Por: Valerie Caballero y Valentina Villa
En Cartagena, Nicole Sánchez Castillo ha encontrado en el lenguaje una manera de contar su territorio. Autora de cinco libros, lingüista y literata cartagenera, su trabajo se mueve entre la literatura, la investigación y la creación de contenido para redes con rigor académico.
Su obra abarca distintos públicos y géneros, desde: Belo: un héroe del campo, una historia infantil que utiliza alegorías para explicar a los niños el conflicto armado colombiano, hasta libros dirigidos a lectores adultos en los que aparecen la violencia, las desigualdades y otras realidades incómodas. Su trayectoria literaria también incluye: Solo quedaron las cáscaras, ¡Vuela alto, Emma!, Hija e Inhumana.

Sin embargo, reducir a Nicole a la etiqueta de “escritora de literatura infantil” sería cortar una trayectoria mucho más diversa. De hecho, esa es una de las ideas que ella misma se ha encargado de aclarar. Belo alcanzó una visibilidad que terminó asociándola con la literatura para niños, a pesar de que su obra también se ha construido desde la narrativa para adultos.
En sus redes sociales, además, habla de lingüística, literatura y cine, construyendo una comunidad de más de 200.000 seguidores (@nicole.san.c en Instagram), convirtiendo el conocimiento académico en una realidad más cercana para el público que no se acercaría a estos temas por su propia cuenta.
Nicole estudió Lingüística y Literatura en la Universidad de Cartagena, después de abandonar Relaciones Internacionales, una decisión que al final terminó siendo mucho más que un cambio de carrera. En este recorrido, la lengua dejó de ser solamente una herramienta para escribir y se convirtió en una forma de mirar el mundo.
Al escribir personajes costeños, presta especial atención a las palabras que utilizan, a sus expresiones y a la manera en la que habla. Su interés por defender las variedades del español también llegó a las redes sociales, donde explica fenómenos lingüísticos y cuestiona que algunas formas de hablar se consideren simplemente “incorrectas”. Esta labor la ha reconocido como una de las voces jóvenes que divulgan la lingüística desde el caribe.

Mucho antes de entrar en el mundo de libros publicados, redes sociales o autopublicación, Nicole tuvo que tomar una decisión que definiría el rumbo de su vida. Al terminar el colegio ya reconocía a la escritura como una de sus fortalezas y que quería convertirse en escritora, aunque no sabía cómo hacerlo aún. El problema era que, como sucede con muchos jóvenes al momento de escoger una carrera, las expectativas de los demás empiezan a pesar por sobre sus propios deseos.
“Yo ya sabía que era buena escribiendo, que me gustaba mucho escribir, que tenía ese sueño lejano de convertirme en escritora algún día, no sabía cómo ejecutarlo para nada”, cuenta. La advertencia que recibió fue la misma que reciben muchos jóvenes que se inclinan por las humanidades: estudiar literatura no se presentaba como una opción segura para ganarse la vida. A esa edad, reconoce, era fácil dejarse llevar.
Fue así como terminó estudiando Relaciones Internacionales. No era una carrera que le disgustase. Al contrario, le interesaba la política y durante un tiempo también estuvo vinculada al activismo. Pero con el paso del tiempo empezó a comprender que una cosa era que una carrera le agradara y otra cosa muy diferente era que esa fuera la carrera para construir su vida.
“Mi cuerpo, toda mi mente, todo lo que pasaba en mi vida me sacó factura y me estaba mostrando que yo estaba en el lugar equivocado”, recuerda. La crisis de salud mental que atravesó terminó convirtiéndose en un punto de quiebre. Es entonces cuando con miedo y acompañada por terapia, decide retirarse de la carrera y presentarse a Lingüística y Literatura en la Universidad de Cartagena.
Esta decisión no implicaba que el camino fuera a ser más sencillo. Nicole sabe que vivir de la escritura implica una incertidumbre económica que otras profesiones no necesariamente tienen. Mientras un empleo tradicional puede ofrecer un salario mensual, para un escritor los ingresos pueden cambiar de un mes a otro. Aun así, ella prefiere asumir ese riesgo antes que renunciar a lo que quiere hacer.
