Por: Arytsha Aholibama y Sophie Esmeral
“No se trata de si eres de izquierda o derecha. Se trata en ser justo.”
Roque Amín Escaf fue desde ingeniero de costos en una oficina técnica en Bogotá hasta subgerente de una empresa privada. Pero lo que más recuerda, es su paso por la Secretaria de Educación del Atlántico, cuando fue director de Planeación de Barranquilla, curador urbano y promotor del boxeo colombiano. Pero más que una sucesión de cargos, su historia se lee en las arrugas que se dibujan en su rostro cuando recuerda su larga trayectoria y en sus canas, que no solo delatan su avanzada edad, sino también una sabiduría acumulada.
Nació el 15 de agosto de 1945 en Barranquilla. Estudió Ingeniería Civil en la Universidad Javeriana en Bogotá y tiene una especialización en Derecho Urbano de la Universidad del Externado. Nunca fue docente, pues considera que al ser tan perfeccionista jamás podría enseñar tan bien como quisiera, pero entendía que la educación y la salud eran, y siguen siendo, los pilares de una justicia social verdadera. Así que desde su primer día como servidor público detectó lo que llama, sin eufemismos, un manejo administrativo indecente.
En noviembre de 1987, cuando Colombia se encontraba en el auge de los sobresaltos políticos y estructuras administrativas permeadas por favores, Amín asumió la dirección del entonces Departamento Administrativo de Planeación Municipal de Barranquilla. Allí se definían presupuestos, movilidad, urbanismo, códigos de construcción; básicamente, planeación era el cerebro del municipio. Si fallaba, todo fallaba. Durante su trabajo como director del Departamento de Planeación Municipal, fue alcalde encargado en diciembre de 1987, y luego en enero y marzo de 1988, por designación del alcalde de la época, Daniel Moreno Villalba, quién al enterarse de los buenos resultados obtenidos por Amín, lo eligió para el cargo.
En agosto de 1988, Amín empezaría un nuevo capítulo de su vida, cómo secretario de Educación de la Gobernación del Atlántico, con una convicción que lo ha acompañado toda su vida pública: “Aquí no se viene a complacer intereses. Aquí se viene a cumplir la ley”.
—Imagínense, docentes en tres cargos al mismo tiempo en la Institución Educativa Distrital Simón Bolívar, y lo mismo ocurrió en otras instituciones. En la mañana en un colegio, en la tarde en otro, en la noche en otro más… y en el mismo horario aparecían en dos instituciones. Eso no era falta de profesores. Era pago de favores políticos —recuerda.
Convocó entonces a todos los sectores, incluidos los de distintas corrientes ideológicas. Los sentó a cada uno en una mesa inmensa hasta que todos hablaron e idearán una solución. Lo que siguió fue una reestructuración interna, en el sistema educativo del Atlántico que le generó resistencias. Amín cuenta cómo en aquella época, empezó a recibir denuncias anónimas, amenazas de muerte y hasta se decía por ahí, que consumía drogas.
El poder sin estómago

Mientras Amín ejercía como secretario de educación, por designación de Edgardo Sales Sales en noviembre de 1988, fue también, gobernador encargado.
Ese mismo año, vivió un episodio que aún narra con precisión. El alcalde de Puerto Colombia, Santos Ahumada, sufrió un accidente cerebrovascular. Como gobernador encargado debía nombrar reemplazo, respetando la filiación política del titular. Consultó al senador José Name Terán, el cual le dijo que debía ser Beatriz Carbonell, y de inmediato Amín expidió el decreto. Días después, el abogado Armando Dugand lo abordó en la calle 51:
—Doctor Amín, ha sido asaltado en su buena fe. El nombramiento no corresponde jurídicamente.
Amin revisó, confirmó la inconsistencia y llamó al gobernador.
—Hay que revocar el acto administrativo.
—Lo revoco yo —le dijo Edgardo Sales.
—No. Lo revoco yo. Porque si lo hace usted, quedo como inepto. Y no lo soy.
Lo revocó él mismo. En derecho, así como se hacen las cosas, también se deshacen. En diciembre de 1988 enfrentó otro dilema. Por instrucción superior retiró del cargo de alcaldesa de Puerto Colombia a Beatriz Carbonell, hija de una familia influyente, a pesar de no estar de acuerdo por completo. Días después, el escándalo político estalló. El gobernador, Edgardo Sales, lo mandó a buscar por todo el edificio de la Gobernación y le pidió revertir la decisión, pero Amín no cedió: “Yo no estoy acostumbrado a revocar mis actos administrativos. Si hay que hacerlo, renuncio”, le dijo con firmeza al gobernador. Se fue a su oficina y redactó su carta de renuncia, la cual no se la aceptaron. Finalmente, Carbonell no regresó al cargo. Amín cuenta cómo años después se la encontró y no percibió rencor.
—Uno tiene que manejar la vida bajo los mismos parámetros: antes, durante y después.
De la política al boxeo

