Por: Valezka Pérez y Lauren Valeth
A las cinco de la tarde llegó, con una sonrisa de oreja a oreja, aquellos rizos encantadores a un lado de su cabeza, portaba un vaquero ajustado, blusa asimétrica color blanca; tacones altísimos, sus característicos lentes de montura negra y un maquillaje perfecto que no dejaba de lado su belleza natural y propiamente costeña. Era Lucía Fernanda Yánez Vidal. O como sus seres queridos la llaman, Lu.
El encuentro ocurrió en un café bar. Afuera, ya se asomaba la tarde; adentro, el ambiente era frío y refrescante y de fondo sonaba música de jazz. Era nuestra primera entrevista con alguien de ese calibre. La emoción era imposible de esconder. Era como ver una superestrella de Hollywood —debo confesarte que anoche lloré por esta entrevista, es un sueño conocerte— (Le dije con un deje de ternura, probablemente se habría reído internamente de nosotras. Ella, en cambio, puso una sonrisa y dejó de lado la modestia) — ay, no, no, no gracias a ustedes por este lindo espacio, me siento totalmente agradecida — dijo, sin dejar de lado su sonrisa encantadora. Mientras tanto nosotras estábamos al borde de las lágrimas, de felicidad, por supuesto.
La periodista que habíamos visto tantas veces en pantalla —treinta y un años, barranquillera, egresada de la Universidad Autónoma del Caribe, hoy rostro de la regional Caribe de Noticias Caracol— estaba ahora frente a nosotras, sentada en una silla, dispuesta a tomarse una taza de Chai Latte, un té propio del sur de India compuesta por té negro y otras especias. Lucía nos comentó que no era una elección al azar, cada vez que visitaba ese café bar acostumbra a pedir siempre el mismo té. Entonces, decidió contarnos quién era cuando las cámaras dejaban de grabar y también cómo era en el estudio de televisión.
Curiosamente, la primera pregunta que le hicimos la puso nerviosa. Lucía soltó una sonrisa, hizo una expresión de interrogación y permaneció unos segundos en silencio, pensando. Sus gestos nos hicieron soltar carcajadas. La pregunta parecía sencilla, pero exigía resumir toda una vida en apenas treinta segundos.
Si hoy tuvieras que contar tu vida profesional como una noticia de 30 segundos, ¿cuál sería el titular?
¡Wow! Bueno, mi jefe de emisión me da más tiempo para escribir un titular que ustedes, pero… —bromeó y luego soltamos carcajadas que valiosamente nunca faltaron en el encuentro— si tuviera que contar mi vida profesional en 30 segundos. ¡Dios! Diría que… me lo estoy pensando. Lo estoy construyendo. Diría: “El Caribe sigue sumando voces que lo hacen visible. Una de esas voces es la de una apasionada periodista barranquillera que ha decidido hacer de la historia, la cultura y la identidad de una región, noticias todos los días.” No sé si me pasé de los 30 segundos, expresó.
No, de hecho está muy bien y ¿Sabes qué me gusta? que en ti se nota ese orgullo Caribe.
Es mi bandera, el Caribe es noticia todos los días, en cada esquina hay una historia y las historias son noticias. Es como un reto diario que no solamente yo como caribeña tengo, sino todos mis compañeros en otras regiones tienen el gran reto de levantar la mano y decir aquí hay algo que contar, aquí hay algo importante que visibilizar. Vamos a hacerlo noticia porque la agenda está marcada por muchas otras cosas que a veces nos invisibilizan, pero por eso estamos los que nos sentimos muy orgullosos de esa bandera que llevamos y en mi caso fue la del Caribe.

¿Qué ha tenido que sacrificar la mujer detrás de la periodista para llegar hasta donde está hoy?
Muchas cosas, en realidad, son un sacrificio. Dudé en algún momento de usar esa palabra, (Lucía hizo con sus manos unas comillas al aire) la pongo entre comillas porque me parece dura, pero bueno, así tú lo planteas. ¿Tuve duda de sacrificarlo alguna vez? No, nunca, nunca. Siempre estuve dispuesta a hacer todo lo que, dentro de mis principios, mi pasión y mis fuerzas, estuviera para desarrollar una carrera que siempre soñé. Pero eso supuso sacrificios de tiempo en familia, por ejemplo. Lo es todavía, desde que estaba estudiando, pero ahora mucho más ejerciendo— para un periodista parece que nunca existe del todo el botón de apagar.
