito Carnaval.
Lo demás sí es un poco más claro: la agrupación está triste y la ciudad ha entrado en luto por la muerte del personaje. Aunque la pregunta sobre el destino del director hacia Cartagena parece más bien responder a la necesidad de respetar la rima.
La riqueza del mensaje, sin embargo, no está en esa suerte de información críptica, sino en la puesta en escena posterior. Mejor dicho, no está en lo que dice, sino en lo que intenta mostrar como lo haría una novela de radio: sonidos, alaridos, expresiones exclamativas de dolor, que transforman al oyente en testigo de una escena desgarradora por cuenta de la voz impostada de Manuel de J. Povea. Escuchemos con atención:
Ya se está acabando.
Ay, Joselito. Ay, te acabaste para siempre.
Ay, mijito, ¡ay!
Te has ido Joselito.
Ya no puedo contenerme más.
¡Ay, Dios mío!
Ay, no me digan. ¡Mijo!
¡Tate ahí, tate ahí Joselito!
¡Ay, Joselito!
¡Clávelo,clávelo!, pa’ que ella me ayude a clavalo más.

Una investigación del profesor Moisés Pineda, publicada en el año 2023, revela que, en esa parte, la canción hace una parodia del velorio tradicional en el Caribe Colombiano. En especial, se están parodiando los velatorios de Cartagena y de los territorios con fuerte influencia africana, que, en el caso de Barranquilla, eran, para entonces, los barrios Abajo, Montecristo y Mundonuevo, donde había fuertes vínculos migratorios con San Basilio de Palenque (Bolívar).
En esta representación casi novelesca, asegura Pineda, se muestra un espacio de duelo destinado a contar las virtudes y defectos del difunto; a lamentar su ausencia, a expresar las aspiraciones de que vuelva, a negar la realidad y a usar otros mecanismos sicológicos para hacer llevadero el dolor.
La canción fue presentada en el antiguo Jardín Águila (esquina de Murillo con la carrera 46) el 27 de febrero del año de 1943, anunciada como un “mapalé de pura cepa”. Su impacto fue brutal porque su propuesta de gritos y exclamación se distanciaban del estilo solemne en los clubes y zonas pudientes. Y como a quien no quiere sancocho, le dan dos totumas (disculpen el replanteamiento del refrán), pues en la segunda parte de la canción, hay más gritos desgarradores:
¡A mí no me lo van a quitar, porque es mío!
¿Ay, qué voy a hacer con mi barriguita?
¡Ay, Yo me privo! ¡Ay, mi madre!
¡Clávelo, clávelo! Que nos lo vamos a llevar pa’ Barranquilla.
¡A Barranquilla no, porque yo no lo veo!
¡Ay mijo…! ¡Ay, Ay!
¡Ay, ay me privo…!
¡Que no, no! ¡Que no me privo!
¡Ay no, mi vida!
¡Ay, ay, ay, me privo!
¡Ay, ay, ay!
En la versión de Galán, no se llega a esos extremos. Tiene quizás el mismo dramatismo, pero no avanza tanto en detalles. El cantante Pepe Molina fue el encargado de vocalizarla e incorporar los gritos de dolor. En un especial de televisión de 1997, Molina recordó que había sido seleccionado por el propio Pacho. Ocurrió allí mismo en Discos Tropical donde fue grabado el tema. Luego de escuchar a varios otros cantantes a manera de prueba -entre ellos, Alci Acosta y Gabriel Romero-, Galán se inclinó por el tono de Molina:
¡Ay, ay, ay!
No se lo claven,
No se lleven,
Ay, Jose.
Jose, Ay, Ay

En esta versión de Galán, no está la primera parte de la original de Lucho Bermúdez (Joselito vuelto agua, la ciudad y la orquesta de luto, el regreso a Cartagena del autor, recordemos) pero sí comparten la otra estrofa que aunque nada aporta en beneficio de Joselito, podría referirse a un aspecto ya encontrado en la ya analizada líneas atrás:
A la yegua en Caldereta, la pena la está matando. (bis)
El burro está con la neura, no sabemos hasta cuándo. (bis)
Para entender un poco estas líneas, es necesario aclarar que Yegua en caldereta y El burro son otras dos canciones grabadas previamente por esta orquesta. La primera es una gaita instrumental de Germán Lambraño, mientras que El burro, es un porro de Clímaco Sarmiento, el mismo autor de Pie Pelúo y La vaca vieja. Quizás lo que nos está tratando de decir Bermúdez es que Joselito Carnaval las desplazará a todas ellas -incluso a Jamón con yuca–, y las hará olvidar una a una, como en verdad sucedió.
Algunos de quienes estaban en su plenitud en los tiempos de la primera versión -como los periodistas Marco T. Barros Ariza y Chelo de Castro- aseguran que, en adelante, no hubo Carnaval en que la que no se escuchara y bailara con pasión ese tema. Sus gritos y lamentos exagerados reforzaron los ya propios de Joselito, y su liderazgo musical se mantuvo por una década completa.
Al mismo tiempo, el cortejo de Joselito se fue consolidando en todos los rincones de la creciente ciudad. Poco importaba el origen de esa tradición, disperso y fragmentado en un racimo de versiones. La de más entero crédito es que esa idea fue ocurrencia de un conductor de coche de tracción animal llamado Nicolás Ariza. Era guajiro de nacimiento, pero se instaló en Barranquilla a finales del siglo XIX.
Según esta versión (del bogotano Guillermo Abadía Morales, reconocido investigador del folclor en esa época) ese personaje se disfrazaba de mujer vestida de luto, y salía llorando por las calles de la ciudad con un muñeco que representaba “la muerte” o final del Carnaval. Y le llamaba “Joselito” en alusión a un vecino suyo del barrio Rebolo (José Cedeño) a quien su mujer tenía muy controlado: ¡Ay, Jose: te acabaste!”, gritaba a garganta herida.
A la canción, sin embargo, le llegó su desplome en 1954, con la aparición del merengue dominicano A lo oscuro, y el ritmo pegajoso de Te olvidé, y entre ambos la borraron del mapa musical. De ese olvido la rescató justamente Pacho Galán, pero a su modo, pues la remozó en enero de 1968, acentuando su condición de mapalé y modernizando su acompañamiento instrumental. Además, el gran músico soledeño se encontraba en la necesidad de producir un auténtico éxito carnavalero, y el reconocimiento histórico de Joselito Carnaval estaba disponible.
Como se habrá notado hasta ahora, más allá del impacto de la parte musical (como ha ocurrido con varias otras canciones de Carnaval) el aporte de la letra de Joselito Carnaval es más bien gaseoso e impreciso. Lo salva de la puesta en escena de los gritos de dolor, que tienen el impacto de lo experimentado y eso es incuestionable.
Y los ejemplos siguen.
Más o menos en el mismo tono se mueve la otra canción que mencionamos al principio: la del merenguero dominicano Cuco Valoy Frutos del Carnaval, incluida en el álbum ‘Tiza‘ con su conjunto Los virtuosos, producido en noviembre 1979 y que fue el tema preferido del Carnaval de 1980.

