Por: Valerie Caballero y Valentina Villa
Durante casi dos décadas, Barranquilla ha convertido la educación pública en una de las piezas centrales de su proyecto de ciudad. El proceso comenzó con una premisa básica: garantizar que los niños tuvieran colegios dignos, alimentación y transporte. De esta manera, poco a poco se buscó mejorar lo que ocurría dentro de esas aulas. Ahora, bajo la tercera administración de Alejandro Char, la apuesta intenta dar un nuevo salto: que el aprendizaje se convierta en acceso a la universidad, dominio de otros idiomas, capacidades tecnológicas y, finalmente, oportunidades laborales.
En 2024, la Alcaldía reportó una inversión de $1.14 billones en educación pública, destinada a programas de calidad, innovación, educación superior y formación para la vida. Ese año, más de 127.000 estudiantes recibieron alimentación escolar y más de 9.300 tuvieron acceso al transporte escolar.
El tamaño de esta inversión ayuda a entender por qué el modelo barranquillero resulta distinto al de otras ciudades. La administración Char no ha planteado la educación pública como un servicio mínimo para los sectores de menores ingresos, sino como uno de los instrumentos principales de transformación urbana.
Paola Amar Sepúlveda, secretaria distrital de Educación, ubica el comienzo de ese proceso en 2007, antes del primer gobierno de Char. “No había colegios con infraestructuras mínimamente dignas para nuestros estudiantes”, recuerda. Según su relato, la brecha entre la educación pública y privada era entonces mucho mayor.
A partir de 2008, la prioridad fue construir y recuperar colegios. Pero rápidamente la administración descubrió que un edificio nuevo no garantizaba mejores aprendizajes.
“Los niños estaban tristes o no aprendían”, cuenta Amar al explicar por qué la política educativa comenzó a incorporar alimentación escolar y estrategias de permanencia. La frase que resume aquella etapa es contundente: “la educación empezaba en el estómago”.
Ese fue el primer capítulo de la transformación o lo que ella llama primera generación de políticas: lograr que los niños estuvieran dentro del sistema. El segundo fue intentar que aprendieran mejor.
De la infraestructura a los resultados
La política educativa distrital empezó entonces a concentrarse en docentes, lectura, jornada única y cierre de brechas. Barranquilla formó a miles de profesores y puso el aprendizaje de la lectura como una de sus prioridades desde los primeros años.
Los resultados más recientes muestran avances importantes. En 2025, los colegios oficiales de la ciudad alcanzaron un promedio de 263 puntos en las Pruebas Saber 11, el mejor resultado histórico de las instituciones públicas distritales. Además, 16 colegios oficiales llegaron a la categoría A+, la cifra más alta entre las ciudades del país. Sin embargo, esto no significa que la brecha con el sector privado haya desaparecido.
En las pruebas de 2023, por ejemplo, los colegios privados de Barranquilla registraron un promedio global de 282 puntos, mientras que los oficiales estuvieron por debajo de esa cifra. La diferencia importa porque durante años la educación privada fue el referente frente al cual se medía la calidad del sistema público.
La evolución reciente permite afirmar que los colegios oficiales están cerrando parte de esa distancia, pero no que la brecha haya desparecido. Una de las características más particulares del modelo barranquillero: el Distrito ha preferido fortalecer directamente su red pública en lugar de depender ampliamente de operadores privados.
Según Amar, el 96% de la matrícula oficial de Barranquilla se atiende directamente mediante colegios públicos y solamente alrededor del 4% corresponde a matrícula contratada. Existen convenios con instituciones privadas en sectores donde la oferta pública es insuficiente, pero la contratación no constituye el centro del modelo.
El verdadero salto: inglés, tecnología y universidad
Barranquilla ya no enfrenta solamente el problema de tener suficientes aulas. La discusión es qué competencias necesita un estudiante para desenvolverse en una economía que cambia con rapidez.
Uno de los experimentos más ambiciosos es el bilingüismo, impulsado por el programa “Barranquilla es Bilingüe”. Los 156 colegios públicos de la ciudad tienen actualmente una política de enseñanza del inglés, según la Secretaría. La administración asegura que cerca de 83.000 estudiantes participan diariamente en los programas y que unos 3.600 docentes han recibido formación.
Amar plantea que el nivel de inglés en colegios oficiales de Barranquilla puede subir en los próximos años. Según indicadores publicados por Alcaldía de Barranquilla basados en los medidores publicados por la ICFES, el puntaje de inglés subió de 2023 a 2024 un 0.5%.
La secretaria plantea que, de mantenerse este dato en el tiempo, sería uno de los resultados más importantes de esta política: el aumento del nivel de inglés en los colegios oficiales
Para Amar, el inglés no es simplemente una asignatura. Es una herramienta de movilidad social. Lo dice desde su propia experiencia: estudió con becas y sostiene que su dominio del inglés fue determinante para conseguir empleos y oportunidades académicas internacionales. “Yo tuve el superpoder de manejar un segundo idioma”, afirmó.
El otro gran experimento es la tecnología. El Distrito está incorporando la inteligencia artificial, analítica de datos, ciberseguridad y pensamiento computacional en la formación de estudiantes de secundaria. En 2025, el programa +Educación +Innovación contó con una inversión de $6.428 millones: $4.500 millones provenientes del Distrito y el resto de los aliados estratégicos. El programa llegó a 28 instituciones educativas y buscó formar a más de 8.000 estudiantes.