Yo sé que hoy estoy de descanso, pero en años anteriores podía decir: “No, me llamaron, me tengo que ir”, en medio de una cena con amigas, o en las noches, que son de descanso. Sacrificio emocional, incluso, porque nadie te dice esto, no te lo enseñan en la universidad. Que somos periodistas 24/7, sobre todo si eres una persona que de verdad siente ese compromiso.
(Me sorprende su firmeza para hablar, su porte como periodista está explícitamente reflejado, su mirada y su porte me dicen lo profesional que es). Esta es una profesión que está siempre al servicio de la sociedad, y cuando tienes eso presente, estás conectada siempre, aunque estés de vacaciones, aunque hagas ese trabajo de depurar para no cargarte, porque es una carga emocional muy fuerte las noticias, en un país como Colombia, como el mundo, mejor dicho.
¿Cuál fue ese gran “no” en el ámbito profesional y qué aprendiste de él? Ese gran “no” en el que de pronto quisiste lograr algo pero hubo una barrera que no te lo permitió.
Me voy mucho más atrás. Recién salida del colegio, lo primero que quería estudiar era periodismo. Para entonces yo no tenía las posibilidades económicas y seguramente tampoco iba a tener el tiempo, porque empecé a trabajar desde muy temprana edad. Salí del colegio –María Poussepin– a mis quince años, empecé a estudiar enseguida y al año siguiente ya estaba trabajando. Es más, empecé a hacer noticias sin tener cédula. No me pagaban con contrato, sino en efectivo. Me llamaban a la recepción y me entregaban 250 mil pesos, que para entonces, con dieciséis años…
Era mucho.
Claro y ganaba por hacer noticias, pero ya era por hacer lo que quería. Entonces, mi primer gran no fue saber que lo primero que iba a estudiar no era periodismo.
(Contestó con firmeza, en sus palabras se sentía aquella seguridad que la Lucía de 16 años debía tener para enfrentar aquella realidad. Como no podía estudiar periodismo de inmediato, buscó una carrera afín: locución para radio y televisión, en la entonces Academia de Arte y Cultura del Caribe, adscrita a la Universidad Autónoma del Caribe).
Todos hablan de periodismo, de hablar, pero nadie habla de las responsabilidades. ¿Qué responsabilidad sientes cuando sabes que miles de personas reciben información a través de tu voz?
Es enorme, enorme. Es lo primero que todo periodista debe entender, para saber lo que tenemos en las manos. El tiempo al aire es tiempo de credibilidad: quince segundos al aire son quince segundos de credibilidad que están en juego. Y en ese momento eres tú quien está poniendo la cara por lo que el oficio ejerce: investigación, verificación de fuentes, contraste de datos. Además entender lo que estás diciendo. Con una responsabilidad muy grande, con una sociedad que está profundamente polarizada y el periodista debe entender que su trabajo no es hacer más profunda esa polarización, sino entregar herramientas que le permitan a la gente tener un criterio sobre su realidad.
(Hubo un momento en que la conversación se detuvo y hubo grandes bloques de silencio ensordecedor. Le preguntamos por uno de los episodios más difíciles que le ha tocado narrar: el fallecimiento repentino del camarógrafo Carlos Gutiérrez Cabrera, compañero del equipo de Noticias Caracol en Barranquilla. Lucía Fernanda se le hizo un nudo en la garganta. Se noto desde que su mirada se perdió en aquel cielo de las cinco, asomado en el ventanal del café).
Fue muchísimo, muy, muy difícil; mira se me aguaron los ojos. Carlitos es de esos compañeros que, ustedes lo confirmarán cuando estén trabajando: hay compañeros que son casa, que son hogar. Eso era Carlitos para nosotros. Veníamos de momentos muy duros para todo el equipo: una compañera acababa de perder a su bebé, y Carlitos, que trabajaba con ella muy de la mano, era quien nos ponía la buena cara y nos hacía sonreír hasta en medio de un velorio. Nos despertamos con la noticia de que nuestro polo a tierra, nuestra alegría, se había muerto repentinamente de un infarto. Fue muy duro. Lo conté casi llorando. Me tuve que contener mucho, pero no hubiera querido no hacerlo. Era lo que yo, en ese momento, podía hacer por expresar algo.
(Incluso eso fue noticia. El propio hecho de contenerse frente a cámaras se convirtió, sin que ella lo buscara, en noticia: “Lucía Fernanda al borde del llanto tras el fallecimiento por un compañero de trabajo”, tituló el propio canal aquel día).
Al final los compañeros de trabajo terminan siendo más familia.
Pasas más horas con tus compañeros que con tu propia familia. A veces uno llega a la casa y ya no quiere hablar; en cambio con los compañeros del trabajo se van sosteniendo entre todos. Siempre es muy duro. Ahora imagínate que sepas que no lo vas a volver a ver.
