Por: Gabriela Romero y Maine Mallarino
“¿Quién aquí ha visto la película?”
Son las 4 de la tarde, y en el Salón Juan Manuel Ruiseco hay 124 pares de ojos fijos en el escenario. Se levanta una mano tímida, después se le unen otras dos. Silencio absoluto. Y es que una película muda, en blanco y negro y con una trama densa no es muy atractiva para las audiencias modernas.
“Pues para eso estamos aquí. Para que ustedes quieran verla”, dice la profesora María Alejandra Arias, que comparte el escenario con Sergio Álvarez y Francisco Guerra. Detrás de ellos, el póster de Metrópolis.
Un conversatorio para desglosar la película, para entender su estructura, su historia y su relevancia. Pero antes había que responder una pregunta:
¿Por qué hablar de Metrópolis?
El profesor Álvarez menciona, en un punto del conversatorio, que un clásico es tal porque, no importa cuántos años pasen, nos habla y se resignifica. Lo que fue relevante para la gente de un tiempo sigue siéndolo hoy. Y así, todos nos reunimos para hablar de Metrópolis casi 100 años después.
Metrópolis es una película alemana de 1927 dirigida por Fritz Lang, director austriaco. Considerada Memoria del Mundo por la Unesco y una de las películas insignia del expresionismo alemán, esta historia de ciencia ficción y distopía ha influido de gran manera en mucho del arte posterior.
Durante la Segunda Guerra Mundial, los negativos originales de la película fueron quemados por los nazis. En 2010, se proyectó en Alemania su reconstrucción a través de una copia encontrada en Argentina. Aun así, cuando vemos la película, encontramos personajes y preocupaciones tan modernas que son reconocibles a través de un siglo de separación.
Desde el conversatorio, se enfoca la película desde tres puntos diferentes: su lenguaje cinematográfico, su papel como ciencia ficción y su arquitectura.
¿Cómo surge una película como Metrópolis?
Francisco Guerra nos cuenta que la sociedad alemana de entreguerras veía la industrialización a partes iguales con temor y entusiasmo. El futuro se acercaba de una forma casi violenta, sin importar lo que se llevaba por delante, y las personas veían avances más increíbles y más rápidos de los que se habían visto nunca antes.
La profesora María Alejandra Arias conecta esto con la tradición de ciencia ficción que ya existía: el siglo XIX había dejado Frankenstein, La guerra de los mundos y la obra de Julio Verne. Metrópolis se levanta sobre hombros de gigantes para continuar alimentando el universo de la ciencia ficción.
Este género, sus implicaciones y sus límites aparecerán una y otra vez en el conversatorio. La ciencia ficción como un género sobre el progreso tecnológico, pero también como una crítica al mismo. La película toma esto y lo lleva a su extremo. Y es entonces que nos acercamos al corazón de Metrópolis: ¿es diferente la tecnología avanzada a la magia?
El profesor Álvarez nos habla de la película y su estructura semejante a la de una ópera. Metrópolis tiene un ritmo que inicia lento en su Preludio, se acelera en su Intermezzo y termina de forma turbulenta en su Furioso. Fue una gran sorpresa para los espectadores de su época y aún tiene cosas interesantes que contarnos.
El profesor Francisco Guerra hace su aporte al mencionar la frase a la que volveremos una y otra vez en el conversatorio:
“El corazón debe ser el mediador entre la cabeza y las manos.”
La película ocurre en una sociedad distópica donde el hijo del mandamás déspota se enamora de una mujer llamada María y desciende para ver las condiciones en que viven los obreros bajo la tierra. Es en este escenario donde la arquitectura se convierte en el motor de la historia, más que solo un elemento decorativo.

Metrópolis y Arquitectura
El profesor Guerra introduce y desarrolla el papel de la arquitectura en Metrópolis como un personaje más. La arquitectura configura “estados mentales y emocionales”. En la película veremos los jardines superiores, en donde habita el protagonista al inicio: un ambiente hedonista de luz y libertad que se contrapone cruelmente con el espacio subterráneo donde habitan los trabajadores.
Es una arquitectura que coreografía el movimiento, porque moverse a través de ella mueve la historia. Recorrer la ciudad nos permite conocerla y leerla. Es una arquitectura que limita, que nos deja ver y experimentar la desigualdad.
Metrópolis se inspira al tiempo en el futurismo italiano: el movimiento de industrialización violenta que se toma el desarrollo, y en el arte gótico. Y el profesor Guerra nos dice que permite que el pueblo se vea como pueblo. Cita a Heidegger: “No hay Dios sin templo”.
Es entonces que vemos el primer fragmento de la película: “La visión de Moloch”.
Y aparece una de las ideas que atraviesa toda la conversación:
“La máquina era tan inexplicable como los dioses y los mitos.”
Metrópolis y el capitalismo

En la Alemania de entreguerras había una crisis de fe que llevó a la población hacia el ocultismo, el esoterismo y la teosofía.
Es esta era de misticismo y tecnología la que da a luz a Metrópolis. La profesora María Alejandra Arias nos explica que la imparable máquina se convierte, en la historia, en un dios de la mitología cananea: Moloch. La fábrica es un altar pagano que requiere humanos como sacrificio.
Para la profesora, en la historia, “el capitalismo se ve menos como progreso y más como una religión oscura que necesita sacrificios humanos constantes”. Freder, el protagonista, se ve enfrentado a esta realidad y se pregunta cómo ayudar a los de abajo y cómo hacer ver a los de arriba lo que ocurre.
Es entonces que entendemos la frase: las manos son los obreros y la cabeza es la clase dominante. Pero, ¿quién podría ser el corazón, profetizado en la película?
¿Quién traerá la era de igualdad en donde los hombres vivan como hermanos? En el universo de la película, el progreso empieza a parecerse a algo mucho más antiguo.
Metrópolis y efectos especiales

