Por: Maria Lugo y Maria Núñez
Entre pasos de tres tiempos y alguna que otra pisada, el salón vienés abrió sus puertas a quienes quisieron aprender a bailar el vals austriaco en la experiencia llamada “A bailar el vals”.
La actividad se realizó el miércoles 30 de septiembre, de 4 a 5 p. m., en el Edificio José Tcherassi. Fue un espacio abierto, pensado para que cualquier persona pudiera participar, sin requisitos ni experiencia previa. Profesores especializados guiaron a los asistentes paso a paso desde lo más básico: cómo ubicar la postura, cómo seguir el compás de tres tiempos y cómo coordinar el giro que caracteriza este baile tradicional, nacido en los salones de Viena. Con paciencia y mucha práctica, repitieron los movimientos las veces que fue necesario, corrigiendo detalles y animando a cada pareja a soltarse. Un par de bailarines hicieron la demostración y mostraron cómo se ve el vals cuando se domina: fluido, elegante y en perfecta sincronía con la música.

La respuesta del público fue una de las notas más destacadas de la jornada. Estudiantes y visitantes se animaron a salir a la pista, entre risas y aplausos, y muchos pasaron de observar a bailar en pocos minutos. Lo que comenzó con algo de timidez terminó en la plaza llena de movimiento, donde los errores eran motivo de risa y cada avance se celebraba. El rector, Adolfo Meisel, también estuvo presente y acompañó la actividad, lo que reforzó el ambiente de cercanía y participación de toda la comunidad.
Más que una clase de baile, la experiencia fue una forma de acercarse a la cultura austriaca desde el movimiento, y dejó claro que para aprender a bailar el vals solo hace falta atreverse a dar el primer paso.