Por: Javier Benitez
El UFC 328, el más reciente evento numerado de la compañía, tuvo como combate principal a Khamzat Chimaev frente a Sean Strickland. Desde antes del inicio, el enfrentamiento apuntaba a una victoria clara de Chimaev gracias a su estilo de lucha dominante, al punto de ser considerado uno de los mejores peleadores de la UFC en la actualidad. Muchos dicen que este tipo de combates valen la pena por la sangre, el sudor y la violencia que llevan al octágono, mientras que otros los ven únicamente como otra forma de entretenimiento. Pero entonces, ¿qué es lo que hace realmente valiosa a la UFC? Peleas como la de esa noche recuerdan por qué seguimos regresando al octágono: las sorpresas.
mbos peleadores se conocían antes del combate. De hecho, fueron compañeros de gimnasio. Sin embargo, según declaraciones del propio Sean Strickland, muchos de los compañeros de sparring elegidos por Chimaev provenían de divisiones menores o tenían un nivel considerablemente inferior, razón por la que comenzó a verlo como un abusón.
Por otra parte, Strickland había insultado tanto la religión como el comportamiento de Chimaev, lo que dio origen a una rivalidad que rápidamente escaló. Durante las conferencias de prensa, el riesgo de confrontación entre ambos fue tomado tan en serio que se incrementó el personal de seguridad, incluyendo policías armados. Eso no impidió que Chimaev le propinara una patada en la entrepierna a Strickland. Para ese punto, muchos daban por enterrada la amistad que alguna vez tuvieron, algo que solo hizo el combate aún más atractivo para los fanáticos.
Decir que las probabilidades de victoria de Strickland eran bajas sería minimizar la poca fe que existía en torno a él. Llegaba con un récord de 30 victorias y 7 derrotas. Chimaev, conocido como “El Lobo Checheno”, famoso por su lucha incesante y control en la lona, permanecía invicto con un 15-0. Registraba un 58 % de precisión en derribos y un 87 % de defensa de derribos, según UFC Stats.
Esta pelea me hizo recordar a un héroe de antaño que, pese a la presión del rival y de quienes no creen en él, sigue levantándose para luchar: a lo Rocky Balboa, Sean Strickland llegó con un mensaje claro: no me voy a rendir. En el primer round, Chimaev dominó completamente gracias a su lucha, algo que no sorprendió a nadie. Pero en el segundo asalto ocurrió algo inesperado: por primera vez, Khamzat terminó en la lona mientras Strickland lo controlaba y castigaba con golpes desde arriba. El “lobo” empezaba a ceder terreno.

Cara a cara durante el pesaje ceremonial de UFC 328: Khamzat Chimaev vs. Sean Strickland MMA Junkie
En el tercer round, para sorpresa mía, Chimaev decidió intercambiar golpes de pie con Strickland, una decisión que favoreció claramente al estadounidense, quien conectó más golpes significativos y manejó mejor la distancia. El cuarto round devolvió la pelea al terreno habitual del checheno: la lucha. Aun así, Strickland seguía defendiendo derribos con una resistencia admirable.
Con la llegada del quinto round apareció también la esperanza de quienes todavía creían. Strickland se veía preciso: defendía derribos, conectaba al rostro y evitaba que Chimaev acortara distancia. Sin embargo, en los últimos minutos, el checheno consiguió un derribo y mostró una ligera ventaja en precisión de golpes significativos, sembrando dudas sobre el resultado final.
Cuando sonó la campana, todos sabían que no sería una decisión sencilla para los jueces.
Primer juez: 10-9 a favor de Chimaev.
Segundo juez: 10-9 a favor de Strickland.
Finalmente, acompañado por la narración de Bruce Buffer, se anunció al nuevo campeón del peso medio: Sean Strickland. Había logrado lo imposible. En ese momento recordé por qué Rocky Balboa era tan querido. No porque fuera invencible ni porque recibiera menos daño que los demás, sino porque siempre seguía adelante. Porque luchaba hasta el final. Y qué bien se sintió verlo ganar.
No obstante, había un detalle que me generaba incertidumbre. El corte de peso de Chimaev hizo que el peleador no pareciera el mismo. Durante el pesaje se veía drenado y excesivamente delgado. Además, sus combates anteriores habían sido tan dominantes que por momentos parecían injustos para sus rivales. Según Arman Tsarukyan, integrante del equipo de Khamzat, el peleador tuvo que perder 20 kilos para esta pelea, algo que pareció pasarle factura en el cardio. Desde el segundo round ya lucía cansado y dañado, aunque la intensidad que lo caracteriza seguía intacta, esperando el primer error de Strickland. Aun así, esto no le resta mérito a la victoria del estadounidense.
Al final de la pelea ocurrió otro momento inesperado. A pesar del odio que ambos demostraron durante la promoción y de la evidente decepción de Chimaev por la derrota, este terminó colocando el cinturón de campeón sobre Strickland. Cuando los golpes cesaron y ambos dejaron el espíritu en el octágono, todavía quedaba algo entre ellos: compañerismo; algunos incluso dirían amistad. A pesar de los insultos, de la rivalidad y de la sangre derramada, seguían siendo lo que siempre fueron, dos peleadores dispuestos a destruirse mutuamente, pero conscientes de que dentro del deporte existe algo más grande que la violencia. Eso es lo que hace valiosa a la UFC. No solo el hambre de pelea. sino la posibilidad de presenciar un resultado que desafié toda estadística.

Sean Strickland, de Estados Unidos, abandona el ring tras su victoria en un combate por el título de peso medio durante el UFC 328 en el Prudential Center el 9 de mayo de 2026 en Newark, Nueva Jersey. (Foto AFP)