Por: Laura Moncayo

Dolly Parton construyó una de las carreras más grandes de la música estadounidense en un espacio históricamente dominado por hombres: el country. Cantante, compositora, actriz y empresaria, consiguió algo que parecía contradictorio: convertirse en un símbolo de autonomía femenina y, al mismo tiempo, evitar durante décadas la etiqueta de “feminista”. Sin embargo, aunque ella misma ha dicho que no se identifica con el término, sus canciones, decisiones profesionales y discursos sobre la libertad de las mujeres cuentan una historia bastante distinta.

Dolly nunca escondió su incomodidad con la palabra “feminista”. En una entrevista con The Guardian, explicó que para ella el término podía tener connotaciones de mujeres “anti-hombres” y afirmó: “Me importan mucho las mujeres, me importa muchísimo empoderarlas”. Incluso añadió que, si defender que las mujeres deben recibir el mismo reconocimiento y salario por su trabajo la convierte en feminista, entonces podría aceptar que lo es.

La contradicción resulta interesante; Dolly no quiere necesariamente el nombre, pero sí defiende muchas de las ideas que históricamente ha defendido el feminismo, como muchas mujeres.

Desde el comienzo de su carrera, tuvo que abrirse espacio en una industria musical en la que las mujeres tenían muchas menos posibilidades de controlar sus carreras.

Uno de los mejores ejemplos es su canción “Just Because I’m a Woman”, publicada en 1968. En ella aborda el doble estándar sexual: cuestiona que una mujer sea juzgada por errores o experiencias que en un hombre serían considerados normales.

Su postura también se manifestó en su manera de hacer negocios. No se limitó a ser la intérprete de las canciones de otros: escribió miles de canciones, construyó su propia imagen, creó empresas y terminó convirtiéndose en una de las mujeres más poderosas de la industria del entretenimiento.

Y está “9 to 5”. La película de 1980, protagonizada por Dolly junto a Jane Fonda y Lily Tomlin, convirtió las experiencias de tres trabajadoras enfrentadas a un jefe abusivo y sexista en una comedia que también funcionaba como crítica a la desigualdad laboral. Parton además escribió e interpretó la canción principal, que se convirtió en un himno para las mujeres trabajadoras.

En 2023 dijo: “I’m not a feminist – and yet I am all of that.” Es decir: no se considera feminista, pero reconoce que también encarna muchas de las características asociadas con el movimiento.

Y no era la primera vez que se expresaba de esa manera. En otra entrevista explicó que no sentía la necesidad de marchar, llevar carteles o adoptar una etiqueta política para defender a las mujeres.

No necesariamente hay que llamarla feminista si ella no quiere hacerlo. Pero sí es debemos analizar su trayectoria desde una perspectiva feminista: una mujer que consiguió independencia económica, control creativo, reconocimiento profesional y una enorme capacidad para decidir sobre su propia imagen dentro de una industria dominada por hombres.

La relación de Dolly Parton con la comunidad LGBT+ es todavía más evidente.

Se convirtió en un ícono para las personas queer y por la cultura drag. Ella misma reconoció que entendía por qué existía esa conexión. En una entrevista con CNN explicó que muchos de sus amigos gays se identificaban con ella porque también habían tenido que encontrar su propio espacio y porque compartían su gusto por expresarse libremente.

Cuando le preguntaron si apoyaba el matrimonio entre personas del mismo sexo, su respuesta fue clara. Dijo que sí y agregó que las parejas homosexuales también deberían poder casarse.

Uno de los ejemplos más claros ocurrió en Dollywood, el parque temático que fundó en Tennessee. El parque organizó “Gay Day”, una celebración dirigida a visitantes LGBT+. La decisión generó amenazas, incluso de grupos vinculados al Ku Klux Klan. Parton contó que, a pesar de las amenazas, decidió mantener su posición y explicó que no sentía que tuviera que justificarse: ella simplemente amaba a todo el mundo.

Ese gesto es muy significativo porque Dollywood está ubicado en Tennessee, un estado del sur de Estados Unidos donde la relación entre la cultura country, el conservadurismo religioso y la política LGBT+ ha sido históricamente compleja. Parton pudo haber evitado el tema para proteger su imagen comercial en el sector. En cambio, mantuvo una política de inclusión.

En una ocasión participó en un concurso de imitadores de Dolly Parton. Lo interesante es que los demás participantes no sabían que la verdadera Dolly estaba compitiendo. Ella exageró todavía más su maquillaje, su cabello y su famosa apariencia para intentar parecer una imitación de sí misma. Perdió el concurso. Esto explica porque ella es tan importante dentro de la comunidad drag.

Dolly Parton representa una contradicción que resulta especialmente interesante para hablar de género: una mujer puede rechazar una etiqueta y, aun así, realizar acciones que coinciden con los principios de esa etiqueta.

Parton ha defendido la igualdad salarial, ha hablado sobre el poder de las mujeres, escribió canciones sobre las experiencias femeninas, protagonizó una película sobre la desigualdad laboral y construyó una carrera independiente en una industria dominada por hombres.

Al mismo tiempo, ha defendido públicamente a la comunidad LGBT+, ha apoyado el matrimonio igualitario y permitió que Dollywood acogiera celebraciones LGBT+ incluso después de recibir amenazas.

Hoy la celebramos y lamentamos su partida , una diva única y adelantada para su época. Hasta unió a demócratas y republicanos. La despedimos como una leyenda.

Dolly Rebecca Parton (1946-2026)

Escribe un comentario

El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.