Por: Ariana Lopez
Barranquilla vivió cinco días de emoción intensa entre el 27 y el 31 de agosto con el Barranquilla Open Racquetball 3.0, un torneo internacional que reunió a deportistas de Venezuela, Pereira y la capital del Atlántico. Allí brilló una joven que no solo sorprendió por su talento dentro de la cancha, sino también por la fuerza de su historia personal. Valeria Salas, de apenas 20 años, se coronó campeona en la categoría de damas y subcampeona en dobles mixtos junto a su pareja de Pereira.“Para mí este triunfo fue un logro inmenso”, dice con una mezcla de emoción y humildad.
“Llevo apenas dos años jugando racquetball. Siempre había competido con hombres, nunca con mujeres. No sabía cómo sería enfrentarme a ellas, y mucho menos a las de Venezuela, que tienen un nivel altísimo. Estaba nerviosa, pero algo pasó: me enfoqué y pude sacar adelante los partidos”. Los resultados lo confirman: ganó sets contundentes 3-0 y 3-1 frente a rivales de gran talla.

El poder de la mente
Valeria no duda en afirmar que la clave de este torneo estuvo en su mentalidad. “He trabajado mucho el tema del control en la cancha. No solo en el racquetball, en todos los deportes la mente es lo primordial. Esa fue la diferencia con otros torneos”. Sus palabras no son teoría: en cada punto jugado demostró disciplina y temple.
La historia de Valeria tiene un matiz aún más inspirador. Desde niña convive con artritis reumatoidea juvenil, una condición que para muchos sería un obstáculo, pero que en ella se convirtió en motor. “Entreno todos los días, por salud y por amor al deporte. Nunca lo he visto como un freno, al contrario, me impulsa. Sé que debo fortalecer mi cuerpo y aprovechar cada oportunidad que se me presente. Eso me mantiene en movimiento”.
En la comunidad del parque de raquetas encontró un segundo hogar. Allí entrena, comparte y compite, rodeada de amigos y colegas que la alientan en cada partido. “Se volvió una familia. Eso hace que uno quiera ir todos los días, entrenar, hablar, jugar”.

Jugadora y organizadora
Su papel en el torneo no se limitó a ser atleta. Valeria también fue parte de la organización. Manejó redes sociales, comunicaciones y logística, un reto doble que asumió con madurez. “Quería que todo saliera perfecto. Esta fue mi segunda vez organizando un torneo internacional y, a diferencia de la primera, logré equilibrar la organización y el juego. Me siento muy satisfecha porque en ambas cosas tuve un desempeño genial”.
La estudiante que conecta la comunicación con el deporte
Fuera de la cancha, Valeria sigue construyendo sueños. Es estudiante de Comunicación Social y Periodismo en la Universidad del Norte, carrera que encontró después de pasar por Derecho. “El deporte me ayudó a darme cuenta de lo que quería. Descubrí que me apasiona la organización, las relaciones públicas, las comunicaciones. En este torneo pude aplicar mi carrera al deporte y me encantó. Me veo en el futuro organizando torneos,
trabajando en comunicaciones empresariales y, claro, sin dejar de jugar racquetball”.

Lo que viene
Su mirada está puesta en seguir creciendo. Actualmente se considera una jugadora categoría C, pero quiere subir de nivel y competir en escenarios internacionales. “Sueño con viajar a representar a Colombia, con que el racquetball siga creciendo en el país y tenga más apoyo”. En cinco años, se imagina manteniendo el equilibrio entre su vida profesional y deportiva: “Si puedo lograr ambas cosas, perfecto. Pero, sinceramente, no dejaría de jugar racquetball,
porque lo estoy amando demasiado”.
Valeria dedica sus logros a Dios, a sus padres y a sus compañeros de juego, pero en el fondo, cada punto ganado es también un triunfo contra las adversidades. Su historia combina disciplina, resiliencia y pasión, mostrando que el racquetball no es solo un deporte para ella, sino un camino para crecer y encontrar su lugar en el mundo.
En el Barranquilla Open 3.0, Valeria Salas no solo levantó un trofeo. Levantó también la voz de una generación que entiende que el deporte y los sueños pueden convivir, que las dificultades pueden transformarse en fuerza y que cada raquetazo es también una manera de escribir futuro.