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Por: Laura Moncayo

El Junior como instrumento político y emocional en Barranquilla: un análisis crítico desde voces expertas (*)

En Barranquilla, el equipo Junior no es simplemente el equipo que lo representa en el campeonato nacional de futbol, sino un símbolo que forja identidad, orgullo y sentido de pertenencia.

Pero ese mismo poder emocional ha sido aprovechado por la familia Char para construir legitimidad política, gestionar las percepciones ciudadanas e incluso desviar la atención de los problemas urbanos.

Aunque el poder de la familia Char suele asociarse al progreso urbano de Barranquilla con obras como el Gran Malecón, la pavimentación masiva, nuevos parques y hospitales, diversos análisis periodísticos advierten que ese “milagro” también ha descansado en estrategias políticas y económicas que concentran poder.

El reportaje “Barranquilla, la ciudad de los Char donde no se habla de los Char”, publicado por ‘El País’ en 2023, señala que, pese a imputaciones judiciales contra Arturo Char y a las acusaciones de Aída Merlano, el electorado barranquillero mantiene una lealtad casi intacta hacia el clan, lo que evidencia un efecto simbólico profundo.

Además, allí se alerta sobre el incremento sostenido de la deuda pública para financiar dichas transformaciones urbanas, lo que abre preguntas sobre la sostenibilidad del modelo. Sin embargo, nada de eso parece dañar la imagen del liderazgo local: la medición oficial en 2024 mostró que Alejandro Char tuvo una aprobación del 79 por ciento.

El patriarca de la familia, Fuad Char, es el máximo accionista del equipo desde 1972. Y partir de esta fecha, podemos decir que el Junior es utilizado como un instrumento de legitimación e influencia política.

Cuando Alejandro Char, hijo del patriarca, llegó a la Alcaldía en 2008, el equipo se encontraba en una de sus peores crisis, a punto de descender a la segunda división del futbol colombiano. En ese contexto, la relación entre la ciudad y su equipo estaba marcada por la frustración y la nostalgia de tiempos mejores.

Frente a este escenario, el rescate del Junior no solo era un asunto deportivo, sino un gesto simbólico capaz de recomponer el ánimo colectivo. De ahí que cualquier mejora en la situación del equipo, especialmente si estaba asociada a la gestión del alcalde, se transformara en una oportunidad para reconectar con la población y fortalecer la legitimidad política. Y así lo hizo la familia Char, sacó el equipo adelante y así los barranquilleros los amaron.

La voz periodística

Fabio Poveda Ruiz, periodista deportivo de la ciudad, asegura que “Junior mueve los sentimientos de Barranquilla”, y agrega que es justamente esa conexión emocional la que facilita que el equipo sea utilizado como símbolo político.

Para él y varios de sus colegas, Junior genera un clima de favorabilidad política para la familia Char. Esto se posibilita justamente porque es capaz de influir en el ánimo de la población, sus victorias o momentos positivos bajan las tensiones y la población se muestra más susceptible. Cuando el equipo está “bien”, la ciudadanía siente que su identidad está reafirmada y su orgullo local se activa. En ese escenario, el terreno queda listo para quienes buscan capitalizar ese clima emocional, especialmente desde la política.

En 2012, cuando acababa su primer periodo como alcalde de la ciudad, Alejando Char dijo: “Si el Junior está bien, todo está bien…”. Él, en efecto, es consciente del papel del Junior como generador de legitimidad. Si el equipo mantiene a la ciudad contenta, él, como alcalde, se beneficia automáticamente de ese clima positivo. El poder político local sabe que el Junior es una fuente directa de influencia sobre la opinión pública.

En línea con esto, el también periodista Juan Tapia afirma que: “el Junior es el instrumento indicado para crear un clima de favorabilidad”. Él señala que la administración de Alejandro Char lo entendió desde el primer día de gobierno. El 1 de enero de 2008, en el barrio El Bosque, el entonces alcalde anunció la contratación de Giovanni Hernández para el Junior.

Este gesto, más simbólico que administrativo, fue presentado como el inicio de “el milagro de la ciudad”: la narrativa oficial asoció la llegada del “10” con el despegue de Barranquilla, reforzando la idea de que el fútbol también puede gobernar los afectos y, de paso, la opinión pública.

Desde la academia

Diversos expertos en el tema coinciden en que la relación entre el Junior y la familia Char trasciende lo deportivo y se ha convertido en lo que Jair Vega, máster en estudio políticos y económicos, define como una “simbiosis entre el Junior y la familia Char”. Vega, quien es docente en la Universidad del Norte, (Programa de Comunicación Social y Periodismo), explica que en muchos Estados subnacionales es muy común que ciertas familias se queden con el poder porque tienen el control sobre la contratación privada y/o pública, eso les permite ser inmunes.

