Por: Javier Franco Altamar
Colaborador de El Punto
El Carnaval de 1984 estaba a dos días de distancia, y Diomedes Díaz -para muchos el mejor cantante que ha parido la música vallenata-, había resuelto no participar en el Festival de Orquestas y Acordeones por temor a una derrota humillante.
En aquel entonces, el Festival era, todavía, la gran competencia pública de las agrupaciones musicales invitadas a los bailes, casetas y salones del Carnaval. Ganar el Congo de Oro -trofeo oficial- era motivo de orgullo en la hoja de vida de artistas, orquestas y combos. Por eso, quien se reconocía como importante en el ambiente artístico nacional e internacional, se inscribía y presentaba. Ya había pasado la época en que esa participación era obligatoria bajo amenaza de sanciones, pero seguía siendo muy atractiva.
Diomedes, sin embargo, no se sentía atraído en lo más mínimo. Tenía claro que su competidor principal, el Binomio de Oro -con el cantante Rafael Orozco y el acordeón de Israel Romero-, lucía imbatible, pues ofrecía éxitos mucho más recientes que los de él. Y eso ocurría porque Díaz solía lanzar sus trabajos discográficos cada 26 de mayo, día de su cumpleaños, mientras que los demás, entre ellos El Binomio, le apuntaban al final de cada año para pegar en los meses más bailables de la Costa.
El Festival, previsto para el 6 de marzo, martes de Carnaval, en el Coliseo Cubierto Humberto Perea, solía ser la refrendación –y así lo entendía bien Diomedes Díaz‒ de las preferencias del público o sus simpatías. La euforia expresada en los aplausos de la concurrencia era la medida de lo más pegado, de las agrupaciones más sonadas en la radio, de las más solicitadas y bailadas. De manera que el codiciado Congo de Oro parecía tener dueño previo por los lados de la música de acordeón. Y para Diomedes, ese dueño no era alguien distinto que El Binomio de Oro.
Los éxitos del Binomio, a los que temía Diomedes Díaz, eran El higuerón de Abel Antonio Villa, A mano dura, La brincona, Playas marinas y el recordado Quiera o no tu padre, de Mateo Torres. Esos temas, incluidos en el trabajo discográfico ‘Mucha calidad’, habían sonado con fuerza en la temporada de fin de año, pues habían sido lanzados la primera semana de diciembre.
Para esos años, el ‘Cacique de la Junta’, como también era conocido, se hacía acompañar del acordeonista Nicolás ‘Colacho’ Mendoza (en el folclor vallenato prefieren la denominación de “acordeonero”) quien viajaba con él y con el resto del conjunto musical en un bus desde Valledupar a Barranquilla. Era jueves previo al Carnaval, y por supuesto, la participación en el Festival de Orquestas y Acordeones se convirtió, en algún momento, en el tema central de conversación.
Para zanjar el asunto, Diomedes fue muy franco en que luego de más de medio año de estar sonando, sus temas ya habían empezado a perder terreno y no estaba dispuesto a sufrir una derrota con el Binomio. Pero en una parada para comer algo en una frutera del municipio de Ciénaga, a una hora de Barranquilla, le volvieron a insistir.
En realidad, los temas de Diomedes, lanzados en mayo, eran muy alegres y pegajosos, más que los de su contendor. Todos, sin excepción, forman hoy parte del listado de los clásicos del vallenato: Esperanza, El medallón, Cantando, Te necesito, Por amor a Dios, Alma enamorada, Cardón guajiro, Las cosas del amor y Paisana mía. Varios de ellos eran de su propia autoría, y todos pegaron lo suficiente hasta el punto de ser cantados en coro en las multitudes. Para muchos, incluso, ese álbum titulado ‘Cantando’ —como uno de los temas— ha sido uno de los mejores de la historia musical de Diomedes.