Esto es algo muy pertinente y es que fuiste invitada al Tercer Foro Internacional de Periodismo Científico, organizado por la Universidad Simón Bolívar, en el que fuiste conductora y tocaste el tema de la salud mental y comunicación en el periodismo. ¿que nos puedes contar sobre ello?
Fue un espacio valiosísimo. Barranquilla tenía, hace un par de años, muchos casos de suicidio muy seguidos, en centros comerciales, en la Universidad del Atlántico, en edificios residenciales. Teníamos en la ciudad muchos casos poco abordados o visibles hasta que se trataba del suicidio. Con otros colegas de la ciudad quisimos que Barranquilla entendiera la importancia de cubrir la salud mental no solo en las instancias del suicidio, sino de forma preventiva. Esa es, de hecho, hoy mi línea de investigación. Como no es un hueso roto, no se ve, pero sí hace daño y es muy peligroso también. Y existen los profesionales, existen las herramientas, y como todo, es un proceso que hay que atravesar. Poder hablar con toda la libertad de la salud mental es imperativo.

Científico.
(Antes de llegar a Noticias Caracol, Lucía Fernanda pasó por varias etapas de televisión regional que hoy sobreviven, dispersas, en un canal de YouTube que curiosamente ni siquiera administra ella).
Ese canal lo hicieron unos compañeros cuando yo trabajaba en Telecaribe, ni siquiera es mío —nos aclaró, entre risas, cuando le confesamos que habíamos investigado y encontrado, entre esos videos, uno donde baila, jovencísima, en un evento de Tropicana, en 2012.— Pues siempre me ha gustado bailar, fíjate. Yo he experimentado todas las cosas que me gusta hacer, me he lanzado a hacerlas y luego voy como el GPS, recalculando ruta, pero tratando de no quedarme con nada que quiera hacer.
(Aquel gusto por lanzarse fue, de algún modo, el hilo conductor para hablar de los pasos de su carrera: siendo parte de un programa musical por cable, un año en el noticiero “Las Noticias” de Telecaribe, nueve años como productora junto a Martin Tapias, Director de Caracol Radio en Barranquilla; luego Señal Colombia cubriendo la región Caribe y finalmente la llamada de la gerente de Noticias Caracol para hacer un casting).
Me preguntó si me interesaba. Le dije que sí, que me interesaba. Y ahí estoy.
(Risas)
¿Has sentido que alguna vez ser mujer ha hecho más difícil tu camino profesional?
En ese sentido, no diría que el camino profesional, sino el camino en general. Por fortuna, he tenido la suerte de encontrar gente que confiaba en mí, que me daba oportunidades genuinamente me permitían experimentar si era buena o no. Sé que no es la misma historia de otras colegas a quienes les dijeron muchas veces que no, porque prefirieron a un hombre.
(Pero hubo un episodio puntual que ella y varias colegas de la ciudad tuvieron que afrontar: el acoso de un exmilitar que, según la investigación de la Fiscalía, presentaba un cuadro de alteración psicológica y que meses después terminó matando a un hincha del equipo del Junior en Cartagena. Su cara fue de espanto, totalmente horrorizada de escuchar las últimas palabras dichas por Lauren).
Imagínate que en el edificio de Caracol, aquí en Barranquilla, tocó imprimir la cara de ese señor y ponerla en todas las oficinas. Yo no podía entrar por la entrada normal, tenía que bajar por una rampa, como si el delincuente fuera yo. Cuando viajaba a Bogotá, él se parqueaba en la puerta del canal esperándome y les decía a los guardias ¡que yo había dicho que él fuera por mí! Tuve que salir un día en la camioneta del canal, agachada. Yo no llevé la peor parte: mi colega Alejandra Murga, en Bogotá, vivió meses con esa situación, le tocó cambiar de ruta camino a su casa, recibir regalos que no pedía. Pero cualquier incomodidad para una mujer ya es demasiado.
¿Cuánto tiempo se presentó en la oficina?
Meses. Aquí en un cubrimiento, llegó y me dio la mano, ¡una locura!
Valezka y yo te admiramos a ti y Lucía Fernanda ¿a quién admira?
Yo admiro a un montón de gente. Creo que una de las formas más lindas de la gratitud es la admiración. Las admiro a ustedes, que tomaron los recursos que tenían para lograr esta entrevista. Hay mucha gente que, pudiendo hacer lo que quiere, no toma las oportunidades. Y entonces, ¿qué hace la oportunidad? Se va a donde alguien que la pueda tomar.
