Fotografía portada: Arytsha Aholibama.
Escrito por: Emily Soto Lizarazo.
Este domingo 15 de febrero se llevó a cabo la Gran Parada de Tradición a lo largo de la Vía 40. Como cada año, el desfile resaltó las 13 Danzas Patrimoniales del Carnaval de Barranquilla, ya que muchas de estas llegaron como manifestaciones culturales de otras zonas del caribe para visibilizar y enaltecer un legado histórico y más vivo que nunca.
El desfile comenzó alrededor de las 11:30 de la mañana, con una hora de retraso según la programación. Las principales danzas que abrieron el segundo día del Carnaval fueron el paloteo, la cumbia y las farotas de Talaigua.

El paloteo que conocemos, que expresa La Guerra por medio de los golpes rítmicos de los palos de guayacán y que tiene diversas expresiones a lo largo del mundo, apareció en zonas como Gaira (Magdalena) y Magangué (Bolívar), y luego llegaron al Carnaval de Barranquilla de la mano de Rufino Orozco o de Ángel Custodio Pedroza, dependiendo de a quien se le pregunte.
Por otro lado, la danza de las farotas viene de Talaigua Nuevo, Bolívar, y toma su nombre de la tribu indígena de los farotos. Debido a la riqueza en oro del lugar, este sitio fue apatecible para los españoles, quienes además abusaron de las mujeres indígenas. En consecuencias, los farotos decidieron vestirse de señoras españolas para seducir a los conquistadores y tomar venganza. Esta es la historia del peculiar baile que reivindica no solo la lucha indígena, sino también la de género. Por su gran importancia histórica y simbólica, Etelvina Dávila, matrona de Talaigua, quiso introducir esta danza al Carnaval de Barranquilla, que lo acogió luego de mucha insistencia.
Y si bien en estos casos sabemos quiénes trajeron sus manifestaciones propias al Carnaval, este no es el caso del Garabato. La danza de la vida y la muerte carece de un nombre al que adjudicarle su unión a la fiesta barranquillera, pero sí se conoce que su origen está en Ciénaga, Magdalena y que se bailó por primera vez en el barrio Rebolo.

Y así, Barranquilla tiene muy poco mérito de creadora en los bailes que hacen vibrar a toda la ciudad, con apenas la danza de Micos y Micas Costeños y la del Imperio de las Aves a su nombre. El resto: Son de Negro (Santa Lucía), Diablos Arlequines y Gallinazos (Sabanalarga), Coyongos (Mompox, Bolívar), Danza del Caimán (Ciénaga, Magdalena), incluso la Cumbia, el Congo, los Indios y el Mapalé, que reúnen lo mejor de la tradición indígena y africana, demuestran que la Arenosa es un centro donde convergen las manifestaciones más significativas de la Costa Caribe y es también una vitrina hacia el mundo entero.
Además de las 13 danzas patrimoniales que se exaltan en la Gran Parada de Tradición, otros bailes se sumaron a la fiesta. De la mano del Grupo de Danza Kumbé, Barranquilla gozó con el Sexteto de San Basilio de Palenque y su herencia afrocubana. Asimismo, el pilón vallenato también se unió a la celebración, una danza nacida de la región del Valle de Upar por los cánticos que entonaban los indígenas alrededor de un pilón de madera para hacer más llevadera su labor de molienda de maíz.

Esto demuestra una vez más que Barranquilla tiene sus puertas abiertas para aglomerar a toda la riqueza cultural de la región caribe y que la Gran Parada de Tradición sigue comprometida con mantener vivas todas las tradiciones que han hecho de este Carnaval Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.