Por: Arytsha Aholibama

El ministro de Seguridad Nacional Israelí, Itamar Ben Gvir, por medio de un video anunció que se estan construyendo instalaciones destinadas para ejecutar mediante la horca a palestinos condenados a muerte. En el video se observa parte de la construcción y Gvir aseguró que el lugar contará con  “cabinas de observación” para que familiares de las victimas pueden  presenciar los ahorcamientos.

Este proyecto surge luego de que la Knéset aprobara una ley en marzo, que establece la pena de muerte por ahorcamiento para determinados palestinos condenados por delitos considerados “terroristas”.

Esta se trata de la primera vez que Israel habilita este tipo de infraestructura, convirtiéndose en una medida radical que solo se había aplicado para ejecutar al oficial nazi Adolf Eichmann en 1962.

Itamar Ben Gvir, ministro de Seguridad. Fuente: Reuters.

Todo esto es anunciado luego de que el mismo Itamar Ben Gvir en una entrevista afirmara que es necesario asesinar cada noche a 30 o 40 palestinos. “Ni siquiera son personas, declaró antes de hablar de lo feliz que le hace ver a los prisioneros palestinos sufriendo.

Deténganse un momento a pensar en eso. Treinta o cuarenta niños, padres, madres, abuelos. No estamos hablando solo de una cifra, estamos hablando de vidas inocentes.

Es inevitable no pensar en Adolf Hitler y el régimen Nazi. Ellos definían a los judios como una “raza inferior y peligrosa”, por eso los exterminaron en campos de concentración. Pero ahora, son algunos de los descendientes de aquellos que sobrevivieron al exterminio Nazi, los que están deshumanizando y asesinando a otra etnia, la cual catalogan también de “inferior”.

El cazado se convierte en el cazador

Para que entiendan un poco la magnitud de este asunto, les presento cifras: Según una comisión de la ONU, más de 20.000 niños palestinos murieron y más de 44.000 resultaron heridos entre octubre de 2023 y octubre de 2025. En 2025, los israelíes anunciaron un alto al fuego, y desde ese día han muerto 300 niños solo en Gaza. Otros cientos de ellos han resultado heridos. Además, los niños se enfrentan a la desnutrición aguda, enfermedades, agua no segura y sistemas de saneamiento dañado, todo esto debido a la destrucción de hospitales, escuelas y el bloqueamiento a ayudas y recursos.

Y las muertes siguen. Más de 38,000 mujeres y niñas fueron asesinadas en Gaza entre octubre de 2023 y diciembre de 2025. Las muertes siguieron ocurriendo incluso después del alto al fuego. Por lo menos, 11 mil mujeres y niñas sufrieron lesiones que les ocasionaron discapacidades de por vida.

En julio de este año, fue asesinado el futbolista Fadi Nassan de 17 años, un jugador del club local Al Mughayyir y de la selección palestina sub-17. En ese mismo mes, fue asesinado el portero palestino Saleem Al-Ashqar  por el ejército israelí en la ciudad de Al-Qarara. Al-Ashqar iba a ser padre por primera vez, y fue disparado en el pecho cuando recargaba un cilindro de gas. Desde octubre del 2023, han sido asesinados 568 futbolistas, según la federación palestina.

Fair Nassan, futbolista asesinado. Fuente: Rtve Noticias.

Israel ha arrasado barrios residenciales, destruido infraestructuras críticas y desplazado forzosamente a 1,9 millones de palestinos, más del 90% de la población de la Franja de Gaza. En 2021, la ONU reconoce a 5,6 millones de refugiados palestinos.

Hay que entender algo importante, esta guerra no empezó en 2023 con el ataque por Hamás, que desecadenaria el genocidio en Gaza.

Historia del conflicto

En 1948, luego de la segunda guerra mundial diera por finalizada, se viva en Europa un creciente antisemitismo. Asi fue como surgió el movimiento sionista, que defendía el establecimiento de una patria para el pueblo judío en Palestina, territorio controlado en ese momento por el Imperio otomano. Muchos judíos europeos emigraron allí desde ese momento.

Luego, las Naciones Unidas aprobaron el mandato británico de Palestina en dos Estados: uno judío y otro árabe. En ese momento, los judíos solo poseían el 7 % de las tierras de Palestina. Los judíos aceptaron el plan de partición, mientras que los árabes lo rechazaron. Fue una decisión que nunca se le consultó a los palestinos, simplemente se decidió quitarles una parte de su territorio, debido a esto, estalló  una guerra civil, que desencadenó la expulsión masiva de los árabes.

Al final, Israel se negó a aceptar el retorno de los más de 700 000 refugiados palestinos, que han vivido desde entonces en campamentos de refugiados y ciudades de LíbanoSiriaJordania, la Franja de Gaza y Cisjordania, entre otros lugares.

Actualmente, la guerra está en su pico máximo. Hasta la fecha han muerto más de 73 mil palestinos e Israel ahora controla aproximadamente el 77% del territorio que alguna vez le perteneció a Gaza.

¿Realidad o distopia?

