Por: Colectivo Club de Lectura ‘Olas Literarias‘*
“El fantasma de Riohacha” es un excelente ejemplo de crónica periodística con un tono Caribe muy marcado, que mezcla elementos del humor con los de la fantasía.
La crónica se desarrolla en 1997 sobre la base a una experiencia vivida por el autor (Ernesto McCausland) en Riohacha, la capital del Departamento de La Guajira, norte de Colombia. Allí, un personaje excéntrico y temerario —Papo Brito— lo lleva a él y a un compañero de viaje, en un recorrido caótico por la ciudad. La sorpresa corre por cuenta del descubrimiento, en la misma línea narrativa, de que ese personaje había sido reportado como muerto, lo que da pie a la idea de que estuvieron con un “fantasma”.
La introducción de la crónica, de hecho, es intrigante: una llamada telefónica. El desarrollo se da al ritmo de los acontecimientos experimentados durante el paseo con “el fantasma”, y luego de un clímax representado en la revelación de que el personaje estaba muerto, viene el cierre con la explicación racional (propia de la narrativa) y el cierre con humor.
Detrás de esta primera historia -la del paseo-, se desarrollan temas secundarios a la manera de Piglia: La violencia normalizada en la ciudad, el machismo y la impunidad, el folclor del Caribe y esa delgada línea entre mito y realidad que caracteriza nuestros abordajes.
Es claro que el autor emplea un tono coloquial, irónico y humorístico, con un ritmo ágil y descripciones vívidas. La narración en primera persona genera cercanía y credibilidad. El uso de expresiones locales (“gringos”, “compadre”, “se empinaba la botella”), ciertas hipérboles y metáforas (“una albóndiga humana”, “como si el Diablo y su corte la estuvieran persiguiendo”); y los diálogos incorporados cada ciento momento, dinamizan la narración.
Hay suspenso, ironía en la descripción del “fantasma” y su comportamiento; se le compara con Beetlejuice, y el giro narrativo se expresa cuando resulta que el fantasma es, en realidad el homónimo de un muerto. La estructura narrativa es lineal, aunque hay saltos temporales breves (el recuerdo, la investigación, la llamada final) que enriquecen la narrativa.
De esta lectura, para el caso de estudiantes de periodismo, se pueden sacar algunas lecciones clave:
La observación aguda y el oído atento al habla popular son herramientas poderosas para retratar personajes y ambientes.
El humor y la ironía, bien usados, pueden ser vehículos efectivos para abordar temas serios como la violencia o la impunidad.
La estructura narrativa importa tanto como el contenido: saber dosificar la información y construir un clímax mantiene al lector enganchado.
La verificación de los hechos (como la investigación de Betty, la compañera del autor en Riohacha) es esencial, incluso cuando el relato parece increíble.
El periodismo narrativo permite explorar la frontera entre lo real y lo simbólico, sin caer en la ficción, pero aprovechando sus técnicas.
*Sesión del lunes 22 de septiembre, 2025