Por: Alejandra Macías

Tomada de FashionUnited, imagen generada con la ayuda de la Inteligencia Artificial.

Existe una etiqueta de ropa capaz de multiplicar el valor de una prenda por cien: Made In Italy. Durante décadas, este sello fue la garantía definitiva de calidad, tradición y artesanía humana, cuando en realidad siempre fue una ilusión perfectamente diseñada convirtiendo al lujo en un truco de magia corporativa. Detrás de la majestuosa experiencia que nos ofrecen las prestigiosas marcas como Dior o Loro Piana y boutiques de alta gama de Via Monte Napoleone, en Milán, un bolso cuya producción cuesta apenas 53 euros termina vendiéndose por 2.600 euros. Les presento el modelo de negocio más rentable y controvertido del lujo moderno: “Made In Italy”.

El mito de la Dolce Vita vs. El mercado global

Imagen tomada de Aspen Films

Para entender el ecosistema del lujo actual, debemos remontarnos al periodo de la posguerra, cuando Italia coincidió con los años del boom económico y el director romañol Federico Fellini, quien popularizó este término a través de su homónima película, vendiéndole al mundo la idea de la Dolce Vita: privilegiar los placeres y el arte de vivir. Esto se tradujo en el lenguaje de la moda al lujo familiar yla exclusividad del taller pequeño donde el maestro artesano dedicaba días a una sola pieza. Por supuesto, la escasez crecía, ya que la capacidad productiva era humana, pero aún así llegó al mercado global a finales de los 80 con la creación de conglomerados como LBNH y se aceleró durante los años 90 y 2000 con la expansión global de lujo, consolidándose en la década de 2010 cuando grupos como Kerring transformaron la moda en una industria totalmente guiada por métricas financieras.

Aquí fue cuando las históricas casas de moda pasaron a ser activos cotizados en bolsa, la perfección artesanal dejó de ser el objetivo principal; la nueva meta era el crecimiento infinito. Y aquí surge la gran paradoja: ¿Cómo haces crecer una marca basada en la exclusividad si los accionistas exigen vender millones de unidades trimestralmente?

La logística de la sombra y la optimización extrema de costos

Getty Images. Tomada de BBC News.

Entre 2023 y 2024 empezó a salir a la luz el brillante esquema de casas de moda como Manufactures Dior, Loro Piana, Alviero Martini y Georgio Armani Operations: concentran su capital en el diseño y el marketing, contratando a proveedores oficiales que, bajo la presión de reducir costos, subcontratan en cascada. El trabajo real termina en la periferia industrial de Milán o la Toscana, en talleres ocultos operados muchas veces por redes asiáticas y la cadena de subcontratación se alarga tanto que la responsabilidad ética se diluye en un laberinto legal donde la marca nunca es la responsable directa.

Un ejemplo de esto es el caso de la casa de marroquinería Tod’s, a quienes los tribunales de Milán buscan imponerles una suspensión temporal de la publicidad y el nombramiento de administradores externos. Estas investigaciones están a cargo de fiscales, entre esos Paolo Storari, quienes aseguran que tres de los directivos de la marca eran conscientes de la realidad detrás de lo que nos venden como “lujo y exclusividad”: jornadas de 90 horas semanales, salarios de 3 a 4 euros por hora y trabajadores viviendo en precariedad en las mismas naves donde cosen. Además, hicieron caso omiso a sus propias auditorias que evidenciaban estos incumplimientos de horarios y salarios.

A causa de esto, en octubre de 2025, el ministro de industria Adolfo Urso, intentó calmar las aguas anunciando que el gobierno estaba adoptando “medidas concretas” para defender a capa y espada la reputación, la belleza y la autenticidad que caracterizan a la moda de su país. ¿Su gran estrategia para lograrlo? Proponer un certificado para que las casas de lujo demuestren que cumplen la legislación vigente. Sin embargo, lejos de obligar a las marcas a limpiar sus cadenas de producción, los críticos ya han advertido que se trata de una medida inútil debido al carácter voluntario del certificado.

Estamos hablando de un margen de beneficio abismal que no proviene de la calidad de los materiales, sino de la explotación sistemática, pues este sistema no es más que la evolución natural del capitalismo contemporáneo y capitalismo de marca, en donde el valor no se genera principalmente en la producción, sino en la percepción, pues el lujo, en su concepción moderna, no es más que una convicción colectiva; una ilusión de estatus que un día todos estuvimos de acuerdo en aprobar, idolatrar y perseguir. Las grandes casas de moda nos venden exclusividad, pero que un producto se comercialice bajo esa promesa no significa que realmente lo sea. Hoy en día, no compramos calidad ni artesanía, compramos un acuerdo social vacío.

Además, esto es completamente legal. La normativa europea solo exige que la “transformación sustancial” ocurra en Italia. Esto significa que gran parte del producto (cremalleras, forros, herrajes e incluso el cuero cortado) puede fabricarse industrialmente en Asia y, con solo realizar el último ensamblaje en suelo italiano, recibe la prestigiosa etiqueta que convierte un bolso de piel de 53€ de producción en uno de 2000€. La geografía en este negocio es simplemente otro activo financiero, porque cuando tú compras una prenda con la etiqueta “Made In Italy” te estas imaginando al artesano ensamblando tu pieza, pero en realidad fue fabricado industrialmente en condiciones de precariedad.

Tomada de dreamstime. Boutique Dior con escaparates en Via Montenapoleone, en Milán.

Lo más indignante es la profunda hipocresía que sostiene todo este teatro de exclusividad, pues desde la opinión pública y los análisis financieros destrozamos a marcas como Shein por sus deplorables condiciones laborales. Sin embargo, las intocables casas de la alta costura italiana están haciendo exactamente lo mismo mientras como sociedad creamos una cultura basada en el consumismo en donde el mayor objetivo de nuestra vida se basa en tener una prenda de diseñador porque pensamos que nos dará “estatus” cuando en realidad estamos siendo victimas de un robo a plena luz del día, al mismo tiempo en que aportamos pasivamente al sustento de la explotación laboral.

En este sentido, el precio es el producto mismo. Las marcas venden su identidad, y mientras nosotros como consumidores valoremos el logo más que la ética, el modelo será indestructible. El problema real aquí es que el lujo de algunas firmas ha reemplazado el modelo tradicional artesanal para convertirlo en una máquina industrial ultra rentable, todo bajo la fachada del Made In Italy. Este lujo moderno es un truco de magia. Y como en cualquier truco, lo más importante es no mirar detrás del escenario, porque tal vez la sorpresa sea que tu Lady Dior de 6000€ no fue ensamblado cuidadosamente por un artesano con años de experiencia, sino por personas sobreexplotadas laboralmente por 3€ la hora.

Quizás el verdadero lujo no esté en lo que vemos sobre la etiqueta, sino en todo aquello que permanece fuera de ella. Y entonces queda la pregunta: ¿seguiríamos mirando con los mismos ojos a nuestra firma favorita sobre la alfombra roja si pudiéramos ver también quiénes están detrás de cada prenda, cada bolso y cada etiqueta?

Somos una casa periodística universitaria con mirada joven y pensamiento crítico. Funcionamos como un laboratorio de periodismo donde participan estudiantes y docentes de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad del Norte. Nos enfocamos en el desarrollo de narrativas, análisis y coberturas en distintas plataformas integradas, que orientan, informan y abren participación y diálogo sobre la realidad a un nicho de audiencia especial, que es la comunidad educativa de la Universidad del Norte.

elpunto@uninorte.edu.co

Escribe un comentario

El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.