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Por: Samuel Martinez

Lorena Barrios Lara, una mujer de 51 años, pasó de enfrentar un cáncer de mama en etapa dos a perder sus brazos y piernas en cuestión de semanas. En entrevista, asegura que su caso no fue una complicación médica inevitable, sino el resultado de decisiones que, según ella, nunca debieron ocurrir dentro de una clínica.

Su historia comenzó en mayo de 2024, cuando le detectaron un tumor en la mama derecha. Aunque el diagnóstico indicaba que estaba a tiempo de tratarlo y sin metástasis, inició quimioterapia mientras esperaba una cirugía. Desde ese momento, según cuenta, empezaron las fallas: “La EPS nunca me dio el suplemento que me mandó la nutricionista, me tocó comprarlo por mi cuenta”.

Lorena Barrios antes de su procedimiento – Imagen cortesía de Lorena y su familia

Entre diciembre de 2024 y enero de 2025, empezó a presentar fiebres constantes. Barrios relata que acudió en varias ocasiones a urgencias, pero siempre recibió la misma respuesta: “Me decían que era normal por la quimio y me devolvían para la casa”. Su estado empeoró hasta el 2 de febrero de 2025, cuando fue hospitalizada por una supuesta infección renal.

Según su testimonio, el momento que cambió todo ocurrió durante su ingreso. “Me dieron un sobre para ir al baño. Yo dije que no me lo quería tomar, pero entraron dos enfermeras y me lo dieron a la fuerza”, relata. Minutos después, asegura que sintió un fuerte malestar, perdió el conocimiento y fue trasladada a UCI.

Días después, sus manos y pies comenzaron a hincharse y a cambiar de color. Su familia preguntó repetidamente qué estaba ocurriendo, pero, según Lorena, la respuesta siempre fue la misma: “Eso es normal por los medicamentos”. Sin embargo, el color pasó de morado a negro y el daño se volvió irreversible.

Lorena Barrios durante su proceso de cáncer – Imagen cortesía de Lorena y su familia

El 25 de febrero le amputaron las manos y en marzo las piernas. Barrios afirma que nunca autorizó el procedimiento: “Yo me resistí hasta lo último, pero mis hijos tuvieron que firmar porque ya no había otra opción”. También cuestiona el diagnóstico de la clínica: “Dicen que yo llegué mal por el cáncer, pero eso no es cierto, mi cáncer estaba encapsulado”.

Tras las cirugías, denuncia abandono institucional. “Me mandaron para la casa con las heridas abiertas y sin enfermera. Todo lo hacen mis hijos”, asegura. También afirma que no ha recibido el acompañamiento que debería: “No tengo apoyo psicológico, ni seguimiento médico constante”.

Además de las fallas en salud, señala dificultades con entidades públicas. “No me han querido dar el carnet de discapacidad, a pesar de que fui varias veces a la alcaldía”, dice. A esto se suma la demora en citas médicas y autorizaciones: “Una cita que me mandaron en mayo me la dieron para diciembre”.

Lorena luego de sus amputaciones – Imagen cortesía de Lorena y su familia

Las prótesis que hoy utiliza no fueron entregadas por su EPS Coosalud, sino por una fundación. “Fue un milagro, porque yo no tengo recursos ni influencias”, cuenta. Mientras tanto, inició acciones legales para exigir respuestas. “No tenía por qué terminar así”, insiste.

El caso de Lorena Barrios, construido a partir de su testimonio, abre interrogantes sobre la atención médica recibida y el seguimiento posterior. Una historia que empezó con un tratamiento contra el cáncer y que hoy se convierte en una denuncia directa contra el sistema de salud.

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