Por: Maria Camila Paternina Vallejo
El fútbol es un espacio que despierta pasión. Pero, así como la pasión no guarda relación con la violencia, el comportamiento agresivo de las ‘barras bravas’ nada tiene que ver con una noción de fuerte identidad con el club y el espíritu deportivo. Un compromiso futbolístico no es, ni debe caracterizarse, como un espacio para actividades ilícitas: consumo de sustancias, hurto e incluso transgresión física. Estas acciones son prolongadas por miembros de pandillas, individuos violentos y grupos al margen de la ley, no por un verdadero hincha.
Los verdaderos hinchas están sujetos a confrontaciones, sí, es normal defender al equipo. Pero estas confrontaciones se desarrollan a través de comparaciones lógicas, estadísticas, resultados, títulos e historia de los jugadores, no a través de navajas, piedras y pólvora.

Cortesía: UEFA
Muestra de ello es el horror de este miércoles 20 de agosto en el Estadio Libertadores de América. El compromiso entre Independiente Argentino y la Universidad de Chile por los octavos de final de la Copa Sudamericana estaba igualado; el global 2-1. Ni siquiera había llegado al final el primer tiempo cuando la barra brava de la ‘U’ “agarró” butacas, sanitarios, proyectiles de pólvora y trozos de grada extraídos de la estructura del estadio para lanzarlos contra la barra brava de Independiente.
Cuál coliseo romano, en respuesta a los actos, la barra brava de Independiente se salió de su tribuna, cruzó la cancha y atacó violentamente a los miembros de la barra chilena. En las redes sociales ruedan fotos y videos de la violencia ejercida sobre los miembros de la barra de la ‘U’, donde se ve a varios salir desnudos y desfigurados del estadio.

Cortesía: AS Chile
La violencia de estos grupos, que ni siquiera se pueden llamar hinchas, llegó al punto de que algunos fueron amenazados hasta saltar desde el segundo nivel de las tribunas para no continuar siendo agredidos por la otra barra. Incluso quedó registrado en video cómo un miembro de Independiente golpeaba furiosamente a un menor de edad con una barra de metal. ¿Existe algún fundamento para este tipo de acciones? Ambos clubes estaban en condiciones de pasar a los octavos. Los actos vandálicos de ambas barras no tienen ninguna relación lógica con el resultado esperado.
Si la pasión por su equipo es tan ‘brava’, ¿por qué no permiten que el partido se desarrolle con normalidad?
Y sin ir tan lejos, el pasado lunes Junior de Barranquilla se enfrentó a Atlético Bucaramanga. En este compromiso, Jonathan Castellanos, un empresario bumangués de 30 años, recibió diez puñaladas con arma blanca y fue despojado de sus pertenencias en los alrededores del Estadio Metropolitano por parte de miembros de la barra brava del cuadro barranquillero.
¿Qué relación puede tener este tipo de disturbios con un verdadero espíritu futbolístico? Colombia registra más de 100 muertos en incidentes con hinchas de barras bravas. Muertes que no han hecho campeón a ningún club y que en nada han beneficiado el desarrollo del fútbol.
No está mal ser un hincha apasionado. El fútbol enamora, el buen fútbol causa eso: un amor irracional. Los colores, los valores y la historia son lo que une a los verdaderos clubes. El verdadero hincha es apasionado, es fiel, incluso dedicado. Pero bajo ningún concepto ser miembro de una barra es tener el poder de transgredir al hincha del equipo contrario. Para jugar un partido, aquí en Colombia, en Argentina y en Qatar, siempre se necesitarán dos equipos. Y si una barra, por más brava que sea, no es capaz de tolerar ese precepto básico del fútbol, entonces nada tiene que ver ella con el deporte.