Por: María Isabella Osio
Ser joven en Colombia se siente como un juego. Un juego no muy divertido, si tenemos en cuenta que cada nivel es un paso más cercano a la estabilidad laboral. Ser, pero no del todo. Lo necesario para cotizar, pagar impuestos y responder ante la ley, pero no lo suficiente para tener condiciones de empleo dignas. Se siente, en muchos casos, como una vaga versión de prueba, que te deja con la intriga de si, aún superando los obstáculos, es posible completar el juego. Es un juego cruel, dónde el resultado depende más de las condiciones y del entorno que de ti.
La reciente reforma laboral busca, entre otras cosas mejorar las condiciones para los jóvenes. Esto es esencial si tenemos en cuenta que, según el DANE, la tasa de desocupación juvenil en el trimestre mayo–junio de 2024 alcanzó el 15,7%. En Barranquilla, el panorama es incluso más crítico. De acuerdo con el informe del GOYN: BARRANQUILLA , la tasa de desempleo juvenil llega al 22,2%, el doble que la general de 11,1%. Aunque la reforma llega con buenas intenciones, la pregunta sigue abierta: ¿Será suficiente para transformar un sistema que mantiene a la juventud en una aparente versión de prueba?
Parece imposible conseguir empleo siendo joven. Entrar, buscar, dar click y aplicar resulta en un mar infinito de imposibilidades; la experiencia no es la necesaria y nadie parece ser suficiente. Según el estudio radiográfico laboral realizado por ALIADAS en 2023, el 65% de los trabajadores considera que la falta de experiencia es el mayor obstáculo para conseguir empleo. En muchos casos, las empresas abren vacantes ilusorias que exigen y extralimitan las funciones del cargo. En otras palabras: modo principiante con reglas de experto.
Aún si se logra conseguir un empleo, las condiciones laborales para las juventudes resultan precarias. Gran parte de los jóvenes se ven obligados a trabajar con contratos de prestación de servicio, la favorita de las empresas que exigen mucho y pocas garantías da a largo plazo. Sin estabilidad, ni vacaciones, ni cesantías, primas ni afiliación obligatoria a seguridad social. Contrario a lo que debería ser un contrato laboral (fijo o indefinido) que sí garantiza estas prestaciones y protege al trabajador. Las empresas aprovechan los vacíos legales, los salarios resultan fragmentados, las cargas sobrexigentes y un vinculo laboral débil. Es como completar una misión difícil para una simple versión de prueba.
Independizarse parece una utopía del viejo siglo. El Índice de Precios de Vivienda Nueva (IPVN) registró una variación del 2,10% en el segundo trimestre de 2025 según el DANE, un aumento mayor que el del año anterior (2,4%). Esto quiere decir que comprar vivienda es cada vez más costoso, significativamente preocupante para quienes apenas están entrando al mercado laboral. Sumando a ello, los precios de alimentación, restaurantes y hoteles aumentaron en agosto de 2025 afectando directamente a la canasta básica según el DANE.
Es fácil darse cuenta que esto no solo afecta a las juventudes, nos afecta a todos, pero golpea más fuerte a quienes apenas están empezando: Jóvenes con ingresos inciertos, contratos temporales o inexistentes, sin historial crediticio, sin estabilidad para un arriendo y mucho menos para un crédito de vivienda. La precariedad económica se convierte en precariedad emocional: ansiedad, estrés y un futuro que no parece cargar con facilidad para avanzar de nivel. Preocupante que la precariedad sea el estándar para las juventudes.
Ante la falta de otras oportunidades reales, muchos jóvenes terminan trabajando en call centers. No es un fenómeno menor: el sector BPO en Colombia aporta alrededor del 2,8 % del PIB nacional, una cifra comparable con sectores tradicionales como el agro o la construcción. Además, según BPrO, el 80 % de los empleados de este sector son jóvenes entre 18 y 28 años. Es decir, 8 de cada 10 trabajadores del sector son jóvenes, lo que lo convierte, en la práctica, en la industria que sostiene el empleo juvenil en el país.
Estos empleos se han vuelto la primera, y muchas veces única, puerta de entrada al mundo laboral. Para miles de jóvenes, incluso recién graduados, el BPO parece ofrecer lo que casi nadie ofrece: un trabajo “formal”, con contrato y pago mensual, aunque este sea bajo y esté muy lejos de las condiciones laborales en los países de origen de las empresas.
Pero esta puerta también puede convertirse en una trampa. La industria funciona con metas de rendimiento estrictas, alta rotación, horarios exigentes y poca estabilidad a largo plazo. Se presenta como una “oportunidad internacional”, pero muchas veces termina siendo un empleo temporal con desgaste emocional y casi nula movilidad profesional. La magnitud económica del sector revela algo clave: si los call centers son el principal motor de empleo juvenil en Colombia, el problema no es solo individual, sino estructural. Y grave.
A simple vista puede parecer que no, pero la juventud en Colombia sigue atrapada en un sistema laboral que la obliga a jugar en desventaja. Los jovenes se enfrentan a un mercado saturado de exigencias que parecen imposibles, contratos precarios, altos costos de vida y un sector BPO que deja en evidencia la falta de alternativas para un verdadero progreso. Para que la juventud deje de vivir en “versión beta”, se necesitan políticas públicas que incentiven a la contratación formal de los jóvenes y creen programas reales de inserción laboral juvenil. Solo así se puede transformar este juego, que resulta injusto, en un camino real hacía la estabilidad y una vida digna, para que la juventud deje de ser un juego y empiece a ser una realidad.
