Por: José Luis Rodríguez R.
La felicidad puede encontrarse en ocasiones en los lugares menos pensados: al medir la temperatura con un termómetro, en un martes cualquiera o incluso al cambiar de asiento durante una charla. Así lo demostró Micael Dahlen, profesor de la Stockholm School of Economics y uno de los pensadores más originales de Suecia, quien el 30 de septiembre cautivó al público en el Coliseo Los Fundadores con la conferencia central de la Cátedra Europa.
Las charlas de Dahlen, autor de libros como Nextopia y Monster, y director del Center for Wellbeing, Welfare and Happiness, combinan investigación con ejercicios prácticos y un humor a veces provocador. En Cátedra Europa invitó repensar lo que entendemos por bienestar, desmontar mitos sobre la felicidad y atrevernos a crear energía y propósito en comunidad.
“En Suecia confiamos en nosotros mismos porque no nos queda de otra: somos pocos y necesitamos unirnos”, puntualizó el profesor de la Escuela de Economía de Estocolmo durante su intervención. La confianza, argumentó, es el ‘cemento’ que mantiene cohesionadas a las sociedades, lo que permite enfrentar la adversidad sin sentirnos solos. Pero para él, esa confianza no es abstracta, se sostiene en instituciones, en vínculos cotidianos y en la capacidad de compartir incluso lo que nos da miedo.
“Un ejemplo que me encanta es cómo en inglés las palabras well-being (bienestar) y ill-being (malestar) se parecen tanto. Lo único que las separa es el “we” (nosotros) y el “I” (yo). El bienestar surge cuando compartimos, cuando no cargamos solos las dificultades. No importa lo duras que sean, si las dividimos con otros, podemos incluso llegar a disfrutarlas”, detalló.

De acuerdo con estudios, solo el 20 % de nuestra felicidad se explica por la genética y otro 30 % por las personas con las que convivimos, un “contagio social” que convierte nuestras emociones en algo tan transmisible como un resfriado. “Vivimos más cerca de más gente que nunca antes, pero también enfrentamos una epidemia de soledad”, advirtió.
Para ilustrar su punto, hizo que los asistentes se miraran a los ojos y experimentaran cómo la percepción de cercanía aumenta, cómo “la energía fluye” con un simple contacto visual. Lo respaldó con investigaciones que, décadas atrás, medían el aumento de la temperatura corporal tras sostener la mirada con un extraño.
“Ese hallazgo viene de investigaciones tan antiguas que ni siquiera existían los termómetros modernos. En ese tiempo, la única forma de medir la temperatura era vía rectal”, evocó.
La conferencia estuvo llena de anécdotas personales que reforzaron sus mensajes. Como padre, busca la forma de interactuar con los miembros de su familia de formas variadas para generar felicidad. “La idea es que cada día hagamos al menos una cosa con la familia, solo porque es divertido”. Y como promotor y “capitán del equipo nacional del ejercicio” en Suecia, también relató su excéntrica rutina: correr a toda velocidad a la par de los autos de un semáforo en Estocolmo, un método eficaz —y divertido— para cumplir en segundos con la dosis diaria de actividad física.