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Por: Mateo Rangel Heilbron 

Aunque un formato de 16 mm significa menos espacio en pantalla, esto no limita la belleza que retrata Un Poeta (2025) escrita y dirigida por el realizador colombiano Simón Mesa Soto y que actualmente está siendo proyectada en cines nacionales. Usando su ciudad natal de Medellín, el director cuenta una historia llena de perdón, melancolía, y esperanza. Dividida en cuatro secciones durante su transcurso de dos horas, la película compitió por el premio Un Certain Regarde en el Festival de Cine de Cannes en Francia este año, festival en el que Mesa Soto ganó el Palme d’Or para cortometraje en el 2014 con su corto Leidi (2014).  

La película narra un período de la vida de Óscar (Ubeimar Ríos), un poeta que nunca pudo alcanzar la fama y el reconocimiento que siempre quiso. Piensa que no es suficiente para nada ni nadie, en especial para su hija, hasta que empieza a enseñar filosofía en una escuela y conoce a Yurlady (Rebeca Andrade). Esta estudiante tiene un don para la poesía y Óscar piensa que hacerla reconocida es su manera de asegurar su legado y acercarse a su hija Daniela (Alisson Correa). Pero, como toda historia, esto no será fácil y sus propias tendencias autodestructivas pueden ser lo que terminé acabando con todo.  

Imagen tomada de Ocúltimo 
 

Esta película, aunque muchos pueden conectar con la historia, tiene una identidad completa y desvergonzadamente colombiana. Y esta es una de sus muchas fortalezas. Al conocer tanto el terreno, Mesa Soto vuelve a la ciudad su propio personaje que acompaña a los arcos de los personajes y nos muestra el estado en el que se encuentran mientras pasa el tiempo. Y así, las audiencias colombianas, que no están tan relacionadas con las películas nacionales, pueden disfrutar un poco más la película en comparación con un público extranjero, pero sin perder la esencia global que quiere emanar el filme.  

La comedia y el drama están balanceados de una manera tan natural, que no se sabe en que momento los espectadores se estarán riendo o llorando. El humor, usando como ejemplo la obsesión del protagonista con el poeta bogotano José Asunción Silva, nos demuestra lo absurdo del relato y como el director quería reírse de sus propios dilemas y del proceso de hacer arte. Pero el drama nos hace preocuparnos por la situación de Óscar y pensar en como saldrá de las dificultades que él mismo causa con mucha expectativa.  

Imagen tomada de Ocúltimo 

La decisión de usar actores naturales y primerizos es una que beneficia bastante al largometraje, ya que la ayuda a adentrarse más a este mundo y no lo hace sentirse forzado. Los actores están familiarizados con este lugar y este estatus, por lo que es más sencillo interpretar a sus personajes y convencernos de su situación.   

La cinematografía convierte al espacio en uno más inmersivo, pues la película es grabada con mucho movimiento, como si el camarógrafo fuera una persona más en la habitación. De igual manera, el departamento de arte hace un gran trabajo en ambientarnos en este mundo al darnos un ambiente que invoca al pasado para evocar nostalgia, pero que también nos recuerda que esta es una historia no fija en un tiempo en particular y que puede suceder en cualquier momento. Esto también es lo que causa el formato de 16 mm, que hace a la película parecer como si fuese una más antigua, junto con las marcas de quemadura de filme alrededor de la pantalla.  

Equipo del largometraje en Cannes/Imagen tomada del Festival de Cannes 
 

El cine colombiano es uno que puede llegar a pasar por desapercibido, tanto en el extranjero como en el interior. Pero las historias siempre estarán allí y siempre se podrá encontrar la manera de contarlas y difundirlas. Esta película lo demuestra y el apoyo de los cines colombianos es de suma importancia para esparcir estas historias que muestran un lado del país que no siempre es apoyado: el arte. Se nota la pasión al contar este relato de una persona que simplemente quiere hacer lo que le gusta y no morir en el intento, algo que todos sin lugar a duda ha sentido anteriormente.  

Mesa Soto nos demuestra que Colombia es digna de ser considerada en la conversación y el futuro se siente seguro con este tipo de voces que nos muestran lo que podemos ser y no lo que alguna vez fuimos.  

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