Por: Emanuel Calderón
Guadalupe López y Hermes Martínez, coordinador dialogaron sobre los retos de verificar información en una era marcada por la desinformación, las redes sociales, los algoritmos y la inteligencia artificial, y plantearon la alfabetización mediática como una vía para formar audiencias críticas y fortalecer la democracia
La desinformación y el modo en que circula en los entornos digitales marcaron el eje del conversatorio. En el encuentro, los panelistas coincidieron en que la alfabetización mediática informacional dejó de ser un complemento formativo y pasó a ser una condición para ejercer una ciudadanía plena en un ecosistema saturado de contenidos, plataformas y mediaciones algorítmicas.
Guadalupe López, jefa del área de Educación de Chequeado, recordó que esa organización argentina nació en 2008 y que desde 2014 sumó un área de educación, además de sus frentes de medios e innovación. Explicó que su propósito es ayudar a las personas a tomar decisiones informadas mediante el periodismo de verificación, la educación mediática y el desarrollo de tecnología cívica. En ese marco, advirtió que la verificación tiene límites claros: un contenido viral falso o un discurso público pueden corroborarse con datos, pero la desinformación suele avanzar más rápido que la corrección.
A partir de esa tensión, López retomó el concepto de alfabetización mediática informacional promovido por la UNESCO. Lo definió como un conjunto de capacidades para acceder, comprender, interpretar, producir y participar en la vida pública. Para ella, el desafío no se limita a formar audiencias, sino ciudadanos capaces de leer con criterio el entorno informativo y de actuar con responsabilidad frente a lo que consumen y comparten. También señaló que estas habilidades no siempre aparecen en los currículos escolares o universitarios, lo que deja una brecha abierta en la formación de jóvenes y adultos.
El conversatorio puso el foco en una idea compartida por varios de los panelistas: la desinformación no se combate solo desde las redacciones. Hermes Martínez sostuvo que se trata de un fenómeno global, deliberado y sistemático, que exige respuestas integradas. En esa tarea deben participar los medios, los gobiernos, la sociedad civil, los anunciantes y también las audiencias, que no son receptores pasivos sino corresponsables de la información que circula en el espacio público. El propio ecosistema, mediado por plataformas y algoritmos, obliga a mirar el problema con una amplitud mayor.

Los temas tratados eran siempre incluidos dentro del debate de la transparencia. López planteó que los medios deben explicar cómo trabajan, cómo se financian y de qué manera usan la inteligencia artificial. Martínez añadió que la discusión sobre sostenibilidad ya no puede quedarse solo en lo financiero, porque la credibilidad sigue siendo el activo fundacional del periodismo. También advirtió que los medios enfrentan una renovación de sus vínculos con las audiencias, en un contexto donde la confianza pública atraviesa una crisis generalizada.
Ese panorama también alcanza a las redacciones. Martínez Banfi recordó que los cambios tecnológicos siempre traen nuevos cargos, nuevos desafíos y nuevas preguntas sobre qué delega el periodista en la máquina y qué conserva como criterio profesional. López, por su parte, comparó el momento actual con el auge de las redes sociales y señaló que la inteligencia artificial obliga a probar, ajustar y revisar de forma constante. En su visión, el periodismo puede usar esa tecnología a su favor, pero sin renunciar a la explicación, el contexto ni la supervisión humana.
En la parte final del conversatorio, los panelistas presentaron herramientas concretas del proyecto Comunidad Informada, una iniciativa de la Agencia Francesa de Apoyo al Desarrollo de Medios presente en cinco países de América Latina. Entre ellas están las formaciones gratuitas para docentes de secundaria, la plataforma Amiclick y el verificador Chequeador, que permite seguir paso a paso el método de chequeo ante videos, audios o imágenes sospechosas. También mencionaron una herramienta en desarrollo para trabajar con estudiantes a partir de situaciones ficcionales y fortalecer el pensamiento crítico frente a la inteligencia artificial.
El cierre dejó una idea clara para la audiencia joven que llenó el espacio académico: la alfabetización mediática no es un asunto accesorio. En una democracia digital atravesada por desinformación, polarización y cambios tecnológicos, comprender cómo circula la información resulta tan importante como producirla. Para los organizadores, ese aprendizaje debe empezar temprano y extenderse a las aulas, a las redacciones y a la vida pública.