Según Vega, este control se extiende al ámbito simbólico del fútbol: “cuando tienes el control de un equipo como el Junior puedes jugar con lo que eso significa simbólicamente; por ejemplo, si estamos en una coyuntura electoral, contrato dos o tres jugadores de renombre y eso hace que haya afinidad con la hinchada”.

El también docente Alfredo Sabbagh señala que este fenómeno no es exclusivo de la ciudad: y no es únicamente aquí en Barranquilla: Mauricio Macri, presidente de Boca, fue presidente de Argentina; Silvio Berlusconi, presidente del Milan, fue presidente de Italia. En otras palabras, la relación entre fútbol y poder político es global y ha sido utilizada por líderes para proyectar legitimidad y popularidad.

A este panorama se suma la mirada del comentarista deportivo Hugo Luis Urruchurto, quien afirma que “la parte política tomó vida en la familia Char a través del Junior” resaltando que el equipo no solo los acompaña, sino que los impulsa en su construcción de este imperio.

En esta lógica, el Junior y demás equipos de futbol se convierten en una “plataforma de poder político”, útil para reforzar la imagen pública de quienes gobiernan.

Rafael Castillo, Editor de Deportes de El Heraldo, coincide al señalar que “muchos políticos usan al deporte y al Junior de forma oportunista y populista: aparecen solo en los momentos de gloria para ganar imagen, fotos y simpatías, aunque no hayan apoyado el proceso”.

Como expone el episodio de ‘La Pulla’ junto a la periodista Laura Ardila muestra el poder de los Char no solo pasa por el Junior. Durante las administraciones de Alejandro Char, la contratación pública se concentró en unos pocos aliados, como los hermanos Daes y Faisal Cure, que recibieron más de 253 mil y 243 mil millones de pesos, respectivamente, mientras que la Alcaldía destinó 68 mil millones a pauta oficial y el Concejo aprobó un endeudamiento cercano a 1,6 billones de pesos. En ese escenario, según ellos, fichajes emblemáticos del Junior han servido como distractores en momentos de tensión, reforzando su utilidad política.

Finalmente, el Junior sirve como una cortina de humo ante los problemas administrativos que ocurren en la ciudad. El peso simbólico y emocional del Junior también ha sido útil para desplazar la conversación pública en momentos de tensión. El profesor Vega afirma que “si hay una crítica muy fuerte a su gobierno, se desvía con una noticia importante del Junior”, lo que confirma el uso del equipo como cortina de humo.

El también periodista Juan Tapia lo respalda: el Junior “sí es una cortina de humo” y se utiliza con fines políticos claros.

Incluso Fabio Poveda, quien ofrece una mirada más matizada, reconoce el vínculo entre deporte y poder: “el deporte depende de la política”, afirma, y destaca que la familia del alcalde “se adueñó del Junior y desde ahí se ha juntado muchísimo más la política y el deporte”. Para él, esta relación puede funcionar como “pan y circo” para el pueblo, aunque también insiste en que no todo responde a intereses electorales.
Rafael Castillo, por su parte, señala que la afición no es ingenua. Aunque muchos políticos quieran aprovecharse del club, “la verdadera medida de un gobernante no es su cercanía con Junior, sino lo que hace por Barranquilla”. Además, enfatiza que la hinchada distingue entre “la pasión por el equipo y los problemas reales de la ciudad”.

Todo esto revela algo clave: sí existe una relación estrecha entre política y Junior, y sí ha sido utilizada para generar favorabilidad, moldear la opinión pública e influir en las emociones colectivas. Para algunos, como Sabbagh y Tapia, esta conexión es evidente y estratégica; para otros, como Poveda y Castillo, la relación es más compleja y no siempre responde a intereses electorales, pues la afición mantiene la capacidad de discernir.

En Barranquilla, el Junior es identidad, es emoción, pero también es poder. Comprender esta intersección es fundamental para analizar críticamente cómo se construye la legitimidad política en la ciudad y cómo un equipo de fútbol puede convertirse, simultáneamente, en orgullo popular y herramienta de gobierno.

Somos una casa periodística universitaria con mirada joven y pensamiento crítico. Funcionamos como un laboratorio de periodismo donde participan estudiantes y docentes de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad del Norte. Nos enfocamos en el desarrollo de narrativas, análisis y coberturas en distintas plataformas integradas, que orientan, informan y abren participación y diálogo sobre la realidad a un nicho de audiencia especial, que es la comunidad educativa de la Universidad del Norte.

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