“Mi ganancia es que estoy haciendo lo que amo hacer”, dice. Y después resumen su manera de entender el oficio en una frase que también puede funcionar como un lema personal: “Lo que uno hace con pasión y amor uno lo hace bien”.
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“Lo que uno hace con pasión y amor uno lo hace bien”
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Para Nicole, conocer cómo funciona la lengua le permite construir personajes más creíbles y, al mismo tiempo, revindicar la manera particular en que habla su territorio.
Cuando Nicole habla de lingüística, no lo hace desde una idea abstracta de la lengua. La lleva directamente a sus personajes. Una de las influencias más evidentes de su formación está en la manera en que incorpora expresiones costeñas en sus historias. En su nueva novela (Una deuda siniestra), cuyo lanzamiento está programado para octubre de 2026, por ejemplo, habría incluido alrededor de 32 notas de pie de página para explicar palabras propias de la Costa Caribe utilizadas por la protagonista.
Para ella, no tendría sentido poner a un personaje cartagenero a hablar como si hubiera crecido en otro lugar, con jerga española o mexicana. Una palabra aparentemente sencilla puede convertirse en una pieza fundamental para construir la identidad de un personaje. Por eso explica que términos que en Colombia son completamente cotidianos pueden cambiar dependiendo del país o de la región. La lengua, dice, también construye verosimilitud.
Pero su defensa del habla costeña va más allá de una decisión literaria. Nicole cuestiona la idea de que una persona pueda ser considerada “hablante incorrecto” simplemente porque no utiliza las mismas formas que aparecen en los modelos normativos. Desde la lingüística, explica, la lengua se estudia de manera descriptiva y no como una lista de reglas destinadas a clasificar a las personas entre quienes hablan bien y quienes hablan mal.
Una palabra de su propia novela, Una deuda siniestra, sirve para explicar esta idea. En la primera página de su próximo libro aparece “erda”, una expresión común en la Costa Caribe. En un pie de página, Nicole explica que “resulta de un proceso de aféresis en la palabra mierda. Puede utilizarse como interjección que cumple diversas funciones o como muletilla”. Para un lector que no conoce el término puede ser simplemente una expresión coloquial. Pero para ella, es una muestra de que las formas de hablar de una comunidad tienen proceso y explicaciones detrás.

Uno de los libros que más ha marcado la percepción pública de Nicole es Belo: un héroe del campo. La historia utiliza animales y alegorías para acercar a los niños a temas relacionados con el conflicto armado colombiano.
La historia nació de una preocupación profundamente personal. Nicole cuenta que parte de su familia materna vivió en Barrancabermeja durante los años más duros del conflicto. Sus abuelos fueron desplazados, aunque tuvieron la posibilidad de que su abuelo fuera trasladado por la empresa donde trabajaba. Ella, en cambio, creció en Cartagena en un colegio privado donde, según cuenta “nunca nos enseñaron nada, nada sobre el conflicto, nada”. Cuando después escuchó las historias de su familia, comenzó a preocuparse por aquellos niños que crecían desconociendo esa parte de la historia del país.
“Yo no quiero que más niños, especialmente los de colegios privados que viven en las ciudades, crezcan con ese desconocimiento de su país”, explica. De esa inquietud nació la intención de escribir una historia que funcionara como una puerta de entrada a un tema difícil.
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“Yo no quiero que más niños, especialmente los de colegios privados que viven en las ciudades, crezcan con ese desconocimiento de su país”
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Para hacerlo tuvo que cambiar también ciertos aspectos de su escritura. No podía contarles a los niños el conflicto de la misma forma en que se lo contaría a un adulto. Por eso decidió que los protagonistas serían animales, utilizó alegorías para representar situaciones violentas y evitó un lenguaje explícito. Incluso la historia evita utilizar directamente la palabra “muerte”.
