Por: Luz Rangel Santos
Diariamente, en los noticieros se cuentan eventos violentos que despiertan miedos y debates. El deseo de seguridad inmediata se está orientando hacia las armas como solución para combatir y protegerse de la inseguridad. La opinión pública, los partidos políticos y los candidatos presidenciales están presentando sus posturas en este debate. Estas posturas se presentan ante la legislación con el Proyecto de Ley para la Seguridad Personal de los Ciudadanos, un proyecto que busca flexibilizar el porte de armas y que se aprobó en primer debate por la Cámara de Representantes con 17 votos a favor y 6 en contra. A pesar de que, el debate se desarrolla en la opinión pública y en la legislación; aún no se promueve y difunde la investigación sobre el complejo fenómeno de la seguridad y del porte de armas.
La decisión del país no debe cimentarse en polarización o banderas políticas sino que debe estudiarse interdisciplinar y críticamente para aportar a una decisión fundamentada.
En primer lugar, la relación entre seguridad, el porte de armas y la violencia debe estudiarse de manera racional y estructural en lugar de orientarse por opinión emocional, pues esta última puede dar lugar a aceptar medidas radicales o que generen más problemas que beneficios. Estas relaciones deben estudiarse considerando las cifras y los comportamientos sociales. En la mitad del 2025 ocurrieron 5.279 homicidios intencionados con armas de fuego, un número que corresponde al 79,5% del total de los casos, según la estadística delictiva de la Policía Nacional. Adicionalmente, el porte de armas se relaciona como una medida de protección ante la inseguridad, en un contexto en el que la percepción de la seguridad pasó del 44% del 2021 al 52.9% del 2022, según la Encuesta de Convivencia y Seguridad Ciudadana (ECSC) del DANE.
Ante estas cifras y percepciones es necesario realizar diversos estudios sobre la relación entre la seguridad y las armas y, las motivaciones detrás de las soluciones que se defienden, ya que, una lectura de la teoría de las Necesidades básicas de Maslow puede advertir que ante la frustración de la seguridad, las personas son más propensas a aceptar medidas radicales, líderes poderosos y dictaduras que le brinden esa sensación de seguridad. Por ende, es esencial el reconocimiento de argumentos racionales y de los posibles prejuicios emocionales en esta decisión.
En segundo lugar, los argumentos a favor o en contra deben estudiarse desde aristas diversas y con experticias interdisciplinares. Las opiniones en redes sociales y los representantes políticos suelen tener mayor difusión que los documentos, fuentes y expertos. Además, este asunto de carácter político y social se ha difundido con tintes sensacionalistas. Un ejemplo de detonantes de debates sensacionalistas es el asesinato del precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay en pleno discurso político sobre el porte de armas que emanó respuestas, pronunciamiento de candidatos como María Fernanda Cabal y el padre de la víctima se convirtió en candidato presidencial con propuestas relacionadas con seguridad y porte de armas.
El debate debe estudiarse considerando la violencia histórica de décadas de conflicto armado, las implicaciones en la población y los imaginarios sociales, los derechos humanos, la idea de la violencia como castigo a los criminales y/o el género que, por ejemplo, el 52% de las muertes de mujeres fueron ocasionadas con armas de fuego en 2022, según el reporte de la Policía Nacional en la Plataforma EVA. Así, hay varias aristas, temas y cifras a considerar en lugar de ideologías de izquierda, derecha, víctimas y criminales. A continuación, una infografía que reúne 10 cifras con sus respectivos enlaces y fuentes sobre este debate del porte de armas en Colombia.
Diseño de Luz Rangel Santos, Clara Machacon Rodelo, Kevin Torres Rey, Karina Plata Polo y Lorna Campo Pacheco.En tercer lugar, los casos de estudio nacionales e internacionales pueden guiar la decisión más que la especulación. De esta manera, se pueden reconocer implicaciones, efectos y necesidades de regulación que consideren el mercado de las armas y las experiencia de otros países. De hecho, el caso de Miguel Uribe permite el estudio del arma y cómo se adquirió e ingresó al país. En el caso del mercado ilegal, el análisis de las dinámicas de la ilegalidad en relación con la legalidad, por ejemplo, el caso de la Policía Nacional y la Fiscalía que en marzo de desmantelaron una red de vigilancia que alquilaba armas de fuego con permisos legales a miembros de grupos ilegales vinculados como falsos escoltas, de acuerdo con la noticia publicada en el portal de la Policía Nacional. Desde enfoques internacionales, el caso de Estados Unidos con políticas de legalización o el análisis respecto a que 260.000 de los homicidios mundiales, sin incluir suicidios, fueron cometidos por armas de fuego, según la Small Arms Survey. En ese sentido, la comprensión del fenómeno a partir de estudios, casos, ejemplos, cifras y contextos permiten orientar las consideraciones y decisiones como país.
En conclusión, en el debate de las armas Colombia, sus ciudadanos, políticas, y legisladores necesitan estudios y evidencias que fundamenten las decisiones y mecanismos implementados. No deberían tomarse decisiones guiadas por percepciones no comprobadas que polarizan la opinión pública, por argumentos que simplifican las diversas aristas interdisciplinares del tópico y/o por especulación que no reconoce las dinámicas nacionales o internacionales. Debido a que, estas pueden no solucionar las verdaderas razones de la inseguridad, generar resultados no deseados o continuar polarizando. Estos estudios y consideraciones nos permitirían nuevas rutas de exploración y abordaje como un cubrimiento mediático que aporte argumentos a la opinión pública; una alternativa pedagógica y un marco de referencia que ilustre mejor el debate social, la legislación y el Proyecto de ley “Seguridad personal de los ciudadanos”.
Línea de tiempo del porte de armas en Colombia. Diseño de Luz Rangel Santos, Clara Machacon Rodelo, Kevin Torres Rey, Karina Plata Polo y Lorna Campo Pacheco.