(Entre risas y sin dudarlo, mencionó también a Catalina Rojano, hoy su gran amiga y socia en un proyecto de podcast y radio, a quien conoció como profesora de la asignatura de Periodismo, en la universidad).
La admiré desde que era mi profesora, porque siendo muy joven impartía sus clases con excelencia y nunca me hizo sentir “yo soy la maestra y tú estás por allá abajo”. Hoy somos grandes amigas.
(Esa amistad fue, precisamente, la que la llevó este año a conducir el lanzamiento de Mujeres en flor, el libro de Joaquín Rojano de la Hoz, padre de Catalina, a quien Lucía dice sentir “parte de su familia”).
Hay un vínculo de fraternidad…
Sí, por supuesto, cien porciento.

Vimos tu participación en Titanes Caracol, nos gustaría saber ¿cómo te han impactado?, teniendo en cuenta que son historias muy fuertes.
En Titanes se aprende muchísimo. Duramos tres días en el territorio grabando el detalle de cada titán, de su entorno y de verdad que nos enseñan. El último, que todavía no ha salido al aire, es el de una mamá en La Guajira cuyo hijo, de ocho años, tiene múltiples discapacidades y se desplaza en una patineta, un skate, completamente independiente. Tiene callitos en las manos de tanto arrastrarse. Su hermanita de cinco años es como su enfermerita. Tú ves a esa gente tan adaptada a sus carencias y dices: “¿De qué me quejo yo?” Esa señora tiene hoy una fundación y trabaja no solo por su hijo, sino por todos los niños discapacitados de la comunidad. Uno se regresa cargadísimo, motivado, diciendo: “Yo lo tengo todo.” Y hay que seguir visibilizando lo que la gente está haciendo, porque ahí está el puente para conectar a alguien que tenga el presupuesto para seguir beneficiando esas iniciativas.
¿Cómo proteges tu vida personal estando en un medio tan público?
Mis redes sociales son cada vez menos frecuentes en cuanto a lo personal. Comparto lo que disfruto, un evento cultural, una clase de surf. Pero mi vida privada es mi vida privada, porque las cosas, cuando ya están ahí, vuelan en un segundo y para que ocurran muchas cosas es necesario que no todo haga parte de ese escrutinio público.
Soy supremamente consentida con mis hermanas, somos cuatro. A la menor la conocí hace muy poco tiempo, y ahora es también nuestra adoración. Mi hermana mayor atraviesa un proceso oncológico hace ya varios años, es parte de lo que no se ve y de eso hablamos ese día en el foro de salud mental: los periodistas también llevamos cada uno nuestro propio dilema en casa. Esto de mi hermana es mi gran ancla a tierra, porque a veces nos preocupamos mucho por el trabajo y hay preocupaciones que, si las comparas con lo realmente importante, no significan nada. Muchos de los días que no estoy al aire es porque estoy sentada con ella en su sesión de quimioterapia. Hemos pintado macetas, hecho manualidades, tejido, porque no quiero que ella esté pensando en ese líquido que le están pasando, ni en si llegará viva a la siguiente quimio. Es mi granito de arena para sacarla, cada vez que puedo, de eso que nos ha tocado enfrentar en familia.
¿Y tus padres?
Los adoro a los dos. Mantengo muy buena relación con ambos. Ellos están separados hace poco tiempo.
Antes de despedirnos, yo sí te quiero preguntar, ¿qué se viene para Lucía?
Con Catalina Rojano estamos trabajando en la estructura de nuestro pódcast, en consolidarlo, en vincular marcas, contenidos, invitados con mucho conocimiento. Fue un proyecto que pausamos porque ella quedó embarazada y tuvo que cuidarse mucho, así que le dije: entrégate a tu maternidad. Va a ser una combinación de contenidos entre comunicación, salud mental y análisis. Además, estoy terminando una especialización en Comunicación Estratégica y me gustaría estudiar por fuera del país. Eso lo estoy evaluando muy bien.
Cuando terminamos, Lucía Fernanda seguía ahí, hablando de nervios, de profesionalismo, de lo bien que habíamos hilado los temas y por supuesto manteniendo su belleza que grita por todos lados que es un alma orgullosamente caribeña. Finalmente, quedó flotando en el aire del café bar y en nuestras mentes esa frase suya que resume, quizás mejor que cualquier titular de treinta segundos, lo que significa ser periodista en el Caribe colombiano: “El periodista no es la noticia. Es lo que hacemos por la gente a la que llegamos, son las problemáticas por las que nos desvelamos. Eso es lo que importa a la hora de hablar de periodismo”.
2026