La universidad llega al barrio
Según las cifras entregadas por Amar, Barranquilla tiene una tasa de tránsito inmediato de la educación media a la superior de 58,62%, frente a 49,8% en el promedio nacional. La administración asegura que el indicador ha aumentado ocho puntos durante el actual gobierno distrital.
La estrategia consiste en reducir una barrera que muchas veces queda fuera de las estadísticas: estudiar también cuesta tiempo y transporte. Por eso, la ciudad comenzó a llevar programas universitarios a los barrios y a utilizar colegios en horarios de la tarde como espacios de educación superior.
Sin embargo, el verdadero punto de inflexión de la política educativa barranquillera tiene que ver con las oportunidades, “ya la pregunta no es cuántos jóvenes se gradúan del colegio, sino cuántas personas que se gradúan se conectan con la oportunidad”, dice Amar.
El problema que las cifras no resuelven
La historia, sin embargo, no puede centrarse únicamente desde los indicadores de Saber 11 o el número de colegios A+.
La matrícula oficial de Barranquilla pasó de 195.810 estudiantes en 2024 a 181.548 en 2025, una caída significativa. Esto no significa automáticamente que la educación pública está perdiendo calidad: la reducción puede estar relacionada con dinámicas demográficas y cambios en la población escolar. Pero sí obliga a preguntarse por qué una ciudad que ha invertido tanto en infraestructura y calidad tiene cada vez menos estudiantes matriculados en sus colegios oficiales.
La propia Secretaría reconoce dificultades de inclusión en los primeros grados, particularmente en transición, primero y segundo. El diagnóstico tardío de algunas necesidades educativas puede llevar a la reprobación, generar extra-edad y aumentar posteriormente el riesgo de deserción.
La pandemia todavía aparece en esa ecuación. Amar sostiene que Barranquilla continúa enfrentando consecuencias de los años de interrupción educativa y que los grupos de extra-edad requieren estrategias especificas nivelación, acompañamiento psicosocial y construcción de proyectos de vida.
En 2024, la administración distrital empezó a fortalecer una estrategia intersectorial después de identificar un aumento de conductas suicidas entre jóvenes. La Secretaría reconoce que el problema no puede ser resulto únicamente desde las escuelas y que requiere coordinación con salud, cultura y otros sectores.
En los colegios, esta respuesta también se ve reflejada en programas de acompañamiento psicosocial y fortalecimiento de habilidades socioemocionales. Leidy Lizeth H. Chajin, psicóloga escolar de la Institución Distrital Las Gardenias, explica que la institución ha contado con el apoyo de psicólogos externos vinculados a programas de la Secretaría de Educación para trabajar en prevención del embarazo adolescente, prevención del reclutamiento forzado y de conductas de riesgo. Además del fortalecimiento de habilidades como la empatía, la resiliencia y la comunicación asertiva.
Este acompañamiento no se limita únicamente a los estudiantes. El bienestar de quienes sostienen diariamente el proceso educativo también forma parte del desafío. Los docentes enfrentan cargas laborales, demandas emocionales y situaciones complejas dentro de las aulas que pueden afectar su bienestar, por lo que cualquier política de salud mental en el sistema educativo requiere considerar también sus condiciones de trabajo y los mecanismos de apoyo disponibles para ellos.
La conclusión es incómoda pero necesaria: un sistema educativo puede mejorar en las pruebas y, al mismo tiempo, tener estudiantes que enfrentan problemas de salud mental, dificultades de inclusión, extra-edad o riesgo de abandonar las aulas.
¿Qué pasará con el nuevo modelo nacional?
El nuevo gobierno de Abelardo De La Espriella ha planteado una política educativa que busca fortalecer la articulación entre educación y mercado laboral, ampliar la educación dual y utilizar alianzas con empresas y privados en diferentes componentes del sistema.
Eso podría abrir un debate importante en Barranquilla, precisamente porque la ciudad ha construido su propio modelo alrededor del fortalecimiento de la educación pública.
La discusión no debería quedar reducida únicamente a la pregunta ideológica sobre si los privados son buenos o malos administradores. El caso de Barranquilla demuestra que el sector privado ya participa en el ecosistema educativo a través de alianzas, becas, formación tecnológica y convenios.
Barranquilla, no está comenzando desde cero, ya cuenta con una infraestructura pública considerables y un modelo relativamente consolidado. Por ejemplo, en 2025, el Distrito entregó la renovación de la IED Mayor de Barranquilla con una inversión superior a $7.500 millones. Y en educación tecnológica ha construido programas con financiación mixta entre el Distrito y aliados privados.
Después de casi veinte años de política educativa bajo el sello de las administraciones Char, hay más infraestructura, mejores indicadores académicos, más colegios oficiales en las categorías superiores de Saber 11, política de bilingüismo, mayor apuesta por la tecnológica y mayor tránsito a la educación superior.
Pero la siguiente etapa es mucho más difícil de medir. Amar reconocer que la ciudad todavía no tiene un indicador capaz de seguir el avance de un estudiante más allá de su etapa de formación.
“Cómo conectamos el talento con la oportunidad”, dice, es el próximo desafío. En esta frase se resume en momento educativo en el que se encuentra Barranquilla actualmente.