Con el tiempo, Belo comenzó a utilizarse en colegios y llegó incluso a instituciones ubicadas en zonas rurales y a niños que habían sido víctimas del conflicto. “Se me hincha el corazón de alegría porque les ha servido para trabajar con niños víctimas”
Si Belo nació de una necesidad de hablarle a otros sobre una realidad que le era cercana, su trabajo más reciente tomó un camino diferente. Nicole comenzó a investigar para una novela de terror paranormal, “es un libro que tiene ocultismo, magia, muchas cosas culturales y religiosas”.
Pero esta vez, mientras investigaba para escribir la historia, comenzó a cambiar su propia manera de entender la religión.
“Me obligaban a ir a iglesias evangélicas, entonces me peleé con la religión y me consideraba agnóstica”, sin embargo, durante la investigación de su próxima novela, sintió que se reencontraba con Dios.
Ella misma reconoce que normalmente sucede lo contrario: el escritor pone algo de sí mismo en la historia. “Este ha sido el único caso donde ha sido al revés, creo”. Esta transformación le permitió replantear su relación con la religión, más allá de las instituciones.
Para escribir terror, Nicole no se limita a imaginar: investiga, lee, escucha podcasts, revisa artículos y se sumerge en temas que, según cuenta, podrían ser bastante fuertes. Su gusto personal por el género también le ayuda. “Yo no soy miedosa”, afirma entre risas.
Esa misma curiosidad aparece en otra de sus facetas: la creación de contenido. Nicole ha conseguido reunir una gran comunidad alrededor de temas que en principio podrían resultar alejados del contenido habitual de redes sociales: lingüística, literatura y cine.
Tener una audiencia tan grande también implica una responsabilidad. “Mi responsabilidad siempre la enfoco en el rigor investigativo, es decir, todos mis videos en la sección de comentarios o en la descripción vas a encontrar las fuentes académicas de donde yo saqué la información”, explica, esto para quienes la ven puedan verificar la información que comparte.
No quiere que sus opiniones sean presentadas como hechos científicos, así como tampoco quiere que sus seguidores crean ciegamente que una institución tiene la última palabra simplemente por ser una institución. Para Nicole, el conocimiento lingüístico debe estar respaldado por investigaciones y por el trabajo de especialistas.
“A la RAE solo hay que prestarle atención para ciertas cosas porque la Real Academia Española es una institución monárquica creada en el siglo XVII para ponerle reglas a la lengua (…) No hay ninguna razón científica objetiva por la que Latinoamérica hoy en día tenga que seguirse apegando a esas reglas”, afirma, y añade que sus recomendaciones no deben confundirse con verdades absolutas sobre el uso de la lengua.
Nicole como lingüista defienden el derecho que cada hablante tiene a expresarse de la manera que considere propia, argumentando que las discusiones sobre cómo deben hablar las personas muchas veces vienen de discusiones de poder. “La lengua es de todos los hablantes, de todas las personas”, afirma.
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“La lengua es de todos los hablantes, de todas las personas”
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Su personalidad directa también se hace evidente cuando habla de su carrera literaria. Nicole ha intentado acercarse a los grandes sellos editoriales, pero no todas las puertas se han abierto. En lugar de esperar indefinidamente por una respuesta, decidió continuar su carrera mediante la autopublicación.
“Me cierran una puerta, yo misma hago mi puerta. No me importa”, dice y la convicción se le nota en la voz. En esta frase se resume como se ha abierto camino en el mundo de la escritura. Aunque advierte que esta independencia también tiene un costo.
Autopublicar implica asumir gastos de edición, impresión, portada y diagramación, además de encargarse de procesos que una editorial normalmente asumiría. “Es un proceso que aterra por lo largo, pero también por los costoso”, reconoce Nicole, quién al principio contó con el apoyo económico de sus padres. Hoy, en cambio, ve a cada libro como un proyecto capaz de sostenerse a sí mismo.
Nicole nos enseña que al final no se trata de una carrera construida sin obstáculos. Si no que aquello que la define es su manera de responder frente a ellos. La cartagenera no espera quedarse en la memoria de quienes la conocen como un premio, seguidores o sus libros sino “como una soñadora que nunca se rinde”.