Por: Valezka Sofía Pérez Blanco
A lo largo de más de seis décadas de trayectoria, Lucy Nieto de Samper, de pensamiento liberal y espíritu independiente, concibió el periodismo como una forma de estar en el mundo: desde allí no solo narró con rigor la historia y la cotidianidad del país, sino que, con firmeza y constancia, abrió camino para que las mujeres encontraran su lugar en las redacciones colombianas.
Lucy Nieto de Samper, nacida como Lucy Nieto Calderón, falleció el 23 de marzo de 2026 en Bogotá a los 102 años. Con una carrera que se extendió por más de seis décadas, dejó una huella indeleble en el periodismo colombiano al convertirse en una de las figuras que impulsó la participación femenina en un oficio históricamente dominado por hombres.

Nacida el 21 de agosto de 1923, creció en una familia profundamente ligada al periodismo y la escritura. Hija del reconocido periodista, escritor y político liberal Luis Eduardo Nieto Caballero, quien influyó desde una edad temprana en que su destino como periodista fuera inevitable, casi que predecible, sin dejar de lado su interés autónomo por la escritura y el panorama del país.
Inició su carrera en la revista Cromos en 1952, en una época en la que la presencia femenina en las redacciones era escasa, prácticamente nula y las mujeres solo podían tocar temas “propios de su género” sin derecho a mostrar públicamente su reflexión crítica sobre los hechos que vivía el país, sin embargo, Lucy le gustaba el análisis político como su padre; desde la escritura opinó con firmeza sobre el gobierno de turno y convirtió la escritura en una herramienta de lucha por los derechos y la libertad de las mujeres, por lo que desde el gremio periodístico la consideran pionera de la participación femenina periodística, distinción que en 2025 El Círculo de Periodistas de Bogotá (CPB) la destacó por su disciplina y profesionalismo en toda su trayectoria.
Fue entonces cuando, en 1958, tras enviudar temprano y ser el sostén de cinco hijos, encontró un refugio entre las letras, la opinión pública, la comunicación y trató de crear un equilibrio entre el oficio y la familia. Once años después desde su llegada por primera vez al periodismo, consolidó su trayectoria en 1963 en El Tiempo, medio en el que publicó durante décadas y desarrolló gran parte de su vida como columnista. Desde allí aportó en temas de actualidad, economía y política en su columna Cosas que pasan. A partir de ahí, construyó una voz propia, reflexiva y humana; se volvió referente para las nuevas generaciones de periodistas mujeres y cercana a la realidad de aquella época en el país.

en febrero de 2025 // InfoBae
Cabe destacar que Lucy Nieto de Samper vivió a lo largo de 33 gobiernos y fue testigo de momentos clave como el auge de la Violencia, con mayúscula periodo en el que Colombia y su clima emocional político y social se dividió entre los dos grandes partidos tradicionales: Conservadores y Liberales. Además, siendo una mujer proveniente de una familia con activa participación política, no solo presenció el devenir del siglo XX colombiano: lo narró, lo interpretó y lo dejó consignado en miles de líneas que hoy forman parte de la memoria periodística.
Por otra parte, más allá de la prensa escrita, su influencia se extendió a otros escenarios también importantes de la comunicación: participó en radio, en espacios como Contrapunto femenino; fue secretaria de prensa de la Presidencia durante los gobiernos de Alfonso López Michelsen y Virgilio Barco, y ejerció funciones diplomáticas como cónsul en Milán, Italia.
En cada uno de estos escenarios, defendió principios que marcaron su vida profesional como la libertad de expresión, la democracia, el papel de la mujer en la vida y la opinión pública, valores que la consolidaron como una figura clave y de carácter fuerte en el periodismo colombiano.
Reconocida en toda su formación por su independencia y disciplina, Lucy Nieto de Samper se mantuvo activa en el oficio hasta avanzada edad. Para su centenario, Punto final fue su última columna, publicada el 18 de noviembre de 2022 en El Tiempo. En el prefacio escribió:

“Cuando uno está a un paso de colgar la lira, los numerosos episodios de la trayectoria personal se acumulan en la memoria. Es como si viera la película de mi existencia. Paso a paso voy recordando algunas de las innumerables experiencias: las muchas que me han servido para aprender y disfrutar y las que he tenido que padecer. Recordando unos de los pasos que he dado en este planeta durante mi prolongada trayectoria vital, tengo que reconocer el paso del tiempo, y como la lechera, llorar sobre la leche derramada”.
Fue un adiós cargado de modestia y simpatía: “Algo se hizo, pero tal vez no lo suficiente, se habría podido hacer mucho más”, Esa fue su última publicación: un recorrido por su extensa trayectoria dedicado a sus lectores más fieles, con el que reafirmó su lugar como una de las columnistas más longevas del país.