En Los juegos del hambre, de Suzanne Collins, la muerte se convierte en espectáculo. Los poderosos convierten el sufrimiento de otros en entretenimiento, mientras una sociedad observa, consume y normaliza la violencia. Algo muy parecido estamos presenciando actualmente en Palestina; Niños que crecen entre escombros, hambre y guerra, adolescentes que ya normalizaron la violencia y poderosos que disfrutan ver sufrir a los más vulnerables.

En 1984, George Orwell mostró cómo un Estado puede manipular la realidad hasta conseguir que la violencia parezca necesaria. En este caso, Israel justifica los crímenes de guerra y violaciones a derechos humanos con la frase: “Somos el pueblo de Dios” o “Hace siglos se nos prometió esta tierra”.

Y en El cuento de la criada, Margaret Atwood mostró cómo el poder puede utilizar la religión, el cuerpo y la violencia para justificar la dominación. Muchos cristianos alrededor del mundo han creído este discurso y apoyan por completo el genocidio al pueblo palestino, simplemente porque la biblia se dice que Israel es el pueblo de Dios. No me dejo de preguntar: ¿si los israelíes llegarán a su país y les declararán la guerra, lo aceptarían con alegría y sumisión solo porque es la voluntad de su Dios?

El genocidio al pueblo palestino

La palabra “genocidio” no debería utilizarse a la ligera. Es un término jurídico con una definición específica y la Corte Internacional de Justicia todavía no ha emitido una sentencia definitiva sobre si Israel ha cometido genocidio.

Pero tampoco podemos ignorar que el máximo tribunal de Naciones Unidas, dentro del caso presentado por Sudáfrica, ordenó a Israel adoptar medidas para prevenir actos contemplados en la Convención contra el Genocidio, entre ellos matar miembros del grupo palestino, causarles daños graves e imponerles condiciones de vida que puedan provocar su destrucción física, total o parcial.

Aunque, si bien es cierto que una comisión de investigación independiente de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha afirmado en sus informes que Israel ha cometido actos de genocidio en la Franja de Gaza. Además, muchos países han declarado su apoyo al pueblo palestino y reconocen el genocidio contra el pueblo palestino.

Sin embargo, la muerte continúa. Y parece ser que no se detendrá hasta que exterminen a todos los palestinos.

Es importante entender que reconocer el derecho del pueblo judío a vivir con seguridad no significa negar el derecho del pueblo palestino a existir. Condenar los ataques de Hamás contra civiles israelíes no significa justificar la muerte de civiles palestinos. Y criticar las políticas del Gobierno israelí no significa culpar a los judíos como pueblo.

De hecho, es precisamente lo contrario. Porque utilizar el sufrimiento histórico del pueblo judío para justificar el sufrimiento de otro pueblo sería convertir una tragedia en una excusa.

El Holocausto debería habernos enseñado que la deshumanización comienza mucho antes de las cámaras de gas. Comienza cuando una sociedad decide que existen seres humanos que valen menos que otros. Lo vivimos también en la época de la conquista, cuando los europeos colonizaron América: mataron a inocentes, violaron mujeres y niños, adoctrinaron y acabaron con años de historia y conocimiento de los pueblos indígenas.

Ojo, no podemos caer en la trampa de decir que “todos los judios son malos”. Eso sería injusto y peligroso porque el Gobierno de Israel no representa a todos los judíos, ni todos los israelíes apoyan sus políticas. Hay israelíes, judíos y organizaciones judías que también han denunciado la violencia contra los palestinos. Ahí radica la diferencia entre los términos “antisemita” y “antisionista”.

Drante décadas, sectores del nacionalismo religioso israelí han utilizado referencias bíblicas para sostener la idea de una tierra prometida y de un pueblo elegido.

Pero si Dios realmente es utilizado como argumento para justificar la muerte de otros seres humanos, entonces habría que preguntarse: ¿qué clase de Dios necesita que sus supuestos elegidos maten a quienes considera diferentes?

La Biblia habla del pueblo de Israel como un pueblo elegido. Pero incluso dentro de la tradición bíblica, ser elegido no significa recibir una licencia para cometer cualquier atrocidad. La elección, en todo caso, implica responsabilidad.

Y quizá por eso resulte tan poderosa una frase que Gustavo Petro ha utilizado al referirse al conflicto:

“No hay pueblo elegido de Dios. No lo es ni Estados Unidos ni Israel. Ignorantes fundamentalistas de extrema derecha piensan así. El pueblo elegido de Dios es la humanidad toda.”

Ningún pasaporte, ninguna bandera, ninguna religión y ninguna interpretación de un texto sagrado convierte la vida de una persona en menos valiosa.

Hoy son palestinos. Mañana puede ser cualquier otro grupo convertido en enemigo. Y por eso las imágenes de esas cabinas de observación deberían estremecernos.

Gvir mostrando la construcción de las cabinas. Fuente: El Litoral.

Porque esto ya no es una escena de Los juegos del hambre. Estamos viendo cómo la realidad empieza a parecerse peligrosamente a una distopía. Una distopía donde unos tienen el poder de decidir quién vive y quién muere. Donde la muerte puede convertirse en espectáculo.

Y ninguna religión debería necesitar cadáveres para demostrar que Dios está de su lado. Si existe un pueblo elegido, quizá no sea Israel. Ni Estados Unidos. Ni Palestina. Quizá sea, simplemente, la humanidad.

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