Pero, ¿cómo logra Metrópolis, una película de 1927, contar esta historia visualmente impresionante? El profesor Sergio Álvarez nos lleva detrás de la pantalla para explicarlo.
En el periodo de entreguerras, el cine era aún un arte joven, pero había ya entonces quienes pensaban que todo estaba inventado. Metrópolis llegó para probarles que se equivocaban, y mucho.
“En el cine, hay tres cosas complicadas: grabar niños, multitudes y usar efectos especiales. Metrópolis las hace todas.”
Entre bobinas de Tesla, aros de neón y luces de arco que quemaban el cabello de los actores, Fritz Lang usó las técnicas ya conocidas de efectos especiales y las llevó a su máximo. Miniaturas de un metro que parecen llenar el set, trucos de magia transformados en técnicas de cámara y más de 620.000 metros de película fueron necesarios para crear la película de dos horas que podemos ver en nuestros días.
Una mezcla de efectos prácticos y técnicas de animación, además de un trabajo de edición impresionante, hace que una película grabada en una época cuando las cámaras se operaban con manivela siga siendo interesante e impresionante. Entre el público, el consenso era el mismo: la mayoría no tenía idea de cómo recrear las escenas, aun con la tecnología de hoy.
Pero Fritz Lang no hizo Metrópolis solo.
El papel de la mujer en Metrópolis

El guion de Metrópolis fue escrito a cuatro manos: las de Fritz Lang y las de Thea von Harbou. Ella, además, había escrito la novela en la que se basa la película. Sin embargo, aunque la historia parte del mismo lugar, la película termina siendo una experiencia mucho más estética que la novela, algo que se nota en la importancia que tienen las imágenes, la arquitectura y los personajes.
Fritz Lang y Thea von Harbou se divorciaron y él huyó del régimen nazi a Estados Unidos, mientras que ella se convirtió en defensora del mismo. Pero es quizás por su participación que podemos hablar de que en Metrópolis las mujeres son protagonistas.
La profesora María Alejandra Arias explica que los personajes de Metrópolis pueden entenderse como modelos que nos permiten reconocer rápidamente quiénes son y qué representan. La madre, el hombre sabio, el salvador. No necesariamente porque las personas actúen siempre así, sino porque los arquetipos hacen que entendamos sus acciones dentro de la historia.
Y esto es especialmente importante para las mujeres de Metrópolis.
María aparece como una figura de salvación y también como una figura maternal. Su primera aparición está rodeada de niños obreros, a quienes les dice que todos son hermanos y merecen lo mismo. Es ella quien anuncia la llegada del corazón, y es por ella que Freder comienza a cuestionar el mundo en el que vive y decide bajar a conocer las condiciones de los trabajadores.
Pero María también tiene una doble.
La falsa María es el robot que toma su rostro y que será utilizado para sabotear la rebelión. Y aquí las fronteras entre ciencia y magia vuelven a confundirse. El robot humanoide no es presentado simplemente como una máquina: es una especie de humano-máquina que parece haber salido tanto de un laboratorio como de un ritual. Aparece el arquetipo del Científico Loco, que los espectadores reconocerán en Volver al futuro o incluso El laboratorio de Dexter.
La mujer se convierte así en el centro de muchas de las imágenes de la película, y en Metrópolis la ciencia y la magia parecen estar mucho más cerca de lo que esperaríamos.
El profesor Álvarez también explica que el concepto de robot todavía no existía como lo entendemos hoy. En la película se habla de un “humano-máquina”.
Metrópolis y la ciencia ficción
La pregunta vuelve una y otra vez durante el conversatorio: ¿qué hace que una película sea ciencia ficción?
Para María Alejandra Arias, Metrópolis es particular porque la ciencia ficción aparece ligada a la magia. La película ocurre en el futuro, pero muchas de sus imágenes parecen venir del pasado. El pentagrama, por ejemplo, aparece primero relacionado con el Hombre de Vitruvio y el equilibrio entre lo natural y lo humano, pero después se convierte en un símbolo relacionado con el demonio.
Es una película sobre tecnología, pero también sobre el miedo que produce la tecnología.
Y quizás por eso muchas de sus imágenes siguen siendo reconocibles. Los cyborgs, las videollamadas, la dependencia de la tecnología, la decadencia del entretenimiento mientras otros viven en el sacrificio. Metrópolis imagina un futuro que, aunque no se parece exactamente al nuestro, sí tiene preocupaciones que reconocemos.
La Torre de Babel funciona también como una metáfora de la guerra. Todos pueden hablar el mismo idioma y aun así no entenderse. La arquitectura separa, divide y organiza a las personas según el lugar que ocupan.
Casi cien años después, esa idea no parece tan lejana. Por eso Metrópolis ha aparecido una y otra vez en otras obras, desde Superman y sus ciudades futuristas hasta el video de “Radio Ga Ga”, de Queen, que utiliza imágenes inspiradas directamente en la película. Y quizá esa sea una de las razones por las que vale la pena verla.
Al final del conversatorio, entre preguntas sobre Fritz Lang, Thea von Harbou, la ciencia ficción y las películas que vinieron después, aparece incluso Star Wars.
¿Es ciencia ficción?
Para María Alejandra Arias, no exactamente. Es una ópera espacial, un western espacial. La ciencia ficción, en cambio, tiene que cuestionar la tecnología.
Y Metrópolis lleva casi cien años haciendo justamente eso.
Una película muda, en blanco y negro, que todavía encuentra la manera de hacernos preguntarnos cuándo aparecerá el corazón.