Esa canción es una dedicatoria completa al Carnaval, y gira en torno a un pegajoso estribillo de intriga que Cuco va respondiendo con información sobre referentes simbólicos de la fiesta. El propio artista confesaría más adelante, que obtuvo esa información de Rafael ‘Capi’ Visbal, el empresario que lo trajo para que presentara por primera vez ese año. La pregunta insistente de la canción es:
“¿Qué es lo que tiene,
el Carnaval de Curramba?
tanto enloquece a la hija,
como enloquece a la mama.
Entre las respuestas, hay dos que aluden a Joselito Carnaval. Una, cerca del comienzo, ubica a la “mama’, participando en una escena de dolor como si fuera una viuda:
Por otro lado, la mama,
cuando muere Joselito,
aunque muy discretamente también echa su gritico:
Ay, Joselito
Ay, Joselito,
Ay, Joselito,
Ay Joselito…
Mi marío (sic), se murió,
pero quedas tú para reemplazarlo:
Dame para la comida…
Y muy cerca del final de la canción, aparece la escena que recordamos al comienzo y que, en caso de que se dé, sería excepcional y extraña, muy apartada lo que ocurre en el ritual. Quizás sea un juego de palabras con connotaciones sexuales. En todo caso, yo lírico ubica los hechos en uno de los barrios más tradicionales de Barranquilla:
Y en Rebolo, después que muere Joselito,
lo meten en un cajón:
Lo meten, lo sacan
Lo meten, lo sacan
Lo meten, lo sacan
Lo meten, lo aaaaay
Y pare de contar, porque nada dice tampoco Tambores de Carnaval, una canción de Esther Forero en la que Joselito Carnaval es mencionado en los coros, como parte de una lista de expresiones propias de la fiesta. La primera gran versión es de la ‘Billo’s Caracas boys’ de 1978. Luego vino la de ‘Los vecinos’, de 1985. Ambas dicen lo mismo:
Tambores, tambores
tambores de Carnaval,
Joselito, Joselito
Joselito Carnaval…
Algo similar pasa con El palito del Carnaval de Joe Arroyo, lanzada en el año 2001. Allí, en algún momento, luego del estribillo de “y yo qué debo, y yo qué debo, y yo qué debo para ti, mi compañero” que juega una función de conexión entre versos, se incorpora uno que dice:
Este palito te va a poné a gozar,
pa′ que lo goce Joselito Carnaval.
En esta lista de canciones que mencionan a Joselito, toca incluir también una interpretada por Pedro Beltrán en 1980, cuando todavía no lo habían apodado ‘Ramayá´. Se titula Joselito, el borrachón. La mención, en este caso, es el estribillo mismo que marca el ritmo de una versificación humorística con asuntos muy ajenos a nuestro personaje:
Olelá, Joselito el borrachón,
Olelá, Joselito está borracho.
En el primer verso de esa canción, por ejemplo, su propio autor se menciona jugándole una broma al Diablo. Dice:
El Diablo lloró borracho
lo vio Roque Saballet,
si no lloras por mujer
¿por qué tienes esos cachos?
Y así hay varios más.
Pasa algo muy parecido en la versión del 2004 que cantan a dúo, y en vivo, Silvestre Dangond y Checo Acosta. Lo hacen como parte de la Canción del carnaval en la que Checo mezcla dos temas clásicos interpretados por ‘Ramayá’. Los dos artistas improvisaron como si fuera una piquería vallenata, y mencionaron al Junior de Barranquilla, las caderas de la mujer barranquillera, y hasta una promesa de parrandear juntos, pero nada sobre el mismo Joselito.
Lo único rescatable de todas estas versiones del tema de Saballet es que enfatizan en la condición de “borrachón” de nuestro personaje, una de las circunstancias que lo llevan a su muerte cíclica. Y eso es clave para entenderlo, no se puede negar.
Así pues, como conclusión, a Joselito Carnaval sí le ha cantado, y en varias ocasiones, pero para conocer su esencia, su historia y sus características, la lírica de esos temas muy poco aporta. Aunque quizás nos sirvan para tomarlas como pretexto y escribir un relato que nos permita aproximarnos a él abriéndonos paso entre versos, llantos desgarradores y adjetivos.
Y hasta podríamos terminarlo así, como acabo de hacerlo ahora…
Escuche aquí una versión dialogada producida por IA a partir de este escrito