Existía un precedente muy cercano para disuadirlo de su negativa: la agrupación de Diomedes Díaz había ganado su Congo de Oro en el Festival de 1983, pasando por encima de esta aparente desventaja de lanzamientos. De hecho, en Cardón guajiro, tema del juglar ciego Leandro Díaz, incluido en este último trabajo de mayo, Diomedes lanza un saludo de agradecimiento a Barranquilla por haber ganado el trofeo. Joaco Guillén, su representante, y quien también viajaba en el bus, se lo recordó, pero el ‘Cacique’ dudada,
‒Compadre – dijo Diomedes ante la insistencia de Guillén‒, no tengo música nueva. Mi LP tiene un año de haber salido. El del Binomio tiene dos meses y él está radicado en Barranquilla. Nos lleva ventaja. Ya eso está arreglao.
‒Usted, compadre, con música nueva o vieja se gana ese Congo de Oro‒, insistió Guillén con el mismo acento cantarino de su jefe.
‒Recuerde, compadre, que eso es el martes –carraspeó Diomedes‒, y con seis presentaciones que debo hacer, voy es a llegar con la garganta desmigajada.
‒Así con todo, nos los ganamos, compadre‒, replicó Guillén.
Diomedes guardó silencio, pero la idea le quedó sonando. Así, pues, ya con el bus rodando de nuevo, le pidió a Jaime Pérez, locutor y presentador del grupo, los nombres de algunas personalidades, sitios y cosas representativas de Barranquilla. Pérez nombró a la compositora Esther Forero, al narrador deportivo Edgar Perea, al equipo de fútbol Junior; la Batalla de Flores, principal desfile del Carnaval; y el estadio Metropolitano de Fútbol, por esa fecha todavía en construcción.
“Atravesamos Ciénaga –recuerda Guillén‒ y al llegar al peaje, Diomedes mandó a sacar los instrumentos. En el bus empezó a cantar la primera estrofa, en ritmo de merengue. Wilson Peña, el de la tumbadora, dijo: Cacique, vamos a hacerla en estilo rumbero porque es carnaval. Y cuando llegamos al Puente Pumarejo, ya la canción estaba lista. La tituló Regalo a Barranquilla“:
Reciban de parte mía,
de una manera especial
hoy martes de carnaval
desde aquí de la tarima
un saludo muy cordial
para todo Barranquilla…
Fue la tercera canción que interpretó de su tanda en el Festival, y la anunció como un regalo que le traía a Barranquilla. Y ocurrió lo maravilloso. A los pocos segundos ya había personas en estado convulsivo dentro de la concurrencia. Todos habían cantado en coro los dos temas anteriores reglamentarios del torneo, pero con este en particular, se transformaron en un delirio masivo y aplaudieron como estruendo luego de haber seguido la ejecución con pañuelos al aire. Diomedes lo había logrado de nuevo: allí estaban su gesticulación teatral, sus desplazamientos de lado a lado, sus manos al pecho, y su cabeza inclinada. Ponía quizás demasiado acento en cada gesto, pero su voz prodigiosa lo legitimaba. Era un juego de vaivenes tonales que le hubiese dado hasta para cantar sin micrófono…


Miren como está Colacho
tocando con alegría
pa’ toda la gente mía
que es la misma gente de él.
Y mi conjunto también
le regala su armonía.
Ese dúo con ‘Colacho’ Mendoza es uno de los más recordados por los seguidores de la música de Diomedes Díaz, pues se decía que era él quién mejor interpretaba las cadencias del cantante. También, era quien, durante las presentaciones en público, y cuando Diomedes se extraviaba un poco por un motivo o por otro, lo iba regresando al tema con las notas de su acordeón.
Y si se daba el caso, ‘Colacho’ compensaba, con sus acordes, la salida de ritmo o cualquier otra falla en la vocalización de Diomedes. Esa unión estuvo vigente entre 1978 y 1984. De hecho, significó una estabilización de varios años para Diomedes luego de sus inicios con Náfer Durán, y sus uniones casi fugaces con Elberto el ‘Debe’ López y con Juancho Rois. De su unión con López es aquella famosa canción de la “Ventana marroncita” (Tres canciones), apunte biográfico de un episodio de amor en La Junta, corregimiento de San Juan del Cesar, departamento de La Guajira, donde Diomedes nació el 26 de mayo de 1957.