Mientras ejercía sus funciones como secretario de educación y luego, director de planeación, Amín encontraba momentos para dedicarse a su pasión, el boxeo. Él siempre fue un amante del deporte, integró la dirigencia de Federación Profesional de Béisbol con Guido Nule Amín y luego escaló hasta la Asociación Mundial de Boxeo (AMB), donde fue presidente del Comité de Jueces y Árbitros en la década de los 80.
Amín cuenta cómo en el boxeo siempre estuvo solo, aprendió todo viendo la televisión y leyendo revistas de deporte. A pesar de los grandes pasos que estaba dando en el mundo del boxeo, nunca hizo parte de la Federación Nacional de Boxeo en Cartagena, porque no le gustaba el manejo que se estaba llevando a cabo.
Tuvo la oportunidad de asistir a una convención internacional en Estados Unidos, donde pudo leer un informe que había hecho sobre el boxeo. Amín, antes de presentar este escrito, se lo mostró a su amigo, Juan Gossaín. El periodista lo leyó y luego de hacerle un par de sugerencias, le dijo que estaba listo para presentarse en Estados Unidos.
Cuando llegó el día, Roque Amín, se puso de pie, nervioso por la multitud que esperaba ansiosa escucharlo, empezó a recitar. Ante él, estaban figuras como Carlos Monzón, Víctor Galíndez, promotores de talla mundial y federaciones de todos los países. A su lado, estaba el entonces Tesorero de la Asociación Mundial de Boxeo, un hombre que transmitía bondad en su mirada. Cuando Amín iba por el segundo renglón, el hombre le hizo señas para que leyera más despacio porque había traducción simultánea, y así lo hizo Amín. En aquel informe, el destacó al árbitro sudafricano Stanley Christodoulou, que estuvo en una pelea famosa con Tommy Hearns y Pipino Cuevas.
—¿Por qué se toma el atrevimiento de señalar al mejor? —lo cuestionan unos delegados orientales.
Rodrigo Sánchez y Elías Córdova, dirigentes del boxeo panameño, quienes no eran de su corriente, se levantaron a defenderlo. Ellos afirmaron que los latinos eran así, propensos a hacer este tipo de distinciones. Palabras que Amín agradece enormemente.
Intentó gestionar una pelea mundialista para el barranquillero Emiliano Villa contra el japonés Masashi Kudo cuando era representante de la AMB en Colombia. Sin embargo, la política interna del boxeo internacional frustró el combate. Al final, en esa pelea se enfrentaron, Masashi Kudo y el campeón olímpico, Ayub Kalule, llevándose la victoria este último.
Amín cuenta aún con mucha emoción, la vez que conoció a Muhammad Ali, boxeador estadounidense, considerado el mejor del mundo en peso pesado. Amín se encontraba en New York para una pelea entre un colombiano y un puertorriqueño, alojado en un hotel que quedaba al frente de Madison Square Garden. Era bastante tarde, pero el seguía leyendo en el lobby del hotel, y ve entrar al boxeador. Se levanta y con mucho respeto, le pide un autógrafo. “Él fue uno de los boxeadores que cambió la historia del deporte y el mundo”, dice.

Curador de Barranquilla
Su paso por la curaduría urbana fue aún más largo: quince años continuos en los que entregó mente y corazón (1997-2012). Porque Amín si se propone hacer alguna tarea, la cumple en la mitad del tiempo y con el doble de entrega. Entre las decisiones que más recuerda está la viabilización del primer McDonald’s de la ciudad en 1997, ubicado en el sector de El Prado.
También el concepto técnico para la construcción del entonces Carrefour de la 76, lo que actualmente es Jumbo, en terrenos de la familia Santo Domingo; proyecto que tuvo fuertes criticas en aquel entonces. Amín tuvo que hablar con el alcalde y solicitar que se reuniera el equipo jurídico para explicar el enfoque y que ellos mismos decidieran si se debía continuar con la obra.
—No es fácil, pero había que tomar decisiones. Y yo creo que estamos en deuda con la ciudad.
Amín asegura que el Country Club se convirtió en un “tapón urbano” que afectó la movilidad, obligando a las personas a dar vueltas inconmensurables para llegar al otro lado. Afirma que este lugar debió ser construido en otra parte, poniendo el interés general sobre el particular, y que su el hubiese estado en el cargo, en aquel entonces, no lo hubiese permitido. “Aquí nadie es más poderoso que otro”, dice.
Hay una frase que el no deja de repetir: No me gustan los poderosos. En el ejercicio de la curaduría los más influyentes eran los primeros en intentar torcer la norma, por lo que siempre se mantuvo al margen, enfocado solamente en ejercer su deber. Quizás fue por eso, cuenta él, que nunca recibió el reconocimiento que con tanto esfuerzo se había ganado, porque Amín trabajó más de cuarenta años desde la prudencia y humildad.
Él nunca aspiró a cargos de elección popular. En cambio, le dejó eso a su hermano menor, Miguel, quien hizo carrera política como senador. “Yo lo complementaba. Si yo hacía algo indebido, lo señalaban a él. Mi deber era elevar sus acciones, no comprometerlas”.
El reposo del guerrero



En su voz se refleja experiencia, con la mirada fija en un punto indefinido, como si estuviera viendo de nuevo toda su vida, sonríe y dice:
—Nunca pude renunciar a mis principios. Ni voy a renunciar nunca. Con eso nací, y con eso muero.
Hoy, retirado de la función pública, habla con la serenidad de quien ya no compite por nada. “Estoy en el reposo del guerrero. Me siento con capacidad, pero la edad me descalifica”. Su balance es claro: educación, planeación y curaduría como escenarios donde intentó aplicar un mismo principio: legalidad sin concesiones. Admite su ignorancia en algunos temas, pero asegura la seriedad que toma defiende al asumir una responsabilidad, sin ser inferior a las expectativas. Pero también, reconoce lo mucho que aprendió de otros y las enormes oportunidades que tuvo, cómo condecorar al político colombiano, Luis Carlos Galán.
Roque Amín no se define por los cargos que ocupó, secretario de Educación, de Planeación, alcalde y gobernador encargado, curador urbano, dirigente internacional de boxeo, sino por la lealtad a sus principios y su trabajo incansable por una Colombia más justa.