Por: Sebastian Ramirez Trujillo [En Alianza Informativa con CERI]

En el marco de sus primeros anuncios oficiales como Jefe de Estado, el presidente De la Espriella ratificó su compromiso de implementar una política migratoria de “mano dura”. Esta estrategia contempla el despliegue de operativos conjuntos entre la Fuerza Pública y la autoridad migratoria para identificar, detener y deportar a ciudadanos extranjeros que permanezcan de manera irregular en el territorio nacional. Las medidas, presentadas bajo el argumento de priorizar la seguridad ciudadana y la soberanía nacional, han desencadenado reacciones encontradas a nivel institucional. 

Frente a este escenario, diversos centros de pensamiento y analistas en materia migratoria, como el Centro de estudios sobre seguridad y drogas (CESED) de la Universidad de los Andes, han expuesto los principales retos e implicaciones que enfrenta el país con la aplicación de este plan: 

En conclusión, el desarrollo y ejecución de esta política migratoria será uno de los primeros exámenes críticos para el equipo del Ejecutivo, que deberá sopesar sus promesas de seguridad con los compromisos internacionales y las limitaciones presupuestales del Estado.

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