Vamos todos a bailar
vamos a gozar la vida (bis)
que yo le vine a cantar
mis canciones a Barranquilla (bis)
De toditas mis canciones
yo le traje la más linda
pa’ formar con mis seguidores
una bella comitiva
y en la Batalla de Flores
cantársela a Barranquilla
La Batalla de Flores, como hemos dicho antes, es el principal desfile del Carnaval, el que abre, el sábado al mediodía, el cronograma de actos públicos asociados a la fiesta y organizados por la entidad promotora. Aunque también menciona, más adelante, el desfile de La Guacherna, que se realiza una noche de viernes una semana antes del Carnaval. Su gestora fue la muy reconocida Esther Forero, que participa, por supuesto, de la canción:
Quiero cantar por las calles
de mi vieja Barranquilla
quiero cantar La guacherna
recordando tiempos viejos
Con Esthercita Forero
La novia de Barranquilla.
Y como se trataba de mencionar referentes simbólicos de la ciudad, el resto de la letra los enlaza e interconecta.
Que Dios del cielo me vea
y me cuide para ver
el primer partido del Junior
con todos los colombianos
en el Metropolitano
narrándolo Edgar Perea.
El Estadio Metropolitano, ‘Roberto Meléndez’, por ejemplo, fue inaugurado el 11 de mayo de 1986 con un partido entre el Junior y la Selección Uruguaya que se aprestaba a participar en el Mundial de ese mismo año en México. El ambiente previo del encuentro fue una presentación de lo más granado del Carnaval. Pero los momentos de Diomedes Díaz serían otros, como el de su presentación del 19 de diciembre de 1993, previa al partido en el que Junior se coronó campeón del torneo colombiano al vencer 3-2 al América de Cali. Ya no lo acompañaba ‘Colacho’ en el acordeón, sino Juancho Rois, pero estaba la narración de Edgar Perea.

Y en el cierre de la canción, estuvo el momento de encionar a Barranquilla tal y como se le reconoce en el ámbito nacional, como la Puerta de Oro de Colombia. Las razones tienen que ver con el liderazgo histórico de la ciudad en asuntos empresariales, artísticos y deportivos:
Puerta de Oro de Colombia
un orgullo nacional
Qué viva tu carnaval
qué viva tu carnaval
y todos tus habitantes
permíteme que te cante
mi canción sentimental
Que en una forma elegante
te mandó Valledupar …
Joaco Guillen recuerda ahora, entre risas, los momentos posteriores a aquella presentación del martes de Carnaval:
“Cuando el Cacique canto El regalo, eso fue una locura, pañuelos blancos, el Coliseo se quería caer. Y cuando nos bajamos, le dije: Cacique, el que no nos vea con ese Congo de Oro en el Valle es porque está ciego”
Pero el vaticinio falló. En primer lugar, en la modalidad de música de acordeón, no gano el Binomio de Oro, sino el conjunto de Jorge Oñate. En el área de restaurantes del hotel Cadebia, donde compartían una mesa en espera del fallo, se enteraron de algo que los dejó asombrados: Diomedes Diaz había sido declarado fuera de concurso. ¿Cómo así? Pues había sido superior a todos en un grado superlativo hasta el punto en que, de algún modo, lo suyo no era para destacar como parte de una contienda, sino como una expresión que sobrepasaba los criterios terrenales.
Se resaltó la apoteosis, lo que había logrado Diomedes con su puesta en escena, la conexión con los sentimientos, con un sentir. ¿Cómo premiar eso? Pues, un Congo de Oro se hubiese quedado corto: dejémosle esa disputa a los mortales comunes y corrientes porque usted es de otro planeta, caballero…
‒Compadre Joaco: ¿eso de ‘fuera de concurso’ qué es? ‒le preguntó Diomedes a su representante.
Guillén, que lo conocía suficientemente, se lo explicó por donde más le podía levantar el ego:
‒Eso significa, compadre, que usted no tenía contendor. Que usted barrió con todo el mundo.
¿Y El Binomio, qué?
‒Tampoco tenía nada que hacer ante usted, compadre.
Diomedes se quedó callado un instante, tratando de asimilar el impacto de la verdad.
‒Compadre –le dijo con una sonrisa a Guillén‒, yo me hubiera conformado con el tercer puesto: yo quería era un conguito de esos…
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