Por: Laura Moncayo y María Peñaloza

Los cambios son difíciles. Mucho más cuando ocupas un lugar construido por leyendas. Mauro Silveira, el arquero uruguayo de 26 años, repasa su consolidación en el arco rojiblanco, el peso de la presión y su proceso de madurez en Barranquilla.

Detrás de sus 26 años y de una presencia física imponente, en la sede deportiva del Junior de Barranquilla —en la vía a Sabanilla—se revela de inmediato un hombre amable, cercano y sereno. Esa calidez fuera del campo explica en gran medida por qué Mauro Santiago Silveira Lacuesta ha logrado ganarse un lugar en el afecto de la afición barranquillera, una plaza exigente que no suele otorgar afectos a la ligera.  

Nacido el 6 de mayo de 2000 en Montevideo, Silveira debutó a los 18 años en el club de su formación, Montevideo Wanderers, donde permaneció durante cinco temporadas forjando el carácter, la sobriedad y la lealtad que hoy definen su juego. A mediados de 2025 asumió el mayor reto de su carrera: cruzar el continente para llegar al Junior de Barranquilla, una posición históricamente custodiada por figuras de peso. En poco más de un año vistiendo la camiseta rojiblanca, el guardameta no solo ha afianzado su continuidad, sino que ya suma sus dos primeros títulos como profesional.  

Foto tomada de Instagram @mauro_silveira1

Esa misma lealtad que cultivó en sus orígenes uruguayos la trasladó a su club actual. “Para un golero, la continuidad es muy importante”, comenta al señalar la cualidad que considera determinante para que el Junior se fijara en él.  

En apariciones públicas anteriores, Silveira ha dejado claro que en Colombia no defendería los colores de ningún otro equipo. Al preguntarle en qué momento preciso fue consciente del impacto que este club y su entorno habían generado en él, responde sin dudar: “Me recibieron cuando yo apenas salía de Wanderers; acá me dieron la confianza, el apoyo… la gente me ha brindado un amor tremendo que no he sentido en otros lados”

Sin embargo, Barranquilla no es una plaza sencilla y la hinchada rojiblanca es conocida por pasar del amor al odio en noventa minutos. Cómo el décimo guardameta uruguayo bajo el arco tiburón, Silveira llegó bajo la sobra de ser el sucesor de Santiago Mele. Lo asumió como un reto y expresa que vivir con la presión del hincha comparándote constantemente, diciendo “Vos no sos Santi o Vos no sos Viera” es una carga abrumadora. Frente a esto, Mauro encontró respaldo en los mismos sujetos de comparación, Santiago Mele y Sebastián Viera (el actual director técnico del Junior), con quienes lleva una buena relación y le brindan apoyo mientras lo ayudan a entender el entorno.

La actuación del uruguayo ha dado mucho de que hablar en la hinchada: 58 partidos jugados, 17 arcos invictos y 66 goles en contra (a la fecha de la entrevista), cuando mencionamos estos datos, su cara hizo una mueca de asombro. Silveira reconoció que debe reducir los goles en proporción a los partidos jugados, reconociendo totalmente: “Uno cuando empieza en el club nunca se arranca de la mejor manera”. Es plenamente consciente de que aún le queda camino para mejorar.

Foto tomada de Instagram @mauro_silveira1

“Un barranquillero más…”

El proceso de adaptación no ha sido solo deportivo, sino cultural. Mauro ha mencionado que se siente como “Un barranquillero más”. Para él, “El barranquillero es muy pasional, muy del día a día, muy del resultado, lo ha aprendido y se lo han explicado así, si Junior gana son Junior días, si pierde toda Barranquilla está apagada”. Menciona que se prepara todos los días para que los barranquilleros tengan el “Junior días” que tanto quieren. Además, valora enormemente a la tribuna, sintiendo mucho el afecto cuando los estadios están llenos. Sosteniendo que su objetivo por lo que resta del año es ir partido a partido para volver al triunfo, convencido de que “Junior está para pelear cosas grandes e ir siempre por todo”.

No obstante, esa misma pasión no siempre se ha reflejado de la mejor manera en el campo. En lo que va de 2026 acumula un total de 7 tarjetas amarillas, una cifra inusual para su posición, donde un arquero promedio suele recibir entre 2 y 3 amonestaciones anuales debido al menor roce físico con los demás jugadores. Mauro reconoce que es una persona temperamental y que solía enojarse con facilidad; por ello, tomó la decisión de trabajar junto a un coach deportivo que lo guía en el manejo de picos de estrés, diseñando palabras clave para autoestabilizarse en pleno partido y apoyándose constantemente en sus compañeros de equipo.

Para Silveira, la parte más compleja de su profesión es separarla de su vida personal. Cuando se gana, la experiencia se convierte en una euforia total, mientras que el perder se convierte en una carga emocional. “Cuando perdés o no se da el resultado esperado que precisas… a veces nosotros los jugadores llegamos muy frustrados”. En un terreno tradicionalmente hostil y reservado como el fútbol masculino, hablar abiertamente de la salud mental y admitir el acompañamiento de un profesional no es común. Que lo exprese con tanta confianza lo define como un ser humano transparente y que genuinamente desea evolucionar.

Futuro profesional

Al preguntarle sobre su futuro, Mauro traza con claridad la ruta que cree que le falta recorrer. Sus metas a largo plazo combinan el compromiso inmediato con la ambición internacional: transmitir solvencia absoluta al club y a sus compañeros, ganarse un lugar en la selección uruguaya, experimentar la Liga Brasileña y alcanzar el sueño máximo de jugar en Europa, específicamente en el Real Madrid. Pero mientras habita el presente en Barranquilla, su mayor deseo es que la gente lo recuerde como un arquero que siempre dio lo mejor de sí, alguien que defenderá los colores de la camiseta como si fuera lo último en su vida y como si la institución fuese su propia familia. Por ello, el décimo arquero uruguayo concluye dejando una invitación abierta a la hinchada para que sigan apoyando al grupo aun cuando los resultados se tornen indecisos. “Aunque a veces los resultados no se nos dan nosotros siempre buscamos la felicidad de ustedes” y les pide que sigan creyendo en ellos.

Foto por Laura Moncayo

Fragmento de la entrevista.

Editora El Punto Género

lmoncayo@uninorte.edu.co

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